De alguna forma hay que empezar

Llovía mucho, por un momento pensé que la actividad se cancelaria, al fin y al cabo somos un país de supersticiones: “Las mujeres embarazadas no deben salir cuando está lloviendo”. Pero Loraine nos llamó y nos dijo que en San Cristóbal había salido el sol, así que, aunque en Santo Domingo aún llovía decidimos salir a por nuestro proyecto.

Recogimos a Lía y después de sortear unos cuantos tapones logramos llegar a la carretera y tomar rumbo.  Llegamos retrasados, pero allí, en la rotonda de la Constitución estaban Loraine y Paula con sus camisetas de la pastoral, esperándonos bajo una sombrilla, porque volvía a llover.

Nos adentramos entre calles, dobla aquí, sigue derecho, ahora a la izquierda y luego a la derecha, y luego las calles se hicieron pequeñas callejuelas por las que solo transitaba un vehículo, aunque las calles estaban asfaltadas eran callejones. Finalmente, después de algunas vueltas y desvíos forzados, en el medio de la calle una tarima de alguna actividad que se celebraría en la noche, nos parqueamos frente a la escuelita.

Allí nos estaban esperando la hermana encargada de la escuela y las voluntarias. “Vamos a ver si vienen las mujeres, nos aclaró sor, porque cuando está lloviendo las mujeres no les gusta salir”.

Los chicos estaban nerviosos, sobre todo Fernando, pero fuimos organizando las cosas, dónde poner la cámara, mejor fuera porque hay más luz, y llevamos una silla. Debemos llenar los papeles, le pedimos a la única madre que había llegado si nos dejaba entrevistarla. Y así comenzamos.

Las mujeres fueron llegando poco a poco, de repente una de ellas llegaba y volvía a salir en busca de otra y así reunimos un grupo de unas ocho. Entrevistamos un par sin mucho éxito, porque estaban tímidas y no hablaban mucho, hasta que dimos con una dicharachera que nos contó muchas cosas sobre su experiencia.

Luego entrevistamos a dos voluntarias, una de ellas nos cantó una salve y a Fer por poco se le saltan las lágrimas.

Al final Paola sugirió que fuéramos a una casa a entrevistar a una de las chicas que había dado a luz y había participado en los encuentros anteriores. Nos dejó entrar a su casa y nos enseñó su hermoso bebé de 6 meses, al que cargamos e hicimos gracias.

Mientras los chicos entrevistaban a la mamá, yo me fui a ver el rio que se asomaba por detrás de las casas, Paola me contó que cuando llovía el rio crecía y se metía en las casas y se había llevado el puente. En la orilla se veía la basura de todo tipo: “nosotros tenemos la culpa de que esas cosas pasen, dijo Paola, mire toda la basura que tiramos, no cuidamos el medio ambiente” y pensé que sus palabras eran ciertas.

Observé alrededor toda esa realidad a la que somos ajenos, vivimos en nuestro mundo, en nuestra burbuja de trabajo, estrés y preocupaciones y la mayoría de las veces nos olvidamos, y preferimos ignorar que junto a nosotros convive esa realidad. Mientras miraba el rio me encontré con una niña, tendría unos 6 años, jugaba con unas canicas y se habían caído dentro de un agua que estaba asentada y muy sucia y ella intentaba sacar las con un palo.

  • ¿Qué haces? — le pregunté
  • Buscando las bolitas.
  • Y ¿qué pasó, se cayeron dentro del agua?
  • Si
  • Bueno, pero tienes que buscar un palo más fuerte y grande para poder sacarlas, no es bueno que metas las manos en esa agua tan sucia, ven vamos a ver si encontramos uno.

Y así fue como mi amiguita y yo conseguimos un pedazo de madera y por unos minutos me olvidé de mi otra vida, de mis problemas, mis preocupaciones y mi estrés y fui de nuevo una niña intentando sacar dos “bolitas” del agua.

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La tarde terminó y volvimos, con la triste sensación de que hacemos muy poco, pero al mismo tiempo el sentimiento de que por algún lado hay que empezar.

Una “realista esperanzada”

Nunca me he considerado una persona soñadora, en un tiempo solía incluso decir que era tan realista que rayaba en el pesimismo. Pero se que en el mundo debe haber un equilibrio, algunos se dedican a soñar y otros somos ejecutores. Hace unos meses alguien mencionó como una virtud que reconocía en mi que era una “doer” (en ingles) confieso que nunca había escuchado la palabra, pero pensé que me venía bien  porque es lo que me considero una “Hacedora”.

Sin embargo también considero que en los últimos años de mi vida, sobre todo después de que se fue de mi lado el que soñaba por mi, he aprendido a soñar un poco; y sin lugar a dudas, he logrado llegar donde me encuentro, porque descubrí que uno puede aprender a soñar o puede atreverse a soñar.

Decía Martín Descalzo: “Los optimistas tienden a proclamar que el mundo es una maravilla y lo ven todo color de rosas. Los esperanzados sabemos que el mundo es de muchos colores y algunos muy dolorosos, pero también pensamos que aunque el mundo está lejos de ser un paraíso, tenemos energía humana y espiritual suficiente para transformarlo y mejorarlo”

Así que hoy decidí que yo soy una “realista-esperanzada”. “Los realistas esperanzados, dice Martín Descalzo, saben que pase lo que pase su tarea es poner las manos en el mundo (las manos a la obra, diría yo) para afrontarlo con coraje la realidad”

Muchos días cuando me voy a enfrentar a la realidad del mundo, allá fuera, a veces me cuesta llenarme de esperanza y darle la cara, asi que creo que las palabras de hoy llegan para recordarme que soy de esas “realistas esperanzadas” que tienen suficiente energía humana y espiritual, para enfrentar la realidad del mundo e intentar cumplir mi parte, de transformarla y mejorarla y hacerlo con todo el coraje y la fuerza que solo Dios puede darme.

Descubrir a Dios bajo la carga

Cuando estaba casada y aún creía que el amor era para toda la vida, y pensaba que estaba con la pareja perfecta, mucha gente me preguntaba cual era la clave para ser feliz al lado de una persona. Mi respuesta siempre era la misma: “Nunca trates de cambiar a la persona que tienes a tu lado, y … lo más importante es aprender a vivir con las cosas que no te gustan de tu compañero(a), porque vivir con las cosas que te gustan es muy fácil”

La semana pasa recordé estas palabras, que dicho sea de paso las mantengo como la base de toda relación entre personas. Pero me acordé de ellas por algo que leí en el libro de Benjamín: “ Descubrir a Dios bajo la carga  es el desafío principal de la mística de los ojos abiertos, pues descubrirlo y cantarlo en la belleza y en el amor es fácil”

Descubrir a Dios en el amor y en la abundancia y cuando las cosas marchan bien es muy fácil, lo difícil es descubrirlo en medio del dolor, cuando nos toca sufrir y las cosas no salen tan bien.

Si logramos creer por encima de todo aquello que nos ocurre, si logramos mantener viva la fe y la esperanza en medio de los sufrimientos entonces habremos aprendido que nada nos puede dañar, que todo va a pasar y comprenderemos aquella frase que dice que “nunca es mas oscuro que cuando va a amanecer”

Pienso en eso porque en este año se avecinan en mi vida cambios que se que me van a pegar. Reconocer que nuestros hijos crecen y ya no nos necesitan, acordarnos que Dios solo nos los presta y que un día se irán de nuestro lado y comprender que esa es la vida y ese es el destino porque un día también a nosotros nos tocó hacerlo con nuestros padres.

Entre dias prefiero no pensarlo, pero la realidad está ahí y no es posible eludirla. Tal vez porque junto a la pérdida siento que se avecina la otra realidad que tanto temo: La soledad. Como siempre digo: “para los que creemos”, solo pido fortaleza y mucha fe, que EL me ayude  encontrar las fuerzas para seguir adelante y buscarle el nuevo sentido a la vida.

Una dura realidad

Pocas tareas tan difíciles me había encomendado Pedro como aquella que me ocupaba aquella madrugada. Esto de ser amiga de curas y estar dispuesta al servicio en ocasiones nos lleva a actuar mas allá de lo que esta dentro de nuestra zona confortable. Pero ya estaba, le había dicho que le ayudaría y ahora no era el momento de arrepentirme sino de ver cómo seguir adelante con el encargo.

Me había tenido que levantar a las cinco de la mañana porque llegar a los márgenes de la ciudad me tomaba casi cuarenta y cinco minutos. Daban vuelta en mi cabeza todas las advertencias de Pedro: “Tienes que buscar quien baje contigo. ¡No bajes sola! Debes llegar antes de las 6:30. Solo tu puedes sacarla de allí. Prométeme que no subirás sin ella” No quiso darme mas explicaciones, qué misterio había en todo aquello.

Y comencé a adentrarme entre las callejuelas sin asfalto. Me conocía bien cada calle porque había trabajado por 10 años como abogada en el Comité para la Defensa de los Derechos Barriales, pero en esa época era una chica rebelde, lanzada, acabada de graduar de la universidad y no tenía nada que perder. Sabía que bajar a esta hora por el barrio era peligroso.

Mientras caminaba paralela a la cañada maloliente iba volviendo a mi toda aquella realidad. A esa hora ya gente se levantaba para marchar a sus trabajos, de las casas salía el aroma del café,  en ocasiones único brebaje que echaban en sus barrigas como desayuno. Basura amontonada en cada esquina, animales merodeando con sus respectivas inmundicias. Ya comenzaban a armarse los tarantines de “yaniqueques” con sus olores a grasa quemada mil veces. Y mientras bajaba mi animo se parecía más a aquellas casas destartaladas, de madera carcomida, sin pintura, con los techos de zinc pegados con sus clavos oxidados que cualquier brisa lograba arrastraba como marionetas.

Finalmente llegué al colmado “La Perdición”, sabía que a esa hora encontraría a doña Filomena y ella me ayudaría a localizar mi objetivo. Toque tres veces como solía hacer tiempo atrás, aunque sabía que la puerta estaría abierta y solo esperaba el permiso para entrar.

 

—   Pase ¿Quién es?

—   Es Mariluz

—   ¡Ay María Santísima!, pero y esa sorpresa. Doña Mariluz, ¿Pasa algo? ¿Usted por aquí a estas horas! Pero mire que usté é una mujer arretá.

—   ¿Cómo está Filomena? Si me arriesgué a llegar hasta aquí, es porque sabia que de aquí en adelante podía conseguir alguien con quien caminar en el barrio sin peligro, pero usted se imagina, traía el corazón en la boca.

—   Mujer, y sobre todo ahora, este barrio no é el de antes. Cuando usté trabajaba por aquí la gente era distinta agora no, hay mucha gente mala, mala viviendo aquí. To eso domincanyork que se andan viniendo de po allá han dañado ma el barrio. Pero dígame y que la trae por estos rumbos, porque usté no vino a visitar a las cinco y media de la mañana

—   Ando buscando a una chica que está embarazada. Me manda el padre Pedro de la Pastoral, queremos ayudarla pero al parecer todos los intentos que han hecho las consejeras por acercársele han sido en vano, parece que la chica tiene problemas y no se deja ayudar.

—   ¿Aja? Y como se llama?

—   Victoria Feliz

La cara de Filomena se puso pálida, su expresión se endureció bruscamente y apretó los labios como si no quisiera que sus palabras salieran de su boca.

—   ¿La conoce?

—   Mire Mariluz, mejor no se meta en eso y deje a esa muchacha tranquila. Eso é un lio más feo de lo que pinta.

Filomena no me diría una palabra. Así eran los códigos del barrio, la gente se protegía. Había trabajado suficiente tiempo allí para saber que solo si lograba llegar donde la chica descubriría la historia encubierta en aquel nombre.

—   Pero ¿me puede ayudar a llegar donde la chica?

—   Vive abajo, en “quita sueño”, no puede bajar sola.

—   Me lo sospechaba, Pedro me explicó un poco por donde era, ¿Puede ayudarme para bajar con alguien?

—   Mire Mariluz, ya le dije, no se meta en eso, dé media vuelta y regrese a su casa y dígale al cura que se olvide de eso.

—   Necesito intentarlo, se lo prometí a Pedro.

La vi resoplar enojada, apretar de nuevo los labios y voltear los ojos hacia el cielo. Se persignó tres veces y finalmente expiró aire resignada. Dejó la habitación donde estábamos.  Sabia que Filomena vivía allí con algunos de sus nietos. Escuché como hablaba con alguien:

—   Carlos, a que hora tienes que ir a trabajar

—   Entro a las doce hoy.

—   Levántate, necesito que vayas abajo, a la vera del rio.

—   ¿A quita sueño? ¡Y que diablos quiere que haga a estas horas por esa “jurunela”!

—   Que bajes con Doña Mariluz.

Al rato vi a Carlos salir de la habitación. Era un muchacho joven y fuerte, de unos veinte años. Pelo crespo muy negro, piel morena, labios carnosos y ojos muy negros con una cara alegre. Lo había conocido de chico pero tenía la misma carita de cuando niño. Sin mediar más palabras nos despedimos y salí dejando que Carlos se fuera delante.

Caminamos unos quince minutos entre callejuelas cada vez más estrechas donde las casas se besaban unas con otra y no se sabía donde terminaba una y comenzaba la otra. A ese punto la cañada era un canal lleno de basura cada vez más hedionda, el estómago se revolvía entre las vueltas y el olor a basura descompuesta. Pensaba que ya no estaba para esos trotes, pero no era el momento de echar para atrás, ahora necesitaba seguir adelante y descubrir que ocurría con la chica.  Cada vez que salía alguien de una casa me asustaba, a esas horas pasaban muchas cosas en el barrio.

Finalmente cerca de las seis de la mañana Carlos se detuvo frente a la casa más deprimente del lugar. La puerta tenía los goznes desprendidos y estaba aguantada con dos blocks.

—   Ahí esta la casa

—   ¿No vas a venir conmigo?

—   No creo que sea prudente.

Mientras lo veía alejarse una sensación de inquietud me inundó. Tenía deseos de correr tras Carlos y alejarme con él, aceptar el consejo de Filomena que se repetía una y otra vez en mi interior. Casi cedo a mis impulsos, sin ese momento la puerta no se hubiera arrastrado y asomara la cabeza aquella la chica.

Era una niña de unos trece o catorce años. Llevaba el pelo suelto completamente rizado, tenia la tez matizada,  unos ojos un poco rasgados, la nariz ancha,  descuidada pero linda. Lo que más me llamó la atención fue la barriga de unos cuatro a cinco meses que ya comenzaba a sobresalir. La chica se asustó al verme y quiso entrar rápidamente a la casa, pero la puerta no cerraba y la seguí hasta el interior.

—   Hola

—   ¿Quien es usted y que quiere?

—   Quiero conversar contigo.

—   No me gusta hablar con extraños.

—   Vengo de parte del padre Pedro de la pastoral.

—   Ya les dije que no quería participar en eso.

—   Me enteré de que tienes problemas con tu embarazo queremos ayudar.

—   Para que quiere ayudar, más le valdría a ese bebe que no naciera, es un hijo maldito — Dos lagrimas resbalaron por la mejilla. Y así continuo un llanto continuo pero silencioso. — Mire mejor se va, puede tener problemas si él la encuentra aquí hablando conmigo

—   ¿Quién es “él”? — no me contestó

—   Escucha soy abogada puedo ayudarte, solo tienes que venir conmigo.

La chica cambio los colores, su tez morena se puso ceniza y por un momento pensé que se iba a desmayar. Me acerqué rápido y la sujete por un brazo cuando vi que le flaqueaban las piernas.

—   Señora, tiene que marcharse de aquí, no sabe de lo que él es capaz, si se entera de que usted es abogada podría hasta de golpearla.

—   ¿Te ha golpeado a ti? Yo te llevaré donde te protejan y no te pasará nada.

—   Nunca podría esconderme de él, siempre me encontraría.

—   Si nos marchamos ahora, te prometo que no te pasará nada te esconderé bien.

No tenía tiempo de descubrir de quien estábamos hablando, la chica se notaba asustada y mi misión inmediata era sacarla de allí antes de que llegara aquel hombre. Ahora comprendía las instrucciones de Pedro de que debía ser antes de las seis y media. De repente escuché la puerta rechinar y vi la cara de terror en la niña, el corazón me latía aceleradamente, miré a mi alrededor para ver si había algo de que echar mano y poder golpear la persona que empujaba la puerta en el caso de violencia, y entonces distinguí la figura de Carlos, que también estaba pálido como una hoja de papel.

—   Doña Mariluz, rápido, debemos salir por atrás, está muy cerca si la encuentra aquí podemos tener problemas. ¿Hay una puerta trasera? — La chica asintió y señaló en una dirección. Miré a Carlos y a la niña y entonces reaccioné.

—   Yo no me muevo de aquí sin la niña.

—   Tenemos que irnos, tal vez en otro momento pueda intentarlo, ahora seria un riesgo, no lo haga por usted sino por la niña. Ese hombre es de cuidado.

—   Váyase se lo suplico, ya me hizo suficiente mal a mi, no quiero que le haga más mal a nadie.

—   Doña Mariluz, por favor, vámonos.

Mire los ojos suplicantes de la niña y de Carlos y supe que debía irme. Salimos por la puerta del patio, rodeamos la casa y anduvimos entre los patios de varias casas hasta salir a la esquina de otro colmado. Desde allí podíamos ver la casa.

Entonces lo vi bajando por la cañada,  nos pasó justo al frente. Era la misma cara de la niña, la tez matizada, el pelo ensortijado y negro, los mismos ojos y los mismos labios. Contuve el aliento y sentí la respiración de Carlos a mi lado. Lo vi bajar por la calle, acercarse a la casa, arrastrar la puerta y volver a cerrar tras de si. Entonces comprendí todo. Carlos me hizo ademán de que subiéramos. Lo seguí lentamente. En el ascenso miré con detenimiento las casas, el camino, la cañada, sabía que no sería la última vez.

Razón, Analisis, lógica… realidad

No había dormido nada la noche anterior,  fui sintiendo como el sol iba apareciendo cuando sus rayos comenzaron a luchar por entrar en mi habitación por las uniones de la cortina. Menos mal que era sábado, y ya que estaba levantada decidí salir a caminar, eso me ayudaría a aclarar mis ideas.

Mientras caminaba iba pensando que era una mujer extraña. No me consideraba tímida, pero no tenía muchos amigos. Con mis 23 años tenía un estilo un poco bohemio: llevaba siempre mi rizado pelo suelto y despeinado, no usaba faldas porque no me gustaban mis piernas, así que siempre andaba con mis jeans y mis tenis. Me gustaba leer novelas y cuentos y me gustaba escribir. Soñaba con viajar de un lugar a otro sentir la libertad, pero sabía que había algunas cosas que debía definir primero en mi vida,  quería volver a la universidad y estudiar literatura.

En realidad no entendía porque me había pasado esto. Durante semanas cada día estuve allí sentada. El llegaba siempre después de mi y se sentaba en la misma mesa. Entonces yo comenzaba a pasar las páginas de mi libro y hacia como que leía, por el rabillo del ojo veía como él me observaba. Finalmente me levantaba y me iba sin comprender una vez mas porque él nunca se acercaba. Durante muchas tardes pensé: “hoy será el día” y cuando me levantaba para irme tenía la tentación de acercarme y decirle: “¿Oye puedo preguntarte porque me miras y no terminas de levantarte y hablarme?” Pero nunca me había armado de valor, tenía miedo de que me dijera que no me estaba mirando o que me había vuelto loca.

Ayer había decidido no ir, había extrañado mi capuchino y mi habitual porción del dulce que tanto me gustaba. Pero no tenía sentido seguir perdiendo el tiempo en una ilusión, en un sueño sin sentido. Debía seguir mi camino y resignarme a que tal vez había venido al mundo a estar sola, ese parecía ser mi destino. Sin embargo no entendía porque no había podido dormir, parecía como si el solo hecho de verle cada tarde me hubiera ayudado a vivir durante esas semanas, a ser feliz,  a estar tranquila, y mantener ese sentimiento de paz que desde ayer había perdido y que no me había dejado dormir.

Tal vez vivir metida en el mundo de fantasías de mis libros y mis historia me había hecho creer que la vida son solo sueños. Ilusiones, decisiones y debía terminar de aceptar que la vida es solo: razón, análisis, lógica y finalmente realidad.

Seguir mi Propia Estrella

“El Encuentro cambia a las personas” he pensado mucho en esta frase de Grüm… y reflexionando creo que cada encuentro, cada conversación, cada momento con los demás nos cambia un poco la vida. Mientras mas tiempo pasemos con la otra persona mas cambiara nuestra vida… y como no somos islas, la vida esta sometida a contantes cambios. Pero hay algo importante que aclara Grüm: “No podemos dejarnos absorber por los demás, ni fundirnos con ellos”. Y creo que en muchas relaciones en nuestra vida nos dejamos absorber por los demás o nos fundimos y perdemos nuestra esencia. Creo que eso pasa mucho en las relaciones de pareja, nos dejamos influenciar tanto por la pareja que cambiamos hasta que nos absorbe o lo absorbemos o nos fundimos con ella y esto algunas veces nos hace daño.

Dice Grüm que cada persona tiene la tarea de imprimir en el mundo una huella personal y única, tenemos un tiempo finito y debemos aprovecharlo y para hacerlo debemos escuchar el fondo de nuestro corazón y descubrir: ¿que es lo que me corresponde hacer en esta vida?, ¿que debo hacer para dar mi aporte al mundo?

Que fácil es decirlo, a veces creemos tener tan claro lo que debemos hacer en nuestra vida, que cuando una situación ocurre, y la vida da un revés nos quedamos desconcertados porque nunca pensamos en el Plan B!!!. De repente nos encontramos a nuestros 46 años haciéndonos las mismas preguntas que nos hacíamos cuanto teníamos 18 y debíamos decidir que estudiar, o cuando salimos de la Uni y no sabíamos hacia donde enfilar la vida.

Pero ahora los años nos hacen mas sabios, y sabemos que responder a estas preguntas “requiere tiempo y paciencia, y una experiencia que no se da simplemente de un día para otro” como dice Grüm.

“Debemos aprender a descubrir en nosotros mismos la unicidad y a seguir la propia estrella, que solo esta sobre nuestra vida” “Cuando  nos reconciliamos connuestra vida única, con su grandeza y su debilidad, entonces vamos imprimiendo una huella que también invita a los otros a vivir”

Estaré unos días desconectada de mi realidad, en un viaje de trabajo, pero creo que es un buen momento para pensar ¿Qué es lo que me corresponde hacer en el mundo para imprimir mi huella personal? Creo que tengo el bosquejo… la idea, pero me reconforta pensar que no es algo que debo decidirlo ya!, las situaciones se irán dando, los caminos se irán abriendo, en mi encuentro con los demás iremos cambiándonos uno al otro y con el tiempo y la paciencia que me dan la sabiduría de mis años aprenderá a “Seguir mi propia estrella esa que solo está sobre mi vida!!!!”

Contemplación profunda de la realidad

“No se puede tirar la espiga para que crezca pues ella tiene su tiempo, sin que nuestra impaciencia la apresure ni nuestro desencanto la paralice. El que pone plazos a Dios se tensa y se rompe. La contemplación profunda de la realidad crea en nosotros las esperanzas del largo recorrido” Benjamin Gonzalez Buelta. Tiempo de Crear.

Pensaba al leer esto hace unos días que la mayoría de las veces deseo que las cosas ocurran a mi ritmo y no al ritmo de Dios… Cuantas veces anhelamos cosas y no tenemos la paciencia de esperar a que lleguen. Siempre le digo a mis hijos que “Todo tiene su tiempo y hay un momento para hacerlo bajo el sol”. Mi hijo Fernando tiene 9 años, dice que quiere ser actor, pero cree que ser actor es algo que uno hace de la noche a la mañana. Aunque no me entusiasma mucho la idea de su sueño, creo que no debo limitarlo y debe ser libre de ser lo que él quiera ser. Así que lo apoyo, y lo entusiasmo, pero siento que el mundo que nos presenta la TV, les hace creer a los niños que todo se logra fácilmente, que simplemente deciden un día que serán actores y mañana ya serán famosos.

Pienso cuanto tenia 9, años quería ser doctora; me convencí de que no era lo mío cuando llegue a la universidad y se me ocurrió ir  a la facultad de medicina, donde tenían los muertos, el olor nauseabundo a formol y dos pies negros que salían de una tina me convencieron de que debía cambiar de profesión. Y aún hoy me pienso, y no soy nada de lo que quería a los 18 años, pero soy feliz con lo que hago, porque poco a poco fui encontrando mi camino.

La planta que sembramos crecerá a su ritmo, no importa que me desespere, me siente a esperar que crezca o haga algo mientras tanto, no se acelera, ni se retrasa lo hace a su tiempo. A Dios no podemos ponerle plazos… Sobre todo cuando vivimos momentos difíciles en nuestra vida que quisiéramos que pasaran pronto y poder cerrar esos capítulos.

Solo nos queda, como dice Benjamín, contemplar profundamente la realidad, eso crea en nosotros la esperanza del largo recorrido que nos espera…