Deseo

“Sería maravilloso decir que todos somos perfectamente equilibrados y que sabemos acoger las alegrías y sobrellevar las penas con dignidad, que aprendemos de los golpes y salimos de ellos más fortalecidos. Sería maravilloso, pero no es verdad. La verdad es que las heridas no siempre se curan. A menudo cierran en falso y a veces siguen supurando durante más tiempo del que sería normal” Contemplaciones en papel. Jose M. Oraizola

Cuando uno está en medio de la vida normal y corriente y no ocurre nada más que la rutina de cada día, a uno le gusta filosofar. Decir que somos fuertes y podemos enfrentar cualquier viento fuerte o huracán que nos llegue, porque tenemos fe y confiamos en Dios. Pero cuando estamos en medio del huracán, nos damos cuenta que es más fácil hablar que actuar. Sobre todo, cuando a la tormenta le da por tocar a seres que queremos y son muy cercanos.

En esos momentos es cuando nos toca demostrar que de verdad somos personas de Fe. Por eso hoy pensé en esta reflexión de Oraizola. Sería maravilloso decir que todos somos capaces de sobrellevar las penas con dignidad, pero la verdad es que no es fácil, de hecho, a veces es muy difícil.

A uno le cuesta entonces andar por ahí diciendo: “Que se haga la voluntad de Dios” porque uno quiere que la voluntad de Dios sea, que nuestros seres que tanto queremos milagrosamente se sanen, uno no puede pensar o imaginar cómo es posible que la voluntad de Dios sea que yo sufra o que la persona a la que yo quiero sufra. Así que uno va por ahí pidiendo que sea haga la voluntad de Dios, pero queriendo que, en el fondo, también sea la nuestra.

Por eso en los últimos tiempos he cambiado mis oraciones, y lo único que pido a Dios es que me dé la fortaleza para enfrentar todo lo que pueda llegar a mi vida que me haga sufrir, que me dé fortaleza para apartar de mi vida todo lo que me aleja de EL. Hoy quiero también pedir que me ayude a sobrellevar las penas con dignidad y que de los golpes pueda salir fortalecida. Confío en que, esta vez,  la voluntad de Dios sea la mía y que Don Henry pueda salir de esta enfermedad y podamos disfrutar de un hombre maravilloso por un rato más. Como dice mi hijo que podamos volver a escuchar su voz una vez más. AMEN

La familia

Ayer pensé mucho en mi abuela. Murió hace algunos años, pero siempre la recuerdo con cariño.

Me acorde que todos los años quería que le pusiera el arbolito de navidad en su casa, que para reyes les compraba regalos a todos los nietos y luego cuando estos fueron grandes, les compraba a los biznietos, yo iba con ella a la tienda de juguetes a elegir los regalos. También recuerdo que me encantaba ir los sábados a su casa y ella me guardaba la comida del medio día y plátanos sancochados, que me gustaba mezclarlo con arroz. Luego me sentaba a escuchar el tocadiscos y ella me decía que cuando ella se muriera me lo iba a dejar en herencia. Todos los años me regalaba unos zapatos para mi cumpleaños que se lo compraba a una señora que los traía de New York, pero ella nunca podía esperar que llegara el día del cumpleaños y me llamaba unos días antes para que me los probara, “necesitaba confirmar si me servían”. Cuando yo me los probaba, ponía una cara de que estaban preciosos, y entonces ella me decía; “¿Tú te lo quieres llevar ahora? Si quieres llévatelo, pero el día del cumpleaños no te doy nada”. Entonces cuando llegaba mi cumple ella les decía a todos: “Yo el mío hace días que se lo di”

Tal vez he contado esta historia muchas veces, pero esta semana la recordé particularmente porque ayer mi hijo pequeño me dijo que: “uno no sabía lo que tenía hasta que lo perdía”, se refería a su abuelo, y se lamentaba de aquellas veces en las que no fue a visitarlo, o no conversó con él. Hoy, el está en cama, no puede hablar y lo único que anhela es poder escuchar su voz una vez más.

El día en que mi abuela se murió, pensé que en el fondo, me sentía feliz porque todo lo que había podido darle, lo hice mientras ella estaba viva. La quería muchísimo y se lo demostré cada día que compartimos.

Esta mañana leyendo a Oraizola él decía: “La familia es tu gente, tu raíz, a la que siempre puedes volver porque siempre está ahí”.

Hoy quiero darle gracias a Dios por la familia en la que me ha tocado vivir, por mis hijos, mi familia pequeña; mis padres, hermanos, cuñados, sobrinos, la familia ampliada porque siempre han estado ahí cuando los he necesitado. Hoy en un buen momento para decir: “Los quiero muchísimo a todos”, y que sepan que pueden contar conmigo para lo que necesiten.

Dios en el centro de nuestro corazón

“Ojalá todo mi interior, particularmente el corazón, de tal manera cediera al entrar Cristo en el que se abriera dejándole un lugar en el centro del corazón. Así todos mis vicios e imperfecciones desaparecerían de su presencia como se derrite la cera en presencia del fuego” Pedro Fabro.

A veces la vida se ensaña dándonos lecciones, unas tras otras. Y en estos días he tenido que aprender con mucho dolor que la vida a veces es muy frágil, y que nada de lo que tenemos sobre esta tierra es seguro, en un instante lo podemos perder.

En medio de estos sentimientos cada mañana he intentado encontrar las palabras para entender, pero al final he terminado aceptando que Dios solo puede darnos la fortaleza para sobrellevar los momentos difíciles que se presentan en nuestra vida.

Reflexionando sobre la fe y mis creencias, creo firmemente que Dios es esa fuerza interior que llevamos dentro, que nos mueve, nos transforma y da fortaleza a nuestra vida.  Esta mañana al escuchar las palabras de Pedro Fabro pensé que no debemos conformarnos con que Dios ocupe un lugar en nuestro corazón, deberíamos tratar de que cada día el lugar que El ocupara fuera cada vez mayor y en el centro del corazón.

Pensaba en la oración del Padre Nuestro, en especial en su última frase: “Líbranos Señor del Mal” … Sé que sonará a herejía, pero me cuesta pedirle a Dios que me libre del mal.

No estoy escribiendo incoherencias, hoy simplemente quiero decir que, cuando el destino se dispone a darnos una lección y arrebatarnos sin piedad nuestra vida, es cuando más nuestra fe debe salir fortalecida, debemos lograr que Dios ocupe completamente el centro de nuestro corazón y nos llene de fortalezas para poder enfrentar el mal que pueda llegar a nuestras vidas

¿Cómo quiero ser recordada?

El 31 de diciembre del 2016 pasé el año viejo en casa de mi hermano, no es que tuviera muchas expectativas de esperar el 2017, pero mi hermano, mi cuñada y yo no queríamos matarles a los papas la ilusión de la tradicional espera de las 12 de la noche, y las concebidas felicitaciones y buenos deseos entre nosotros mismos; deseos de que las cosas malas del 2016 se quedaran por ahí perdidas y que las buenas se repitieran y que el nuevo año trajera solo otras buenas.

Después de cenar, no recuerdo cómo vino el tema de “que el tiempo pasado siempre fue mejor” y de otros tiempos en los que las tradiciones eran importantes, y Don Jafet comenzó a acordarse de las canciones que cantaba en el colegio, resultó que eran las mismas que yo había aprendido a pesar de la diferencia de más de 30 años. Nos pusimos a cantar a buena voz: papi, mami, Guillermo, Don Jafet y yo, y él estaba contento recordando y cantando conmigo.

¿Quién nos podía decir que cuatro meses después… lo perderíamos? El viernes en la mañana cuando me enteré de que había muerto, en medio del llanto, me puse a cantar las canciones que unos meses atrás había coreado con él.

¿Qué más podemos darles a nuestros viejos queridos, que la alegría de estar con ellos cuando todavía es posible? Visitarlos, aunque sea una tarde lluviosa, llamarlos cada día para escucharlos al otro lado del teléfono y saber que están ahí, para que nos cuenten las mismas historias o las dolamas del momento, pero poder escucharlos cuando todavía es posible. Celebrar con ellos el cumpleaños, las navidades, las madres porque nunca sabremos cual será la última.

Creo que nunca estaremos preparados para que nuestros seres queridos se marchen, ni siquiera los que decimos tener fe nos consuela, que va a “Brillar para ellos la Luz Eterna”. Pero mientras pasaban las últimas horas de despedidas en esas conversaciones de funeraria, donde queremos hablar de otras cosas para olvidar un poco el dolor, Memo comentaba que en su opinión Don Jafet había vivido una vida feliz: había disfrutado de sus hijas y de sus nietos, los había visto nacer y crecer, incluso a las más pequeñas, había visto a sus hijas progresar, vivía una vida tranquila, visitaba a sus hijas y compartía con ellas, era feliz, escuchaba música, cocinaba, qué más puede pedir uno al final de sus días.

Tal vez escribo y repito esta reflexión para pensar un poco en mis padres y en su vida. Sé que más temprano que tarde estaré ahí, viviendo lo que las chicas vivieron este fin de semana y como dijo Ara, comprenderé lo duro que es estar sentado en ese mueble negro de la funeraria. Y no es que quiera ser pesimista ni pensar en estas cosas antes de tiempo… sino que por el contrario quiero pensar que mis padres viven una vida maravillosa, han visto crecer a sus cuatro hijos y a sus nietos, Dios les ha dado una vida larga dentro de lo posible llenos de salud y yo me siento más que agradecida, y doy gracias a Dios cada día.

Dentro de toda la tristeza en la que se revistió el fin de semana, fue maravilloso saber que a Don Jafet todos lo podrán recordar como un hombre bueno y como describió su yerno: “lleno de ternura”.

Finalmente, pensé que era un buen momento para pensar en mi vida, y en qué cosas debo cambiar, porque creo que lo único que deberíamos hacer durante el transitar por este mundo es intentar hacer el bien, llevar paz y amor a los que nos rodean y que el día en que nos toque, porque es lo único seguro que tenemos en esta vida, los demás, los que se quedan quieran recordarnos por la bondad y la ternura que esparcimos por el mundo.

La alegria se vive en medio de las pequeñas cosas cotidianas

“En otras épocas cuando las utopías nos parecían al alcance de la mano, insistimos más bien en el sacrificio de la propia vida, y de las vidas ajenas, por ese horizonte que parecían tan cercano. Hoy miramos más el ahora y sabemos que la alegría del reino ya llena del sabor de  una vida buena nuestro presente, y que desde esta experiencia se construirán las utopías posibles… No podemos situar el sentido y alegría solo al final de la vida, cuando triunfen los procesos que pretenden cambiar la realidad… la alegría se vive en medio de las pequeñas cosas cotidianas” La letra pequeña. Benjamin Gonzales Buelta

Me encantó esta reflexión de Benjamín: “No podemos situar el sentido y alegría solo al final de la vida, cuando triunfen los procesos que pretenden cambiar la realidad… la alegría se vive en medio de las pequeñas cosas cotidianas.

Hace una semana compartíamos la alegría de Jesus resucitado, sin embargo siento que en el fondo estamos tristes, nos arrastran las situaciones que tenemos que vivir cada día, nos deprimimos por el trabajo, la angustia, la ansiedad, por la inseguridad que se vive en estos tiempo… Benjamín nos recuerda otras épocas donde las útopias nos parecían al alcance de la mano, entonces estábamos dispuestos a hacer sacrificios hasta que ese momento llegaran, pero el afirma: Los tiempos han cambiado, no podemos pasar la vida esperando que mejores tiempos lleguen, debemos aprender a encontrar el sentido y la alegría en nuestro día, en la vida cotidiana.

Para mí las palabras de Benjamín son una invitación a mirar la vida con más optimismo. No debemos estar ajenos a la realidad en la que vivimos, pero no podemos dejarnos envolver por los miedos. Y afirma: “Una de las tareas más urgentes de nuestra teología es sacar a la luz y articular una propuesta de vida feliz en los nuevos contextos sociales”

Y por último término con una reflexión de  Fonfo Alonso-Lasheras, sj que tomo de la pagina de la pastoral SJ.

“Lo cierto es que conozco gente que vive resucitada, sin esperar a la muerte ni haber vivido ningún milagro. Gente que entrega su vida cada día a los demás de muy diferentes maneras, sin enfadarse porque no les consideran héroes, y con la alegría profunda de no temer gastar la vida, porque saben que no hay que morir para resucitar, sino que basta con entrar en esa “nueva vida”, en esa “más vida”, que nos trajo Cristo. Es gente que sigue luchando por resucitar cada día, y que tienen un “extra” de vida que se les escapa por los ojos, por la sonrisa, y puede convertirse en algo contagioso.

Ojalá formásemos parte de esta gente resucitada, y que nos mirase a la cara por la calle diciendo: “este tipo cree en la resurrección”; y que podamos vivir repartiendo eso que creemos.”

Como siempre con la esperanza de que estas palabras lleguen a lo mas profundo de mi ser y pueda aplicarlas y vivir con alegría mi realidad.

Navidad: Bendición y Promesa

Tengo la sensación que este año transcurrió tan de prisa. Hace un tiempo que ando deseando que se acabe porque… han ocurrido tantas cosas y todo ha estado tan complicado, que en mi interior tengo el sentimiento de que si termina tendré la oportunidad de comenzar algo nuevo y de una manera distinta.

Decía Grum en la lectura de esta semana: “La piedra que hay en nuestro camino nos obliga a volvernos hacia nuestro interior… ahí es donde Dios nos muestra el verdadero camino de nuestra vida; el camino de la bendición y de la promesa, el camino en el que el mismo nos acompaña y conduce”

Bendición y Promesa, esas palabras me hacen pensar en la navidad… la bendición de un niño que nace para traernos la promesa de Paz a la tierra. Esa Paz que tanto necesitamos y cada día nos parece tan lejana. Cuando miramos alrededor del mundo y vemos a tantas personas que sufren, tantas guerras, tantos inmigrantes sufriendo, en busca de una vida mejor, la palabra Paz resultan tan extraña, tan necesaria, pero como dije antes …tan lejana.

Que esta Navidad podamos tomar en tiempo para reflexionar sobre esas piedras que hemos encontrado en nuestro camino a lo largo del año y entonces podamos volvernos a nuestro interior, y encontrar allí a Dios para que nos guíe por el verdadero camino, ese de bendición y promesas… expresadas en un niño en un pesebre, para recordarnos que la Paz debe ir a los más vulnerables de la sociedad, a todos esos que sufren, con ellos debemos solidarizarnos en estos tiempos.

Feliz Navidad decimos, Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, y a todas las personas que hoy más que nunca necesitan de esa paz.

Alegria es meterme de lleno en el instante

“Hay días que yo preferiría no tener que vivirlos, … Como dice el Eclesiastés debo alegrarme mientras estoy sano y me encuentro lleno de vitalidad en mi cuerpo. Pero esta es nuestra condición que nos alegremos mientras es tiempo de hacerlo, pero que estemos dispuestos a aceptar de mano de Dios, lo que resulta menos agradable. Solo seré capaz de alegrarme cuando también esté dispuesto a desprenderme de la alegría” Anselm Grum

Las reflexiones de estos últimos días como siempre me han puesto a pensar mucho sobre mi vida y las cosas que quiero seguir cambiando en ella. Ha sido un año un poco complejo, uno de esos como dice Grum que hubiera preferido no tener que vivirlo. Pero cuando pienso en todas las personas andan por ahí con miles de problemas peores que los nuestros, siento que es injusto que no debo pensar de esa forma. Siempre habrá alguien que tenga una vida más complicada que la que nos toca a nosotros y la lección de hoy es que debemos alegrarnos cuando las bendiciones llegan, pero también debemos estar dispuestos a desprendernos de esa alegría y aceptar los tiempos de tormenta que nos tocan.

“La alegría es el arte de meterme de lleno en el instante” Que frase más hermosa. Que difícil se me hace meterme de lleno en el instante, y disfrutar de la alegría que me trajo el momento, comprender que en realidad debo disfrutarlo porque no sé cuándo volverá.

“Yo soy responsable de que la alegría se intensifique en mi interior o que lo haga el disgusto, la inquietud, el descontento, la desilusión mía y del mundo entero” solo yo puedo controlar mis emociones o dejar que ellas me arrastren y duren hasta que quieran.

“La tristeza forma parte de la vida igual que la alegría” se trata de hacer las paces con esos momentos de tristeza que nos llegan, comprender y estar de acuerdo con mis anhelos insatisfechos, mi soledad o mi incomprensión.

Pues hay que seguir adelante el propósito en estos meses que quedan del año es aprender a “Meterme de lleno en el Instante”