Ultimo acto a la bandera

Hacía años que no entraba en aquel edificio. Por una extraña razón, después que me gradué me había negado a poner un solo pie allí dentro. Muchas veces me habían invitado por diferentes circunstancias que tenían que ver con mi trabajo, pero siempre me las había arreglado para escabullirme.

Hoy me había citado el director, no lo conocía, era alguien que no era de la época en la que estudié en el colegio. Subí los escalones de la recepción, aquellos que había recorrido cada mañana, todos los días de mi niñez y adolescencia durante 12 años de mi vida. Pregunté a la recepcionista por el director y después de exponer quien era y las razones de mi visita me dijo que debía esperar un rato en la sala, al Director se le había presentado un contratiempo. ¿Tendría algún inconveniente en esperarle una media hora? Suspiré un poco resignado y con la sonrisa más amable que pude sacar, respondí que sí.

Me senté en unos sillones cómodos, que se encontraban al lado de la recepción, no recordaba que fueran tan cómodos en mi época, aunque tal vez pensándolo mejor, tal vez no había tenido muchas oportunidades de sentarme en ellos. Después de un rato cambiando los pies de un lado para otro, decidí levantarme y al darme vuelta observé los retratos de la última promoción. Recordaba que las promociones pasadas estaban en un salón grande que se encontraba al otro lado del patio. Me entraron unos deseos enorme de cruzar el patio y volver a ver aquellos cuadros de los exalumnos.

Mire por el rabillo del ojo a la chica de la recepción, y en un momento en que se levantó y entró a la oficina por algo, me escabullí por la puerta que estaba abierta y me encontré con el pasillo y las dos escaleras y con el patio central.  Seguí caminando por instinto y me recordé allí recorriendo el patio con mis amigos. De repente volvieron a mi recuerdo tantos momentos vividos.

El colegio estaba en completo silencio, porque aún no era época de clases, solo algunas personas aquí y allá se afanaban en tareas de mantenimiento, así que seguí caminando descuidadamente, tratando de no llamar mucho la atención, me encontré en el medio del patio y entonces volví a recordar…

Ella había pasado toda la semana en una reunión en una ciudad del interior, la reunión terminaba el viernes, pero había decidido regresar antes, porque era mi último acto a la bandera, a pesar de que insistí, que no tenía que preocuparse.  Aquel día nos había cogido el sueño, se había olvidado poner el reloj despertador y a las 7:10 de la mañana había abierto la puerta de mi habitación asustada, porque íbamos a llegar tarde. Yo, con una calma poco habitual en mí, me había apresurado a ponerme la ropa, le dije que no se preocupara y a pesar del atraso llegamos justos para el acto.

Ella me dejó en la puerta del colegio, mientras encontraba parqueo, y desde ese momento la perdí de vista. El acto comenzó y se desarrolló tal y como estaba previsto, sin contratiempos. Nosotros por ser el último año, nos tocaba marchar de último. La verdad es que odiaba marchar, me la había pasado renegando del acto desde que tomé conciencia, me parecía el último reducto de la herencia de la dictadura.

Estaba un poco nervioso porque me tocaban los últimos versos de la poesía coreada y pensaba en eso cuando estábamos colocándonos en posición para empezar a marchar, fue entonces cuando la vi desde el otro extremo del patio. Todos se había retirado de allí porque el sol daba de frente y hacía un calor infernal, pero ella se mantenía firme, se había puesto unos lentes oscuros y las gotas de sudor le recorrían el rostro,  en la columna sobre la cual se apoyaba había tres globos: rojo, azul y blanco, y ella esperaba paciente que llegara mi turno. 

Cuando comenzamos yo decidí que marcharía con honor, que lo haría bien y que levantaría mi pecho, no por la bandera, ni por la patria, sino por ella. Me acercaba a pasos acompasado escuchaba los tambores redoblando y la tuba de la banda de música y yo marchaba, y ella estaba allí, esperando, cuando pasé a su lado la miré, vi lágrimas que recorrían su rostro y levante mi mano y me la puse en el pecho, era la señal que teníamos que hacer al pasar frente a la bandera. Mi amigo que estaba a mi lado, murmuró:  “todavía no, tonto”. Y yo lo ignoré, sonreí a mi madre y sentí que algo se encendió dentro de mí, me alegré de que estuviera allí, viendo mi último acto a la bandera.

Una voz que me gritaba, me sacó de los recuerdos. Vi la secretaria del colegio y dirigí nuevamente mis pasos hacia la recepción y cuando me disponía a subir las escaleras giré una vez más y volví a ver a mi madre en aquella columna, hace tiempo ya no estaba a mi lado, pero yo seguía recordando cada uno de los momentos vividos y compartidos con ella a través de los años. Pensé en ella con nostalgia y entonces comprendí, cuando ella afirmaba, que lo único que podemos dejar en la memoria de los que se quedan son los momentos vividos.

Perspectiva…

La semana pasada salí de viaje. Viví una experiencia que me ha dejado muy impresionada, porque tuve la oportunidad de compartir con un par de jóvenes realmente admirables. La historia, me la reservo, he pensado que puede ser caldo para uno de esos cuentos que se me ocurren, pero creo que tengo que dejarla madurar.

Mientras vivía esta experiencia encontré, en el libro de Oraizola, una reflexión muy acorde a la situación.

“Lo que había cambiado era el poder ver mi historia en la perspectiva de otras historias. Y aceptar que la vida tenía sus luces y sus sombras, sus días radiantes y sus noches oscuras, y hasta en los días radiantes había nubes, y en las noches oscuras destellos para hablar de esperanza” “… Necesitamos poner nuestras vidas en un horizonte amplio. Y necesitamos ordenar el deseo, para que nuestras urgencias no se conviertan en un absoluto que borre de un plumazo toda realidad ajena…”

Y lo que tengo en mi cabeza estos días, en los cuales aun andamos estrenando año, y yo me siento como si los días los estuvieran empujando a presión, porque no entiendo como es que ya estamos en febrero y yo tengo lleno mi calendario casi hasta julio… lo que tengo en mi cabeza, repito, es que muchas veces olvido que debo aprender a poner mi vida en perspectiva y en un horizonte mas amplio. Que si logro ver las historias de los demás y abro bien los ojos, podre aceptar las sombras de mi vida, los día nublados, las noches oscuras, pero también descubrir y disfrutar con intensidad los días radiantes, las noches despejadas y el sol  que nos ilumina muchos días.

¿Será que lograre llenarme de optimismo? Eso pido para mi en esta semana ver la vida en la perspectiva de otras historias… poner mi vida en un horizonte mas amplio.

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Fracasar es parte de una vida feliz

“Debemos aprender a asumir el fracasar como parte de la vida feliz y no como una tragedia que hubiera debido ser evitada a cualquier precio” Felicidad también de Noche. Oraizola.

A mediados del año pasado por una situación personal, deje un poco de lado mi vida tan planificada. De repente de golpe y porrazos comprendí, que a veces la vida es más frágil de lo que me gustaría admitir y que es un muy impredecible. Nuevamente me llega un nuevo año con sus 365 días completos por delante y el diablo de la organización no me deja quieto, reclamándome a gritos que llegó el momento de planificar. Intento resistirme, pero me rindo a sus pies.

Entonces me encuentro con estas reflexiones: “Asumir el fracaso como parte de mi vida feliz”. Pienso entonces, que si lo acepto, lo asumo de esa manera, puedo continuar con mi organizada vida y reconocer, que puede ser que las cosas no salgan como espero, o como quiero, pero que eso no significa que debo frustrarme, y que parte de mi crecimiento consiste en aceptar el fracaso. Y dice Oraizola: “Fracasar es parte de la vida de quien busca… y no es el fin del mundo… aprendemos en el fracaso a levantarnos y seguir caminando”

Pues hoy quiero creerme esto; aceptar que a lo largo de este año muchas de las cosas que planifique, tal vez no salgan como quisiera, aceptar que los planes, algunas veces, no puedan concretizarse, pero a pesar de todo debo caer y levantarme, limpiarme el polvo de las rodillas y seguir caminando.

“La vida tiene mucho de lucha, de batalla, de alternancia entre esos momentos de dicha y alegría explicita y los momentos de tormenta y de zozobra. La Felicidad verdadera no son solo los momentos de júbilo”

Aprender, que parte de una vida feliz también consiste en fracasar!!!

Feliz Navidad !!

Hace mucho que no escribo en mi blog… tal vez hoy es un buen dia para retomarlo.

He pasado todo el día pensando que debo sentarme a escribir algo para la bendición de la cena de nochebuena, pero siento que en este fin de año estoy triste y no quisiera transmitir ese sentimiento a mi reflexión. Asi que vamos a ver que sale.

 Hace unos meses mi hermano  dijo que la vida de todos cambiaria a partir de este año, y la verdad es que ha sido un año que nos ha puesto a prueba la fe, la esperanza y la voluntad.

 Personalmente creo que he aprendido que la vida es en realidad pasajera, más de lo que podemos imaginar, que, si no hacemos lo que soñamos ahora, puede ser que mañana sea tarde, que no importa los planes que hagas en este instante, en el siguiente, cualquier situación podría desbaratarlos y tendrás que volver a comenzar. Que lo único importante es el tiempo de calidad que le das a los que están a tu lado y a los que amas, porque es lo único que podrás llevarte cuando te toque el turno. Que las cosas materiales, son materiales y perecederas y lo único que vale son las personas y el amor que puedes darle a los demás. Que la familia es la única que siempre estará ahí cuando más la necesites.

 También he comprendido que Dios es un Dios de Amor, que todo lo malo que ocurre en el mundo no es su responsabilidad, que, aunque sea duro admitirlo él no es todopoderoso, porque si el pudiera quitar la maldad del mundo, simplemente no dejara que ocurriera. Él no puede sanarnos, ni quitarnos los males como si fuera milagro, porque si así pudiera ser no dejaría que el mal llegara a nuestra vida. Asi que he decidido que lo único que voy a pedirle es fortaleza para enfrentar todas las cosas que lleguen a mi vida.

 Hoy celebramos como cada año que Dios vino hasta nosotros en forma de un niño inocente, en medio de una realidad que podemos decir que es la que viven muchas personas hoy en día: pobreza, miseria, estar lejos de la patria que los vio nacer, violencia, terrorismo, pero Jesús hoy quiere volver a nacer y decirnos que, aunque parezca imposible, él quiere decir: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Así que, creo firmemente que, si transitamos por este mundo con buena voluntad, es posible que podamos ser transmisores de esa paz.

Feliz Navidad para todos y mis deseos de que esa paz llegue a vuestros corazones.

Ahi donde Dios me ha puesto debo florecer

“Debemos reconocer que uno puede tener mucha claridad de ideas, un criterio firme y bien formado para valorar y analizar la realidad, y toda la coherencia del mundo, pero eso no significa que poseamos la única y absoluta verdad” Contemplaciones en papel. Oraizola

La mayoría de las veces nos cuesta aceptar que podemos estar equivocados en nuestro punto de vista. Discutimos sobre un tema con alguien y esa persona plantea su posición y cada uno piensa que su versión de la realidad es la cierta y que el otro siempre está equivocado.

Por principio siempre escucho empáticamente la posición de los demás y trato de entender su punto de vista, aunque en ocasiones no las comparta.  Pero no sé porque, me molesta tanto cuando los demás critican mi país, debo reconocer que en esas ocasiones me coloco en una posición un poco intransigente.

Hace unos días estaba de viaje. Cuando llegue a España, desde el momento en que bajé del avión y tuve que recorrer medio aeropuerto, pasar migración, tomar un tren por el cual tuve que esperar más de 15 min, transcurrieron aproximadamente 45 min, entonces llegue al punto donde debía recoger la maleta, y aun tuve que esperar 10 min más. Estimo que si hubiera estado frente a las correas por donde llegaban las maletas, desde que bajé del avión, probablemente hubiera tenido que esperar casi una hora.  Cuando vine de regreso a Santo Domingo, evidentemente el aeropuerto es pequeño, en minutos había atravesado el aeropuerto y migración y estaba frente a la correa donde recoger las maletas y junto a mi, los dominicanos que viven en España y que vienen de vacaciones, inmediatamente comenzaron a quejarse de que la maleta tardaba mucho en salir y que este país era una porquería, y que no hay luz, y los mosquitos, etc, y en un momento dado, no me pude aguantar y en voz alta dije: “Si les molesta tanto el país a que vienen y no se quedan en su segunda tierra que eligieron!!!”. No tengo que decir que algunas personas me miraron como si estuviera loca.

Podría citar muchas historias de este tipo, pero entonces solo voy a redundar. El hecho es que creo que uno debe aprender a vivir y a valorar la realidad en la que a uno le toca vivir. Cuando estaba adolescente un día mi papa me regaló una imagen de Snopy sobre un árbol que decía: “Ahí donde Dios me ha puesto debo florecer”. Y sé que muchas personas pensaran que digo esto porque estoy bien, y eso me molesta todavía más porque, donde estoy ahora creo que me lo he ganado a golpe de trabajo y sacrificio y yo también en su día tuve necesidades.

Yo respeto a todo el que decida inmigrar a otro país, soy solidaria y soy de las que cree que debemos acoger al inmigrante que se va de su país en busca de un mejor futuro; al haitiano, al español, al venezolano, al colombiano y a cualquiera. Pero lo que me niego a aceptar es que uno se pase los días criticando el suelo en el que le ha tocado vivir. Lo que nos corresponde es tratar de transcurrir por la vida intentando dejar una huella y en lugar de criticar, desde mi lugar y mi trabajo tratar de hacer del nuestro un país mejor.

Sé que hay muchas cosas que deben cambiar y mejorar en nuestro país, pero también en los otros países se adolece de muchas de nuestros problemas o de otros peores y yo me niego a ver la vida solo del lado pesimista. Cuando alguien de fuera me pregunta ¿Cómo está República Dominicana? Mi respuesta es estamos mejor que hace 10 años, pero aún nos falta mucho por hacer: hay corrupción, falta mucho en temas de educación, salud, justicia, leyes, pero sin lugar a dudas en muchas cosas hemos mejorado y yo sigo creyendo que si se puede hacer algo.

Hoy tal vez es un buen momento para pensar en nuestro país, probablemente muchos estemos en la seguridad de nuestro hogar, pero, cuántas personas están en refugios con la incertidumbre de haber perdido lo poco que tenían. Pasemos del pensamiento a la acción y veamos qué podemos hacer para ayudar. Por mi parte seguiré defendiendo mi tierra como siempre lo he hecho, con pasión y amor, porque sigo creyendo que “Puedo florecer aquí donde Dios me puso”

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Deseo

“Sería maravilloso decir que todos somos perfectamente equilibrados y que sabemos acoger las alegrías y sobrellevar las penas con dignidad, que aprendemos de los golpes y salimos de ellos más fortalecidos. Sería maravilloso, pero no es verdad. La verdad es que las heridas no siempre se curan. A menudo cierran en falso y a veces siguen supurando durante más tiempo del que sería normal” Contemplaciones en papel. Jose M. Oraizola

Cuando uno está en medio de la vida normal y corriente y no ocurre nada más que la rutina de cada día, a uno le gusta filosofar. Decir que somos fuertes y podemos enfrentar cualquier viento fuerte o huracán que nos llegue, porque tenemos fe y confiamos en Dios. Pero cuando estamos en medio del huracán, nos damos cuenta que es más fácil hablar que actuar. Sobre todo, cuando a la tormenta le da por tocar a seres que queremos y son muy cercanos.

En esos momentos es cuando nos toca demostrar que de verdad somos personas de Fe. Por eso hoy pensé en esta reflexión de Oraizola. Sería maravilloso decir que todos somos capaces de sobrellevar las penas con dignidad, pero la verdad es que no es fácil, de hecho, a veces es muy difícil.

A uno le cuesta entonces andar por ahí diciendo: “Que se haga la voluntad de Dios” porque uno quiere que la voluntad de Dios sea, que nuestros seres que tanto queremos milagrosamente se sanen, uno no puede pensar o imaginar cómo es posible que la voluntad de Dios sea que yo sufra o que la persona a la que yo quiero sufra. Así que uno va por ahí pidiendo que sea haga la voluntad de Dios, pero queriendo que, en el fondo, también sea la nuestra.

Por eso en los últimos tiempos he cambiado mis oraciones, y lo único que pido a Dios es que me dé la fortaleza para enfrentar todo lo que pueda llegar a mi vida que me haga sufrir, que me dé fortaleza para apartar de mi vida todo lo que me aleja de EL. Hoy quiero también pedir que me ayude a sobrellevar las penas con dignidad y que de los golpes pueda salir fortalecida. Confío en que, esta vez,  la voluntad de Dios sea la mía y que Don Henry pueda salir de esta enfermedad y podamos disfrutar de un hombre maravilloso por un rato más. Como dice mi hijo que podamos volver a escuchar su voz una vez más. AMEN

La familia

Ayer pensé mucho en mi abuela. Murió hace algunos años, pero siempre la recuerdo con cariño.

Me acorde que todos los años quería que le pusiera el arbolito de navidad en su casa, que para reyes les compraba regalos a todos los nietos y luego cuando estos fueron grandes, les compraba a los biznietos, yo iba con ella a la tienda de juguetes a elegir los regalos. También recuerdo que me encantaba ir los sábados a su casa y ella me guardaba la comida del medio día y plátanos sancochados, que me gustaba mezclarlo con arroz. Luego me sentaba a escuchar el tocadiscos y ella me decía que cuando ella se muriera me lo iba a dejar en herencia. Todos los años me regalaba unos zapatos para mi cumpleaños que se lo compraba a una señora que los traía de New York, pero ella nunca podía esperar que llegara el día del cumpleaños y me llamaba unos días antes para que me los probara, “necesitaba confirmar si me servían”. Cuando yo me los probaba, ponía una cara de que estaban preciosos, y entonces ella me decía; “¿Tú te lo quieres llevar ahora? Si quieres llévatelo, pero el día del cumpleaños no te doy nada”. Entonces cuando llegaba mi cumple ella les decía a todos: “Yo el mío hace días que se lo di”

Tal vez he contado esta historia muchas veces, pero esta semana la recordé particularmente porque ayer mi hijo pequeño me dijo que: “uno no sabía lo que tenía hasta que lo perdía”, se refería a su abuelo, y se lamentaba de aquellas veces en las que no fue a visitarlo, o no conversó con él. Hoy, el está en cama, no puede hablar y lo único que anhela es poder escuchar su voz una vez más.

El día en que mi abuela se murió, pensé que en el fondo, me sentía feliz porque todo lo que había podido darle, lo hice mientras ella estaba viva. La quería muchísimo y se lo demostré cada día que compartimos.

Esta mañana leyendo a Oraizola él decía: “La familia es tu gente, tu raíz, a la que siempre puedes volver porque siempre está ahí”.

Hoy quiero darle gracias a Dios por la familia en la que me ha tocado vivir, por mis hijos, mi familia pequeña; mis padres, hermanos, cuñados, sobrinos, la familia ampliada porque siempre han estado ahí cuando los he necesitado. Hoy en un buen momento para decir: “Los quiero muchísimo a todos”, y que sepan que pueden contar conmigo para lo que necesiten.