Creer aunque no lo vea

Esta mañana escuchaba la lectura de Tomas. Le dijo a sus compañeros que si no metía sus manos en las llagas de Jesus no creería nada. “Dichosos los que creen sin haber visto” le dijo Jesus una semana mas tarde. La reflexión de Rezando Voy, mencionaba, como muchas veces nosotros teníamos la necesidad de utilizar nuestros propios sentidos y experiencia para decidir por nosotros mismos lo que es verdad y lo que no lo es, sin dar crédito a las experiencias de los demás. A veces las cosas de Dios se ven en la vida de los demás.

Pensaba que aveces es difícil tener Fe cuando vivimos momentos difíciles en nuestra vida. Creer que las cosas ocurrirán y tener que esperar el tiempo que no tenemos o que creemos no tener. Tal vez hoy es el día de seguir el ejemplo de tantos que han aprendido a creer sin ver. Hoy le pido a Dios que me ayude a creer sin ver.

Mis deseos son que esta semana Dios me de la fortaleza para seguir adelante en esta dura cuesta que nos ha tocado subir. Debo recordar que no debo mirar la cima de la montaña, aquella para la que no se cuanto  me falta, que debo seguir caminando y enfocarme en el camino.

La cotidianidad…

En estos días he estado leyendo mucho sobre la cotidianidad. Mi inquietud comenzó con una charla que escuché hace unas semanas del Padre David Pantaleón, sj.: “Espiritualidad y vida cotidiana: Ver a Dios en las Humildes Realidades de la Vida”. Al escucharlo pensaba lo difícil que se me hace descubrir la presencia de Dios en medio del ruido de la vida. Sé que es una frase que he repetido mucho en mis escritos, en la soledad de mi habitación es fácil encontrarse con EL.

David hacía referencia al libro de Benjamín González Buelta, “La letra pequeña”, la tenía pendiente en mi lista de lectura, así que decidí que era el mejor momento para comenzar. Por aquello de que se acercaba la cuaresma y quería, un poco,  encontrar el camino y qué cosas debía mejorar en mi vida.

“Volver a las personas sencillas… Dejar secar mis afanes… Escuchar con calma… desacelerar la vida”. Se escriben tan fácil estas palabras, pero que difícil resulta a veces aplicarlas.

Dice Benjamín: “De lo que se trata es de recuperar la contemplación y el seguimiento de Jesús, la esencia de la vida que se nos difumina mientras nos vemos deslumbrados por la volatilidad de sensaciones brillantes y efímeras que llevan dentro entrañas de negocio de seducción o de poder”

Siento que vivimos demasiado deslumbrados por las sensaciones “brillantes y efímeras”, el tener y el poder nos seduce y nos olvidamos que esas no son las cosas importante.

Mi propuesta de cuaresma es abrir los ojos y observar las cosas sencillas y encontrar a Dios en ellas. Vivir el camino tratando de encontrar paz, esa que solo conduce a Dios, descubrir aquellas cosas que me alejan y tratar de enderezarlas… y asi… volver a las personas sencillas, dejar de lado los afanes, escuchar con calma y desacelerar la vida.

 

¿Educar con el ejemplo es suficiente?

Cuando era adolescente, mi mamá me peleaba mucho, ella siempre se ha caracterizado por ser un poco más peleona de lo normal. Pero después que crecí debo darle el crédito, que en algunos casos, tal vez tenía razón. Peleaba porque yo era desordenada. Yo casi no puedo creer que alguna vez en la vida me hubieran peleado por eso, porque los que me conocen saben que soy una persona extremadamente organizada.

Muchos podrán afirmar que mi madre lo hizo bien, me inculcó la organización a su manera y ahora no puedo convivir con el desorden. Lo que ocurre es que su forma de enseñar dejo demasiadas huellas en mi vida no tan agradables, cuando han pasado los años recuerdo más a mi madre peleándome, así que cuando me tocó educar a mis hijos no quise replicarla. Preferí que mis hijos se acordaran de mi siendo cariñosa. Eso lo decidí un día que mi hijo mayor me dijo que yo me pasaba el día peleando, estaba repitiendo un comportamiento aprendido, me prometí entonces a mí misma que iba a dejar de hacerlo.

Aunque escandalice a muchos, mi casa está organizada de la puerta de mis hijos para afuera, hemos llegado a un pacto, ellos pueden tener su desorden donde yo no lo vea. De vez en cuando yo hago una incursión en sus habitaciones y las organizo y ellos se sienten bien cuando ven las ventajas de que el cuarto este organizado.

¿Porque he pensado en esto en el día de hoy? Porque yo había creído que uno puede educar simplemente con el ejemplo. Pensaba que el hecho de que los hijos vieran a uno trabajando, estudiando y sacrificado, era suficiente para que aprendieran lo mucho que le ha costado a uno llegar hasta aquí. Sin embargo, hoy no estoy tan segura de que sea así. Lamentablemente no hay ningún curso donde uno se inscriba para aprender a ser papá y mamá y la única forma de aprender es equivocándonos y volviendo a deshacer el camino y comenzando de nuevo una y otra vez. Cuando uno tiene más de un hijo, entonces intenta no cometer los mismos errores que cometió con el primero.

Uno mira a los hijos y reconoce en ellos muchos de nuestros defectos, a veces hasta de forma irreverente te sacan en cara que son de una u otra forma porque lo han aprendido de nosotros. Y yo pregunto, ¿porque no aprenden más pronto nuestras virtudes y no nuestros defectos? y digo más pronto, porque igual como yo aprendí a ser organizada no pierdo las esperanzas de que cuando ellos vivan lejos y tengan su espacio recuerden que en casa todo estaba organizado y quiera repetir eso que vivieron.

Hoy tal vez mis escritos no terminen tan optimistas como otras veces, porque pienso que hay algo que de repente debo hacer diferente, ¿ser más estricta quizás? , y lograr que un adolescente comprenda que a pesar de que muchas personas en la sociedad quieren hacernos creer que hay caminos fáciles para conseguir las cosas que uno aspira en la vida, lograr la meta sostenida solo es posible: estudiando, con sacrificios y mucho trabajo, el que lo logra de una manera distinta, solo consigue un éxito que se puede esfumar con un abrir y cerrar de ojos.

Oportunidad para cambiar la mirada

Esta semana comenzó formalmente el trabajo, se terminaron las vacaciones. Como siempre que comienza el año tengo mis propósitos. Dice mi hijo mayor que uno solo debe tener un o dos propósitos en el año así es mas fácil cumplirlos. Un amigo que quiero mucho dice que el arranca su año sin propósitos, las cosas siempre le han salido bien así, pero yo siento que si no hago mis propósitos del año soy como un barco que está a la deriva y no sabe a donde va.

Mis propósitos no son tanto, pero siempre trato de que abarquen todos los aspectos de mi vida, como mamá, mujer, empresaria, mi vida espiritual etc., así que hay muchas cosas por hacer, la verdad es que para mi funciona bien y me siento contenta cuando a final de año paso balance y veo con alegría que los he cumplido, algunos se quedan cortos y pasan para el siguiente año.

Lo cierto es que el lunes escuchando la lectura, la reflexión hablaba de un nuevo año que nos daba la “oportunidad de cambiar la mirada”, cambiar la forma en que percibíamos la vida y aquello que nos rodea. Pensaba entonces que muchos de mis propósitos a veces parecían repetidos, pero cuando consideraba eliminarlos sentía que no podía o no quería, y creo que la razón es que muchos de ellos pueden parecer lo mismo, pero por determinadas circunstancias los veo con una mirada distinta.

Tomo como ejemplo la relación con mis hijos, un propósito es dedicar tiempo de calidad a ellos, algo que cada año me planteo, ¿Por qué no lo logré el año anterior? Creo que no, si saco balance del 2015 tengo la certeza de que dediqué a mis hijos tiempo de calidad, pero ellos son distinto de lo que fueron el año pasado y yo también soy una persona diferente, así que el tiempo de calidad que quiero dedicarle en el 2016 probablemente será diferente.

Así que como propósito transversal de este año quiero tener la oportunidad de ver la vida desde otra perspectiva, cambiar la mirada, eso me permitirá hacer las cosas de una manera distinta.

Mantener una sonrisa :) a pesar de todo

Me siento frente a la compu y las circunstancias parecen empujarme a hablar de la tristeza y la muerte. Hoy estoy triste, pero contradictoriamente no quiero hablar de esto, porque necesito combatir a todos los que se empecinan en llenarnos de tristeza.

Situaciones de violencia siguen empañando este fin de año, noticias que nos impactan, amigos que pierden a sus seres queridos, expreso mi solidaridad y apoyo a todos, pero hoy necesito hablar de la alegría 😦

El fin de semana estaba de visita en una casa y una chiquilla a la que quiero mucho me dio una gran lección de vida, me enseñó, en un instante, que lo último que debemos perder es la esperanza y que con optimismo y alegría todas las batallas están ganadas.

El sábado, en la iglesia, José Manuel hizo referencia a un libro de Martin descalzo que se llama “Razones para la Alegría”.

Dice Martin descalzo que los humanos no nacemos felices o infelices, que en nuestra vida aprendemos a ser una cosa o la otra, que la dicha es algo que se construye ladrillo a ladrillo, como una casa.

Eso me hizo pensar en aquella chica, que con su actitud ha logrado construir la felicidad ladrillo a ladrillo, a pesar de que las condiciones puedan serle adversas. Nosotros sin embargo, pasamos la vida dejándonos arrastrar por la tristeza, porque creo que tristeza podría también construirse ladrillo a ladrillo y formar una pared infranqueable que nos aísle.

“Una de las claves, dice Martin Descalzo, es precisamente no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarnos la vida soñando con la felicidad entera”

Y es eso, debemos disfrutar y maximizar esos trozos de felicidad que nos llegan, aprovecharlos y no dejarlos pasar esperando que llegue “la felicidad entera”. Mi amigo, que perdió a su padre, se sentía contento de haberle dado todo lo que pudo durante su vida, se alegraba de esos trozos de felicidad.

Martin Descalzo, enumera entonces, algunos caminos por lo que podemos caminar hacia la felicidad, (no los voy a mencionar todos):

  1. Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma, y dejar de estar destacando lo malo que nos ocurre, seguro que a lo largo de nuestros días siempre hay algo positivo que nos pasa.
  2. Asumir serenamente las partes negativas de nuestra existencia. No somos perfectos, aprendamos a vivir con nuestros defectos y aceptémoslo de forma serena.
  3. Vivir abiertos hacia el próximo. Cuanta dicha hay en darnos a los demás, dejemos de lado el egoísmo y abrámonos hacia los otros.
  4. Creer descaradamente en el bien. ¿Por qué el mal sigue triunfando en la vida? Tenemos que seguir creyendo que a pesar de todo el bien existe.
  5. En el amor preocuparnos más por amar que por ser amados.
  6. Procurar sonreír con ganas

La máxima expresión de la felicidad es la sonrisa.

“Una buena sonrisa es más un arte que una herencia”, “La gente que ama mucho sonríe fácilmente”, “Puedes vivir años sin poder regresar de una sonrisa, por eso debe ser fácil enamorarse de quien posee una buena sonrisa”

Señor ayúdanos a que en medio de todo, la alegría nunca se aleje de nuestro corazón y enséñanos a mantener una sonrisa a pesar de las dificultades.

Cremora: La tradicional… recuerdos

11:30 a.m. me preparé una taza de café. Pero no tengo deseos de tomar café negro aunque es mi preferido. Saco un frasco de “Cremora”. Y vierto una pequeña cucharada. Observo como la crema se va mezclando con el café y como el negro retinto se va convirtiendo en crema. Miro de nuevo el frasco: “Cremora: La tradicional” y de repente esas palabras desatan una cadena de recuerdos.

Domingo en la tarde. Calle Bartolomé Colon. Todos los adultos duermen y los chicos nos dedicamos a vagar por la casa y explorar aquellas habitaciones llenas de cosas prohibidas pero atractivas.

Mis hermanos juegan tirándose de sentaderas por las escaleras o por el pasamanos, aunque nos lo tienen prohibido. Tratan de no hacer bulla para no despertar a la abuela y al abuelo que está enfermo en la habitación del fondo. Y mientras, yo vago por las habitaciones desocupadas abriendo gavetas en silencio, espiando, descubriendo secretos de otros tiempos y otras personas, secretos que nunca entenderé pero que llenan mi curiosidad.

Me aburro de abrir gavetas. Ahora mis hermanos están en la segunda planta. Todos los adultos continúan durmiendo, las chicas del servicio no se donde se han metido. Así que me voy a la cocina. Encuentro la mesa del comedor pequeña, no la grande, donde normalmente almorzamos los pequeños, está justo al lado de la cocina y allí está el frasco: “Cremora: La tradicional”. Me escabullo hasta la cocina y escarbo entre los anaqueles hasta que encuentro una pequeña cuchara. Regreso sigilosa a la mesa. Tomo el frasco de Cremora e introduzco la cuchara y de ahí a la boca. Siento el sabor a leche derretirse poco a poco en mi boca. Solo la dejo disolver sin mover la boca o los labios no vaya a aparecer alguien y me descubra. Miro de repente la cuchara en mis manos y no puedo resistirme voy por una segunda cucharada de “Cremora La tradicional”… recuerdos solo recuerdos.

¿Renovación de un compromiso?

Creo que hacia mucho que no pasaba tanto tiempo con mi blog abandonado. Hace unos conversaba con mi hijo pequeño y estaba buscando algo que escribí hace un tiempo para leerle.

Al ir buscando en los post mas antiguos pensé que la vida de aquellos a los cuales nos gusta escribir suele estar implícita en nuestros escritos. Revisar el blog, fue como repasar un poco mi vida en estos últimos 7 años. De repente me vi pasando de la ilusión, al asombro y a la incredulidad, de la alegría a la tristeza, de la vida segura a verme tambaleando, de la compañía a la soledad, vi a mis hijos cumplir años y crecer, graduarse e irse de mi vida, vi las navidades pasar, mis felicitaciones de cada nuevo año, el adviento y la cuaresma, vi mi blog crecer entre marzo y abril de cada año, mi ilusión de ser escritora y mis historias, todos los libros leídos y lo aprendido. Fue como ir viendo mi vida en una película.

Hoy pensaba que este ha sido uno de los años mas difíciles de mi vida. Creo que es una mezcla de cansancio y tal vez la crisis de la media edad. El año, los días se me han escapado uno a uno como agua que se escurre entre mis manos sin que haya ninguna forma de retenerla, dejando solo esa sensación de humedad y el deseo de retenerla, pero sabiendo que esta desparramada en el suelo, sin posibilidad de volver a recolectarla.

En una semana septiembre lo tendré a la puerta de mi año, y en un abrir y cerrar de ojos el fin de año será una realidad y dejara de ser un sueño.

Hoy solo quiero escribir estas líneas y de esa forma ver si logro hacer una renovación de mi compromiso de escribir y retomar mis metas personales, y sentir que la vida no es solo trabajar sino que debo sacar el tiempo para esas cosas que son la que llenan mi vida y mis días como he dicho en otras ocasiones esas cosas importantes que son las que podre llevarme a la eternidad.