De alguna forma hay que empezar

Llovía mucho, por un momento pensé que la actividad se cancelaria, al fin y al cabo somos un país de supersticiones: “Las mujeres embarazadas no deben salir cuando está lloviendo”. Pero Loraine nos llamó y nos dijo que en San Cristóbal había salido el sol, así que, aunque en Santo Domingo aún llovía decidimos salir a por nuestro proyecto.

Recogimos a Lía y después de sortear unos cuantos tapones logramos llegar a la carretera y tomar rumbo.  Llegamos retrasados, pero allí, en la rotonda de la Constitución estaban Loraine y Paula con sus camisetas de la pastoral, esperándonos bajo una sombrilla, porque volvía a llover.

Nos adentramos entre calles, dobla aquí, sigue derecho, ahora a la izquierda y luego a la derecha, y luego las calles se hicieron pequeñas callejuelas por las que solo transitaba un vehículo, aunque las calles estaban asfaltadas eran callejones. Finalmente, después de algunas vueltas y desvíos forzados, en el medio de la calle una tarima de alguna actividad que se celebraría en la noche, nos parqueamos frente a la escuelita.

Allí nos estaban esperando la hermana encargada de la escuela y las voluntarias. “Vamos a ver si vienen las mujeres, nos aclaró sor, porque cuando está lloviendo las mujeres no les gusta salir”.

Los chicos estaban nerviosos, sobre todo Fernando, pero fuimos organizando las cosas, dónde poner la cámara, mejor fuera porque hay más luz, y llevamos una silla. Debemos llenar los papeles, le pedimos a la única madre que había llegado si nos dejaba entrevistarla. Y así comenzamos.

Las mujeres fueron llegando poco a poco, de repente una de ellas llegaba y volvía a salir en busca de otra y así reunimos un grupo de unas ocho. Entrevistamos un par sin mucho éxito, porque estaban tímidas y no hablaban mucho, hasta que dimos con una dicharachera que nos contó muchas cosas sobre su experiencia.

Luego entrevistamos a dos voluntarias, una de ellas nos cantó una salve y a Fer por poco se le saltan las lágrimas.

Al final Paola sugirió que fuéramos a una casa a entrevistar a una de las chicas que había dado a luz y había participado en los encuentros anteriores. Nos dejó entrar a su casa y nos enseñó su hermoso bebé de 6 meses, al que cargamos e hicimos gracias.

Mientras los chicos entrevistaban a la mamá, yo me fui a ver el rio que se asomaba por detrás de las casas, Paola me contó que cuando llovía el rio crecía y se metía en las casas y se había llevado el puente. En la orilla se veía la basura de todo tipo: “nosotros tenemos la culpa de que esas cosas pasen, dijo Paola, mire toda la basura que tiramos, no cuidamos el medio ambiente” y pensé que sus palabras eran ciertas.

Observé alrededor toda esa realidad a la que somos ajenos, vivimos en nuestro mundo, en nuestra burbuja de trabajo, estrés y preocupaciones y la mayoría de las veces nos olvidamos, y preferimos ignorar que junto a nosotros convive esa realidad. Mientras miraba el rio me encontré con una niña, tendría unos 6 años, jugaba con unas canicas y se habían caído dentro de un agua que estaba asentada y muy sucia y ella intentaba sacar las con un palo.

  • ¿Qué haces? — le pregunté
  • Buscando las bolitas.
  • Y ¿qué pasó, se cayeron dentro del agua?
  • Si
  • Bueno, pero tienes que buscar un palo más fuerte y grande para poder sacarlas, no es bueno que metas las manos en esa agua tan sucia, ven vamos a ver si encontramos uno.

Y así fue como mi amiguita y yo conseguimos un pedazo de madera y por unos minutos me olvidé de mi otra vida, de mis problemas, mis preocupaciones y mi estrés y fui de nuevo una niña intentando sacar dos “bolitas” del agua.

2018-02-27-PHOTO-00000068

La tarde terminó y volvimos, con la triste sensación de que hacemos muy poco, pero al mismo tiempo el sentimiento de que por algún lado hay que empezar.

Alegría

En los últimos días mis escritos han sonado un poco tristes… esta mañana me levante pensando que rumiar tanto sobre la tristeza espanta la alegría. Así que hoy decidí escribir sobre la alegría. No se donde leí alguna vez que solo aquello por lo que un día sentimos tristeza traerá alegría a nuestro corazón y viceversa.

Al pensar en escribir sobre la alegría pensaba en la inocencia de los niños y las cosas que se le ocurren aun en momentos en los que uno esperaría estar triste. Supongo que todos los niños de ahora son mas geniales que lo que éramos nosotros cuando pequeños, o tal vez simplemente me parecen geniales porque son mis hijos,  pero la verdad es que a veces me asombran las cosas de mi hijo pequeño y como me hace reír.

No se porque al crecer vamos perdiendo esa facilidad con que nos reímos de cualquier cosa. En esta última semana me ha tocado quedarme en la oficina a almorzar con mi equipo de trabajo, todos son muchachas y muchachos mucho mas jóvenes que yo y terminan hablando pavadas y riéndose de cualquier tontería. Al final he terminado contagiada en medio de su alegre risa.

¿Porque queremos tomar tan en serio la vida? creo que debiéramos guardar un poco de ese niño, adolescente o joven sin preocupación en nuestro interior, y en los momentos difíciles recordar que no hay nada como reír. Alegrarnos al recordar nuestro viaje al Pico y todo el trabajo que pasamos, nuestras travesuras nocturnas sin que los papas se enteraran ó cuando llegamos tarde a casa… tan tarde que que la mamá nos espero en una mecedora sentada.

Es maravilloso reír. Hace tiempo que no lo hacía y hoy fui con mis hijos a ver la película UP, es muy linda y me hizo recordar que las alegrías se entrelazan con la tristeza, que la vida no puede ser toda alegría, pero tampoco toda tristeza, que hay que seguir adelante a pesar de las dificultades… y que no importa que los seres que amamos ya no estén a nuestro lado la alegría y la diversión debe continuar.

Doy gracias a Dios hoy por permitirme poco a poco que la alegría regrese a mi corazón.