La familia

Ayer pensé mucho en mi abuela. Murió hace algunos años, pero siempre la recuerdo con cariño.

Me acorde que todos los años quería que le pusiera el arbolito de navidad en su casa, que para reyes les compraba regalos a todos los nietos y luego cuando estos fueron grandes, les compraba a los biznietos, yo iba con ella a la tienda de juguetes a elegir los regalos. También recuerdo que me encantaba ir los sábados a su casa y ella me guardaba la comida del medio día y plátanos sancochados, que me gustaba mezclarlo con arroz. Luego me sentaba a escuchar el tocadiscos y ella me decía que cuando ella se muriera me lo iba a dejar en herencia. Todos los años me regalaba unos zapatos para mi cumpleaños que se lo compraba a una señora que los traía de New York, pero ella nunca podía esperar que llegara el día del cumpleaños y me llamaba unos días antes para que me los probara, “necesitaba confirmar si me servían”. Cuando yo me los probaba, ponía una cara de que estaban preciosos, y entonces ella me decía; “¿Tú te lo quieres llevar ahora? Si quieres llévatelo, pero el día del cumpleaños no te doy nada”. Entonces cuando llegaba mi cumple ella les decía a todos: “Yo el mío hace días que se lo di”

Tal vez he contado esta historia muchas veces, pero esta semana la recordé particularmente porque ayer mi hijo pequeño me dijo que: “uno no sabía lo que tenía hasta que lo perdía”, se refería a su abuelo, y se lamentaba de aquellas veces en las que no fue a visitarlo, o no conversó con él. Hoy, el está en cama, no puede hablar y lo único que anhela es poder escuchar su voz una vez más.

El día en que mi abuela se murió, pensé que en el fondo, me sentía feliz porque todo lo que había podido darle, lo hice mientras ella estaba viva. La quería muchísimo y se lo demostré cada día que compartimos.

Esta mañana leyendo a Oraizola él decía: “La familia es tu gente, tu raíz, a la que siempre puedes volver porque siempre está ahí”.

Hoy quiero darle gracias a Dios por la familia en la que me ha tocado vivir, por mis hijos, mi familia pequeña; mis padres, hermanos, cuñados, sobrinos, la familia ampliada porque siempre han estado ahí cuando los he necesitado. Hoy en un buen momento para decir: “Los quiero muchísimo a todos”, y que sepan que pueden contar conmigo para lo que necesiten.

¿Cómo quiero ser recordada?

El 31 de diciembre del 2016 pasé el año viejo en casa de mi hermano, no es que tuviera muchas expectativas de esperar el 2017, pero mi hermano, mi cuñada y yo no queríamos matarles a los papas la ilusión de la tradicional espera de las 12 de la noche, y las concebidas felicitaciones y buenos deseos entre nosotros mismos; deseos de que las cosas malas del 2016 se quedaran por ahí perdidas y que las buenas se repitieran y que el nuevo año trajera solo otras buenas.

Después de cenar, no recuerdo cómo vino el tema de “que el tiempo pasado siempre fue mejor” y de otros tiempos en los que las tradiciones eran importantes, y Don Jafet comenzó a acordarse de las canciones que cantaba en el colegio, resultó que eran las mismas que yo había aprendido a pesar de la diferencia de más de 30 años. Nos pusimos a cantar a buena voz: papi, mami, Guillermo, Don Jafet y yo, y él estaba contento recordando y cantando conmigo.

¿Quién nos podía decir que cuatro meses después… lo perderíamos? El viernes en la mañana cuando me enteré de que había muerto, en medio del llanto, me puse a cantar las canciones que unos meses atrás había coreado con él.

¿Qué más podemos darles a nuestros viejos queridos, que la alegría de estar con ellos cuando todavía es posible? Visitarlos, aunque sea una tarde lluviosa, llamarlos cada día para escucharlos al otro lado del teléfono y saber que están ahí, para que nos cuenten las mismas historias o las dolamas del momento, pero poder escucharlos cuando todavía es posible. Celebrar con ellos el cumpleaños, las navidades, las madres porque nunca sabremos cual será la última.

Creo que nunca estaremos preparados para que nuestros seres queridos se marchen, ni siquiera los que decimos tener fe nos consuela, que va a “Brillar para ellos la Luz Eterna”. Pero mientras pasaban las últimas horas de despedidas en esas conversaciones de funeraria, donde queremos hablar de otras cosas para olvidar un poco el dolor, Memo comentaba que en su opinión Don Jafet había vivido una vida feliz: había disfrutado de sus hijas y de sus nietos, los había visto nacer y crecer, incluso a las más pequeñas, había visto a sus hijas progresar, vivía una vida tranquila, visitaba a sus hijas y compartía con ellas, era feliz, escuchaba música, cocinaba, qué más puede pedir uno al final de sus días.

Tal vez escribo y repito esta reflexión para pensar un poco en mis padres y en su vida. Sé que más temprano que tarde estaré ahí, viviendo lo que las chicas vivieron este fin de semana y como dijo Ara, comprenderé lo duro que es estar sentado en ese mueble negro de la funeraria. Y no es que quiera ser pesimista ni pensar en estas cosas antes de tiempo… sino que por el contrario quiero pensar que mis padres viven una vida maravillosa, han visto crecer a sus cuatro hijos y a sus nietos, Dios les ha dado una vida larga dentro de lo posible llenos de salud y yo me siento más que agradecida, y doy gracias a Dios cada día.

Dentro de toda la tristeza en la que se revistió el fin de semana, fue maravilloso saber que a Don Jafet todos lo podrán recordar como un hombre bueno y como describió su yerno: “lleno de ternura”.

Finalmente, pensé que era un buen momento para pensar en mi vida, y en qué cosas debo cambiar, porque creo que lo único que deberíamos hacer durante el transitar por este mundo es intentar hacer el bien, llevar paz y amor a los que nos rodean y que el día en que nos toque, porque es lo único seguro que tenemos en esta vida, los demás, los que se quedan quieran recordarnos por la bondad y la ternura que esparcimos por el mundo.

¿Porqué la ausencia…? más que justificada

Miro mi Blog y apenas puedo creer que desde el 05 de julio no escribo nada, eso hace mas de un mes. En realidad si he escrito algo, tengo tres cuentos crucificados por mi profesora de le Escuela de Escritores, que tengo que revisar, pero quiero hacerlo con calma y subirlos cuando ya estén bien.

La razón de mi ausencia es que estaba de vacaciones, y antes de las vacaciones estaba terminando todo para poder irme de vacaciones, y después de las vacaciones poniéndome al día en todo lo que dejé pendiente, y todo esto me pone a pensar que así pasamos por la vida y ni siquiera nos damos cuenta: Preparándonos para lo que viene, y nos afanamos tanto que aveces no nos damos cuenta de que “lo que viene”, llegó y ya lo estamos viviendo.

Pero no puedo decir eso de mis vacaciones, las esperé con deseos y me fui a compartir 15 días con mi hijo Fer y visitar a los hermanos, en realidad: no hice nada!!, al menos no nada de lo que la gente común espera de unas vacaciones, solo tengo en mi haber que  conocí la Estatua de la de Libertad, jajaja, dice mi mejor amigo, que soy la única persona que fui a New York y no conoció nada. Pero en lugar de conocer New York, pasé dos días con mi mejor amiga y hermana Yosy que no cambio por nada,  por casualidad coincidimos por esos lares y debo confesar que  ¡hacia tanto que no nos reíamos juntas! nos olvidamos completamente de todos los problemas porque los habíamos dejado en Santo Domingo. Siempre doy gracias a Dios por esa amiga maravillosa que me dio, y hoy le agradezco por permitirme compartir con ella esos dos días.

La verdad es que no fui a New York, pasé por ahí para ir a Bridgport en Coneticut a pasar 4 días maravillosos con mi hermano, mi cuñada y sus tres hijos que me hicieron sentir maravillosamente bien. De ahí volé para Orlando, pero no a visitar los parques. Allí tampoco  hice nada, pase una semana con mi hermana, caminando en las mañanas para poder echar todas las pamplinas que se nos ocurrieran sin que nadie nos interrumpiera. Disfrutando a mis dos sobrinos que están hermosos y verlos jugar con mi hijo. Inventando la nueva dieta que íbamos a llevar “después de las vacaciones”, por supuesto, para bajar 15 libras. Preparando recetas de cocina diaria, mirando a los chicos bañarse en la piscina, porque ni Auri, ni a mi nos gusta el agua, aunque hacia un calor de infierno que lo único que invitaba era a bañarse.

Se terminaron los dias y repito fueron unas vacaciones maravillosas, tanto como si me hubiera ido a un crucero, o a Europa o a Disney o a New York, porque todo eso al final se va, pero la oportunidad de: compartir con una amiga; sentarme con mi hermano a tomar sus tés espectaculares, o toda la variedad de cafés que prepara y simplemente ponernos al día en nuestras vidas; hablar con un sobrino con el nunca habías tenido la oportunidad de hablar y sentir que tal vez si te escuchó en algún consejo que le diste; irme a caminar por las mañanas con mi cuñada y hablar como hace años que no lo hacíamos,  escuchar a Adriana contándome sus cosas, intentando hacerlo en español o sentarme a ponerle ropas a sus barbies, una interesante conversación con mi cuñado, y compartir con una hermana maravillosa que tengo, a la cual extraño infinitamente cuando no estamos cerca, así que tengo que aprovechar cada segundo que puedo estar con ella… no tiene precio.

A propósito de la Virgen de las Mercedes

Durante uno de mis viajes a Venezuela dando vueltas por el aeropuerto, encontré una escultura pequeña de la Sagrada Familia, tenia a la virgen con el niño en los brazos y San José al lado con su bastón. Me parecieron muy hermosas las figuras porque eran estilizadas y se las compré a mi esposo de regalo. Finalmente después de cambiar de sitio varias veces la imagen fue a parar a la sala de casa. Días después que se fue de casa, llegue al medio día y encontré la escultura sin el San José, las chicas estaban haciendo limpieza habían golpeado la imagen y se había roto el San José.

Sin animo de ofender a los hombres que aún continúan en la batalla, que creo que son muchos y que tienen mucho valor, miro la imagen de la Virgen con el niño en los brazos y pienso que parece que ese fuera el destino de las mujeres, muchas finalmente terminamos criando solas a nuestros hijos, porque soy de la opinión que criar un hijo es mas que darle lo que necesita, es estar a su lado cada día hasta que el destino lo lleve por su propio rumbo. Tener la virgen sola con su niño en brazos aquí conmigo, quizás me dé la fortaleza de saber que si puedo seguir adelante en esta tarea aunque esté sola.

Cada día cuando pienso en los propósitos de la semana quisiera olvidar mi vida pasada y comenzar de nuevo. Leyendo el libro: “El mejor lugar del mundo es aquí mismo” encontré la siguiente frase: “Somos responsables de lo que hacemos pero no de lo que pensamos. Por eso cuando alguna idea te angustie, simplemente ponle la etiqueta <<pensamiento>> y déjala pasar”, creo que simplemente podemos controlar lo que hacemos, pero no lo que pensamos. Así que tal vez es una buena recomendación cuando un pensamiento nos angustie dejarlo pasar. Pero no es tan fácil dejar pasar los pensamientos que nos llegan.

El pasado, está en todas partes, cada cosa, persona o suceso que nos rodea, nos trae a la memoria el pasado. Por eso no logramos deshacernos de él tan fácilmente. Cuando vivimos del pasado, somos como una nave movilizada por un ancla que se aferra a las profundidades, pero eso no significa que no podamos arrancar el ancla y proseguir nuestro rumbo. De hecho no tenemos ni siquiera que tirar del ancla, simplemente tenemos que cortar la cuerda que nos une al pasado: el viento de la vida se encargará de encaminarnos por un nuevo rumbo.

“Las cartas son visitas cuando los amigos están lejos”

Era una niña de 10 ‘0 12 años, porque en esa época a esa edad aún uno era una niña o un niño. Mi para es coleccionista de sellos, y supongo que por ese Hobby o simplemente porque eso era algo habitual, recibía muchas cartas, siempre llegaba el cartero por lo menos 2 –3 veces a la semana y yo soñaba con recibir una carta. Creo que un día le pregunté a papi que uno tenia que hacer para recibir cartas como él, y me respondió: “Escribirle a alguien para que te escriban”

Así que un día que a mi hermana se le ocurrió comprar una revista “Tu”, que comenzó a circular en esa época, yo decidí comenzar a escribirle a las chicas que salían en la revista que querían intercambiar amistad. Mi hermana y yo le escribimos a varias de ellas y la alegría fue inmensa la primera vez que me contestaron. Supongo que allí nació mi afición por escribir cartas. Me hice fanática de los amigos por correspondencia y me llegaban  montones de cartas, de México, Ecuador, Cuba, Guatemala, una chica de Panamá fue la que mas tiempo duró intercambiando cartas conmigo, se llamaba Ely.

Luego llegó la época de la universidad y los amigos se graduaron y comenzaron a irse a estudiar a otros países, y me llego mi turno de partir, en ese momento aprendí el valor de una carta y la alegría que se siente al recibir noticias de un ser querido. Cuando llegue a Guate, decidí escribirle a todos mis amigos y familiares, y mas temprano que tarde todos fueron contestando, así que llegue a tener cartas de todos mis relacionados: amigos, compañeros de trabajo, tíos, primos, mis hermanos. Mi papá me escribía una carta semanal, que numeraba, así que tengo hasta la carta no. 60, supongo que con su orden y lo metódico que es anotaba en algún cuaderno cada semana el No. de la carta, porque eran cartas escritas a mano.

Las cartas llegaban a la oficina de la dirección de la universidad y la ponían en un casillero por apellidos, así que si cualquiera del grupo pasaba por allí, revisaba si había cartas y traía las de todo el grupo. Nidia, la amiga Salvadoreña, ya se conocía la letra de todos los que me escribían y llegaba dando gritos y me decía “Carta de tu papa!!!!”

Una carta muy especial y que recuerdo con mucho cariño aún fue la de mi Tío Moisés. Quien iba a decir que aquel gran hombre tan seco y silencioso, se sentaría con papel y lápiz a escribirle una carta a una sobrina, fue tan maravilloso recibir una carta de él.

Mi anécdota favorita con respecto a las cartas fueron las que le escribí a Luis Henry, en ese tiempo era mi novio, y cada noche me sentaba en el escritorio y le contaba todo lo que había hecho durante el día. Cada lunes, reunía todas las cartas que había escrito durante la semana y se las enviaba juntas. Eso hice durante dos años y tres meses, así que mi vida en Guate está escrita en esas cartas, algún día las volveré a leer.

Hace tres meses, me toco hacer una limpieza y organización en casa y encontré una caja con todas mis cartas. No se cuantas habría pero debían haber mas de 2,000 cartas porque encontré cartas desde que tenía 12 años.

La vida ha cambiado tanto!!!, ahora solamente tenemos que sentarnos en la computadora escribir una carta y darle clic y en segundos los amigos podrían recibir el mensaje y podrían respondernos de inmediato, sin embargo la prisa de la vida, ni siquiera nos deja tiempo para hacer esto. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que cuando vivía en Guate me sentía mas cerca de mis amigos que ahora. Y no es un reproche, porque yo tampoco les escribo.

Recuerdo que mi amigo Daniel me escribió en una de sus cartas lo siguiente: “Las cartas son visitas cuando los amigos están lejos”. Hoy siento la nostalgia de aquellos días y pienso que de vez en cuanto deberíamos retomar la hermosa costumbre de escribir cartas a los amigos y sentir que no estamos tan lejos de los demás.