Perdida de Memoria a Corto Plazo

Hace unos años leí el libro de Eduardo Punset: “El viaje a la felicidad”. En su momento el libro me pareció muy acertado en muchos de sus planteamientos. Pero una de las partes que más me impacto, se trataba de cómo los humanos interpretábamos los recuerdos.

“El planteaba que, en cierto modo, cada vez que se recuerda algo se vuelve a revivir lo recordado. Cada vez que se reaviva un recuerdo se reconstruye biológicamente

Esa es la razón por la cual algo que nos ocurrió en el pasado, que nos produjo miedo, tristeza, alegría, al recordarlo volvemos a revivir y las emociones de aquel momento vuelve a reconstruirse en nosotros.

Muchas veces perdemos la paz cuando ciertas situaciones ocurren en nuestra vida. Alguien nos agrede verbalmente, nos sentimos mal y a lo largo del día al recordar el incidente, volvemos a sentir una y otra vez el enojo o la impotencia; igual pasa si se trata de algo que nos ocasiona ira, nos pasamos todo el día enojados con cualquiera que se pare frente a nosotros y nos diga: “va a llover”.

¿Porque tan fácil alguien te quita la paz de tus días? O tal vez la pregunta sería: ¿Por qué dejamos que otro nos quite la felicidad de una forma tan fácil?

Recuerdo que en aquella época cuando leí el libro me hubiera gustado tener la memoria selectiva de Doris, la pececita de Buscando a Nemo, creo que nuestra vida fuera más grata, si fuéramos capaces de dejar las cosas que nos perturban de lado cuando ocurren y seguir adelante, pero por el contrario, vamos rumeando como las vacas una y otra vez, contándole  a todo el que nos viene de encuentro, en lugar de olvidar el incidente y no pensar más en eso.

No quiero pasar el resto de mi vida triste o deprimida o dejarme llevar por la ira y el enojo, quiero hacerme el firme propósito de que las cosas ocurran y dejarlas pasar, dejarlas ir, que se queden dónde están y no arrastrarlas a lo largo del día, o de la semana o el mes, o del año, o del resto de mi vida. De hoy en adelante a todo aquel que intente perturbar mi paz, le aplicaré la memoria a corto plazo de Doris…. ¿Quieres algo? … aunque me digan: “Lo tuyo no es normal!!!”

Doris memoria a corto plazo

Perdonar y Olvidar

Hace días que esta idea viene dando vueltas en mi cabeza, tal vez porque me lo propuse como una de mis metas del 2011. El viernes mientras hacia mi caminata matutina pensé mucho en esto. Es fácil escribir en un papel que uno se propone perdonar y olvidar, pero cuando uno lo quiere llevar a la practica, la cosa no resulta tan sencilla.

Pensaba, cuando escribí este propósito, que si lograba perdonar entonces podría comenzar ese proceso de olvidar. Pero la pregunta que me hacía mientras caminaba era: ¿Como uno puede perdonar? es fácil decirlo de la boca para afuera, pero para que engañarme, sentirlo con el corazón no es nada fácil. Se me ocurrió después, que si encontraba una razón por la cual debía perdonar, podría hacerlo, así que me pregunte ¿Porque debo perdonar? Siendo creyente, y mujer de fé, vino una explicación elemental, porque Dios nos pide que debemos perdonar, ¿No es eso lo que decimos cuando rezamos el Padre Nuestro?: “perdonados nuestras culpas así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, si le pedimos a Dios que nos perdone, entonces debemos ser capaces de perdonar. Cuando le preguntaron a Jesus ¿Cuantas veces debíamos perdonar? su respuesta fue hasta 70 veces siete, y eso creo que es mucho, sobre todo cuando debemos perdonar algo que nos duele. Otra razón es, que no perdonar me hace daño; me duele mas el sentimiento de saber que no he perdonado, que el dolor que me produce lo que siento en mi corazón.

Pensando en eso creo que encontré razones poderosas, pero eso no hace que sea mas fácil, porque mi respuesta sigue ahí: ¿Como uno puede perdonar?

Un día Javier nos dijo en una de sus maravillosas homilías, que re-cordar era “volver a pasar por el corazón” y pensé que cuando recordamos y volvemos a pasar por el corazón, las penas y las heridas se vuelven a abrir, ¿para que uno quiere recordar algo que nos hace sentir tristes?, eso es masoquismo, pero es tan difícil controlar los pensamientos, y estos vuelven a nuestra mente y luego al corazón sin que lo solicitemos o podamos controlarlo.

“Nuestro verbo recordar lleva dentro la palabra corazón. Viene del bajo latín recordare, que se compone del prefijo re- (‘de nuevo’) y un elemento cordare formado sobre el nombre cor, cordis (‘corazón’). Antiguamente se creía que el corazón era la sede de la memoria. Encontramos vestigios de esta creencia no solo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas.

Ortega y Gasset nos proporciona una hermosa explicación de esta etimología:  El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor [José Ortega y Gasset: El espectador, II, “Azorín: primores de lo vulgar”]

Lo que dice Ortega y Gasset es cierto: “Basta con que bajemos la guardia y estemos tranquilo asciende a flor del alma todo ese pasado nuestro y se pone de nuevo a resonar” Tal vez entonces estoy tratando de hacer las cosas al revés: perdonar y olvidar, tal vez primero debo aprender a olvidar y entonces al hacerlo podré perdonar.

Desear que los pensamientos vayan y no vengan

Tengo días que he abandonado mi blog… tengo razones fuertes. En estos momentos el silencio es lo mejor.

No estoy obsesionada con el tema del silencio, pero como continuo con mi lectura del Alselm Grüm: “Elogio al Silencio” andaré unos días en esa onda.

En las últimas páginas que he leído del libro, Grüm habla del Silencio enfocado desde el desprendimiento: si bien es cierto que mientras guardo silencio, afloran en mi todos los pensamientos y sentimientos imaginables, también lo es que puedo enfrentarme a ellos y combatirlos hasta que se calmen”

Que difícil es cuando no quieres pensar en algo, pero una y otra vez cada cosa que ocurre vuelve a traer el pensamiento o el sentimiento a tu corazón. Si la gente sabe lo que te ocurre es peor, porque te preguntan, no con ánimo de nada, sino de apoyarte y ser solidarios, pero entonces vuelve el pensamiento y sientes que parece imposible que se vaya. quisieras decir: “¿Sabes que? No quiero hablar de eso!!!, pero entonces serás grosero con aquellos que con amor tratan de apoyarte y eso tampoco esta bien.

Por eso me gusta lo que dice Grüm en su reflexión: “Todos deseamos vernos libres de nuestros temores e inhibiciones, pero sólo podemos soltar lo que hemos tomado. Si hay algo de lo que quiero deshacerme a toda costa, volverá a aparecer una y otra vez dentro de mi y me perseguirá. Liberarse significa, pues, percibir y examinar los pensamientos, y luego distanciarse de ellos”

Leyendo esto he pensado que somos nosotros mismos los que nos atamos a nuestros pensamientos, temores e inhibiciones y no los dejamos ir. Mientras mas tratamos de desprendernos ellos y nos obsesionamos con deshacernos de ellos y liberarnos, mas fuertemente se aferraran a nosotros.

Pero a veces, también ¿tienes miedo a olvidar tu pena porque sientes que al hacerlo estarás cerrando un capítulo de tu vida? ¿a veces crees que al deshacerte del pensamiento también terminaras deshaciéndote de la persona a la cual está ligado? y no estas segura de que quieras eso.

Dice Grüm que “los pensamientos van y vienen pero no me poseen… no debo tenerles miedo… no debo tener la presión de liberarme de ellos… sino que debo tratarlos con indiferencia y dejar que vayan y vengan hasta que vengan menos y me libere lentamente de ellos”

Cuando desearía que así fuera… liberarme… dejar que se vayan y tratar de que cada vez mas vayan, que vengan.