Liberada


Se despertó a su lado y lo observó dormido. Sintió una gran opresión sobre su pecho. No sabía lo que le ocurría porque, viendo los hechos y la situación debería de sentirse contenta simplemente de tenerlo a su lado. Pensó, que tal vez esa era la razón de lo que sentía, quizás pensaba que era malestar y era simplemente alegría.

Lentamente, para no despertarlo, se sentó en la cama, volvió a mirar su rostro. No era un rostro hermoso. Otra punzada en el lado izquierdo. Trató de serenarse. ¿Dónde decían que te dolía cuanto te daba un ataque al corazón? Se estaba volviendo hipocondríaca o tal vez obsesiva, era una simple presión, como si algo pugnara por salir de su pecho.

Recordó lo que había pasado hacia apenas unas horas. Una noche perfecta. Excelente cena, magnifica compañía. Tal vez unas copas de más que le hicieron sentirse un poco mareada pero todavía en sus cabales. No estaba acostumbrada a tomar podía ser que esos tragos de más fueran los que provocaban aquella opresión.

Sabia lo que debía hacer, era la única forma de liberarse y sacarse de un solo aquello que sentía: escribir. A tientas fue al escritorio, encontró lápiz y papel y con cuidado con el reflejo de la luz de la luna por la ventaba, miró el papel en blanco, una invitación, siempre con miedo de no poder expresarse, de no saber como seguir, de tener aquella idea pero no poder armar la historia. Esta vez necesitaba simplemente hacerlo, para quitarse del pecho aquello que la ahogaba y no la dejaba respirar.

Tomó el lápiz en su mano, lo colocó sobre el papel y sintió como el grafito se deslizaba por la superficie del papel, el contacto dejaba a su paso letras, luego palabras, entonces frases y por fin ideas. Y así fue llenando las hojas en blanco, una tras otras, se fue liberando y aquello que le oprimía el pecho fue desapareciendo.

Miró lo escrito. Solo faltaba el final y dudaba entre una palabra u otra. Sabía que tenía prohibido mencionarlas, que habían llegado a ese acuerdo, pero si no terminaba, si no escribía aquella última palabra, todo quedaría incompleto. Tomó una decisión, lo haría aunque eso significara el final de todo.

Volvió a contemplarlo durmiendo apaciblemente, sintió su respiración en paz, ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Mientras tanto su corazón, ahora latía a un ritmo normal. Ahora todo estaba bien, todo seguiría su curso, ella había logrado liberarse. Tomo sus cosas, dejo el pliego de hojas junto a la cama y al salir “Un Te amo” resplandecía sobre la cama.

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