Acoger el Don es lo único importante


En esta semana, recordé una frase que le he escuchado a mi papá: “La felicidad consiste muchas veces en no hacer lo que a uno le gusta, sino gustarle lo que uno hace”. Mientras la recordaba y la decía en voz alta, pensaba como dice el abuelo (mi papá), que suena a filosofía barata de un martes por las noches (era martes cuando lo pensaba).

Pero lo cierto es que este año he sentido que ando arrastrada por la vida, llena de trabajo y de ocupaciones y quejándome todo el día de todo lo que tengo que hacer, sin gustarme lo que hago. Cuando la gente me pregunta: “¿cómo estas?”, mi respuesta es: “Bien, con mucho trabajo”, una respuesta diplomática y que tiene una parte de verdad y otra de mentira, porque, si, tengo mucho trabajo, demasiado para mi gusto, pero en realidad no estoy bien, pero ¿como le digo a alguien que no estoy bien, en un mundo donde el activismo y pasarse el día haciendo cosas es la regla?, “qué bueno que tienes mucho trabajo” es la respuesta de la mayoría de las personas.

Cuando estoy en casa sin hacer nada, simplemente sentada en el mueble a veces me da remordimiento de conciencia y ese sentimiento es tan estúpido, porque tengo que convencerme a mi misma que estoy descansando.

Pues con este sentimiento decidí comenzar a leer el libro de Benjamín González Buelta, “Disponerse al Don”, igual que siempre no tiene desperdicios.

“Hay mucha adicción y mucha compulsión, pero poca pasión” dice Benjamín citando a A. Giddens.  Y pensé que esta frase describía un poco como me sentía… con adicción al trabajo, mucha compulsión – un deseo vehemente de hacer cosas, pero al rato, el agotamiento va matando poco a poco la pasión. Así es como me levanto los lunes, llena de deseos de hacer mil cosas, cumplir los objetivos personales y que el trabajo no sea el centro de mi vida, pero cuando llega el miércoles los propósitos se van difuminando dejando solo una leve imagen de los sueños e ilusiones.

“Las exigencias y los ritmos de la producción eficiente y del consumo compulsivo imprimen a todas horas una prisa que evapora la capacidad contemplativa. No se cultiva la capacidad de demorarse” … siempre a las prisas, la gente te llama y todo lo quieren para ayer, es urgente porque… todo lo dejan para ultima hora y esperan que tu le resuelvas el problema no importa como. Y tu te dejas llevar por aquello de “las exigencias y los ritmos de producción eficiente” “te debes a tus clientes” … el teléfono suena a cualquier hora después del horario de trabajo, sábado, domingo ¿porque la gente pretende que estés disponible siempre? ¡el horario de trabajo es hasta las cinco y los fines de semana no se trabaja!!!… y yo me pregunto ¿Y mi vida Pa’ cuando? Para que sirve trabajar tanto, si al final no tienes tiempo para disfrutar de otras cosas.

“Si creyeras mas en la vida, os lanzarías menos al instante” dice Benjamín citando a Nietzsche. Pues yo quiero creer mas en la vida y dejar de vivir de instante en instante, y quiero que me guste lo que hago, y que no sienta cada día al levantarme que no quiero bajarme de la cama, o cada día al acostarme que no quiero que llegue el día siguiente siendo uno mas.

Generalmente escribo y termino con alguna nota optimista, pero hoy no, hoy solo quiero desahogarme y recriminarme a mi misma que debo parar, debo cambiar cosas en mi vida y volver a encontrarle la dirección y el sentido… como dice Benjamín: “No somos dueños del don que llega hasta nosotros. Lo que si podemos hacer es crear la disponibilidad para acogerlo cuando nos sorprenda… lo realmente importante es acogerse al Don” Es lo único importante.

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