Crecer… es empezar de nuevo.

“Crecer significa experimentar el no saber y movernos hacia lo desconocido. Necesitamos ayuda, aprendizaje y experimentación. Eso significa aceptar el límite, el acierto y el error en los que se van asentando en nosotros saberes, relaciones y destrezas” La letra pequeña, Benjamín Gonzalez Buelta

¿Cuánto terminamos de crecer? Esta mañana pensaba que nunca, porque el día que dejemos de crecer eso significará que estamos cerca del final de nuestra vida… las palabras de Benjamín me hicieron pensar en esto, cuando reflexiona que crecer significa “experimentar el no saber y movernos hacia lo desconocido”. Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos toca volver a comenzar, hacer algo nuevo, no saber y movernos hacia lo desconocido. A mí en lo particular me ha tocado muchas, y en cada proceso he sentido que he necesitado aprender y al final es un asunto de prueba y error, pero como bien dice la reflexión, también he tenido que aprender a encontrarme con los límites, hacerlo bien pero también equivocarme y en ese camino y ese proceso dejar que poco a poco se asiente en mi, el conocimiento, las relaciones y las habilidades.

“Crecer, dice Benjamín, es surgir siempre desde lo más hondo de sí mismo y empezar en cada etapa una trayectoria que nunca antes había sido recorrida”

Sacar de adentro y volver a empezar con inquietud de que esto no lo habíamos hecho antes y la incertidumbre de lo que vendrá. ¿Será bueno? ¿lo haré bien? ¿Podré hacerlo? Y en el trayecto aprender a discernir.

“Necesitamos la conexión con nuestra propia interioridad para que el espíritu transforme nuestro misterio en un dialogo con nosotros, y necesitamos encontrarnos con otras originalidades auténticas que apuesten a nosotros y ofrezcan el apoyo que nunca encontraremos en nuestro propio narcisismo”

Hoy en medio de esta semana santa, quiero pedirle a Dios que me siga acompañando en el discernimiento y las decisiones de mi realidad. Y que me permita seguir siendo referente para mis hijos, que mi ejemplo pueda servir para transformar su ingenio y creatividad.

 

 

Sincronizar con el tiempo de Dios

En nuestra experiencia, podemos pedirle a Dios que se manifieste antes de que las situaciones humanas maduren. Necesitamos sincronizar con el tiempo de Dios, que respeta los ritmos de nuestro propio devenir. Desde la ansiedad inscrita en las entrañas de nuestro mundo acelerado o de nuestra propia historia personal.

Ayer leía estas palabras del libro de Benjamín: “La letra pequeña” y pensaba lo difícil que resultaba a veces sincronizar con el tiempo de Dios. Sin embargo, Él tiene la paciencia de respetar nuestros ritmos y llegar a nuestra vida cuando estamos listos. No se impone… espera. Nosotros no, siempre queremos que las cosas ocurran antes, ya, de inmediato, hemos perdido la capacidad de tener paciencia y esperar.

Hace unos años estaba en un parque de diversiones de esos de agua y nos metimos en un juego que eran unos “rápidos”, la corriente nos iba llevando sin que tuviéramos control de hacia dónde íbamos, después de dar un par devueltas cuando mi hermana y yo con los chicos intentamos salirnos, no pudimos, seguimos girando y girando por un par de vueltas más hasta que logramos asirnos a algo y entre todos lo logramos.  Así siento que andamos por la vida, en una corriente de rápidos en la que por más que intentamos salir no lo conseguimos

Estamos a mitad de la cuaresma… y he pensado mucho en el camino que quiero seguir hasta llegar a la pascua, en mi compromiso, en el giro que quiero dar a la vida. En lo que debo transformar, cada domingo en misa Juan Manuel nos pregunta ¿Cómo vamos? Y yo me pregunto a su vez ¿cómo voy? Se por dónde va la cosa y lo que debo hacer, lo difícil es pasar del pensamiento a la acción.

Hoy, comprometerme a sincronizar con el tiempo de Dios, que respeta los ritmos de mi propio devenir.