Alejar el Odio de nuestro corazón


Estos últimos días han sido tristes, demasiado cosas han ocurrido en el mundo y a mi alrededor. Cosas que nos hacen perder la esperanza de que el mundo en el cual quisiéramos vivir realmente sea posible.  Hoy me siento profundamente triste.

Repetir los incidentes y los hechos, no tiene mucho sentido, las noticias nos han inundado, las historias  se repiten una y otra vez con sus distintas versiones, ya ni siquiera quiero leerlas. Hoy solo quiero pensar o reflexionar a la luz de los hechos y la actitud que me toca asumir.

Son historias de odio y terror, pero más cerca tambien nos llegan historias de falta de solidaridad, de engaños, de hipocresías y desesperanzas. Ante estas, el corazón se entristece, pero también se endurece, el odio intenta introducirse en nuestra vida.

De repente se me ocurrió pensar que  tal vez el odio se acercar de vez en cuando,  para que seamos consciente de la realidad que nos ha tocado vivir. Sin embargo, no quiero nunca que se acerque tanto, que me contagie de su mal. No quiero odiar, no quiero desearle mal a nadie, ni siquiera a aquel que me haga daño, no quiero que nadie, con su maldad, con su actuar incorrecto o quien intenta hacerme daño, me contagie de sus sentimientos.

Siento que hay muchas personas a las cuales no les importa hacer daño a los que están a su lado, devolviendo bien con mal; honestidad con deshonestidad; sinceridad con engaño;  lealtad, franqueza y entrega con egoísmo. Por eso hoy quiero que Dios me ayude a perdonar. Quiero poder perdonar al que me ofende,  a aquel que ofende la humanidad. Perdonar igual que Jesús, sin límites, hasta 70 veces siete.

Hoy no quiero que el odio me toque  tanto, como  para desear que haya una guerra y otros sigan matando personas inocentes, sino que me permita ser  más solidaria con aquellos que sufren, aunque estén lejos de nosotros:  en Mali, en Francia, en el Líbano o en cualquier parte del mundo.

Quiero que el odio me toque, pero para pueda reflexionar acerca de qué cosas estoy haciendo mal, para preguntarme: ¿cuándo yo también transmito odio? y que cosas debo cambiar en mi vida. ¿Cuál es el papel que me toca, y qué debo hacer para que el mundo sea distinto?

Quiero que el odio me toque, pero nunca para devolver con odio, nunca para hacer mal a nadie, nunca para guardar rencor, siempre para poder cada día perdonar.

Hoy estoy triste, creo que el mundo completo está triste. Pero quiero pedir a Dios que nunca, nunca deje que el odio llegue a mi corazón

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