Carta a un hijo: Un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos


A los 24 años había terminado la universidad y estaba frustrada. No había tenido nunca un novio, ni siquiera me había besado con un chico, aunque había estado enamorada de algunos, y otros enamorados de mi, no había encontrado lo que yo llamaba en esa época “mi alma gemela” por un libro de Richard Bach que había leído y estaba de moda en es momento.

Había tirado la toalla. Estaba convencida de que yo era un problema y que ningún chico se fijaría nunca en mi. Algunos me habían descrito como “una gata alzá”, otros que no sabia lo que quería en mi vida, y otros que era demasiado buena para ellos. A mi todo eso me importaba, yo solo quería que alguien me quisiera, alguien a quien yo también quisiera.

Decidí el plan B: me voy de este país. Si no puedo encontrar un novio mejor me pongo a estudiar y hago algo productivo con mi vida. Y eso hice. Me puse a buscar una beca para irme… en esas estaba cuando un día estaba sentada en una mecedora de Manresa, “haciendo silencio” y bajó tu papa a preguntarme “si era hermana de una chica que trabajaba en codetel, porque era igualita a ella” Le dije que no con la cabeza y una semana después me llamó para invitarme a salir.

Un año después estaba perdidamente enamorada y tenia en mis manos dos becas,  un boleto de ida a Guatemala y ningunas ganas de irme de casa. Le reclamaba a Dios porque no entendía como diablos había pasado tanto tiempo soñando con el hombre de mi vida y ahora tenia que irme dos años y dejarlo. Estaba convencida de que él no me esperaría y que yo nunca volvería a encontrar otro hombre que se enamorara de mi.

En realidad me equivoque, si me esperó y nos casamos y estuve 21 años a su lado y tuve dos hijos maravillosos que son la alegría de mi vida. Espero también haberme equivocado en lo segundo y poder encontrar algún día otro hombre que se enamore de mi.

Cuando me fui a Guate, tu papá me regaló una frase que encontró en un libro de Neruda. Fue una frase que escribió alguien en la pared de Isla Verde, una de las casas de Neruda, decía: “El amor nunca muere, un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos”… aun hoy creo que el amor no muere, puede cambiar pero no creo que pueda morir… lo que si es cierto es que “Un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s