La humilde cotidianidad de Dios


Recuerdo hace unos años, que por algunas circunstancias algunas de las personas que estaban a mi alrededor comenzaron a cambiar y las cosas superficiales comenzaron a ser más importantes. Una persona muy cercana trataba de justificarse, explicarme y hacerme entender que en este país había que aparentar para poder echar para adelante: andar en una Yipeta, tener una casa grande, irse de vacaciones en un crucero, etc. Yo me negaba rotundamente, siempre he dicho que por principio no ando en una Yipeta, mi planteamiento es que ¿como es posible que con lo cara que cuesta la gasolina en este país la gente siga queriendo andar en esos enormes vehículos, cuando andar en uno pequeño es más cómodo y más económico? pero si andas en un carro, pequeñito como el mío “no tienes estatus”. Pues a mi que me dejen siendo sencilla.

Todo esto para decir que hoy he encontrado una frase en el libro de Benjamín que me hace pensar que con mi forma de actuar, tal vez, lo hago más a la manera de Dios.

“Decidir unirnos al amor excesivo y humilde de Dios en proyectos puede ser un riesgo mortal. El riesgo nos puede ir diluyendo en pequeños detalles de una cotidianidad que se ha entregado al amor sin estridencia alguna.  Uniéndonos a la humilde cotidianidad de Dios en la historia”

A Dios no le gusta la grandeza, prefiere “humilde cotidianidad de la vida”, cuando optamos por la humilde cotidianidad corremos el “riesgo mortal” de que parezca que somos nosotros los que no encajamos en la sociedad en que vivimos porque somos distintos.

Hoy una chica que trabaja conmigo me dijo que todo el mundo debía ir a ver la exposición de los cuerpos en “Agora Mall” para que viéramos “los feos que somos por dentro”, ella decía que tal vez así la gente dejara de aparentar tanto. Me causó mucha risa su comentario, pero ahora que lo pienso tiene mucha razón. Al final todos vamos  a terminar de la misma forma y solo los valores y los principios con los que vivimos serán los que prevalecen y por los que seremos recordados.

Solo espero que mi corazón se mantenga queriendo siempre imitar  la “humilde cotidianidad de Dios”

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