El Encuentro


 Entregué el boleto al oficial de la línea aérea en la puerta de entrada del avión. Busqué mi  asiento y acomodé mis cosas. Cerré los ojos intentando dormir, sabía que sería muy difícil, nunca podría olvidar lo que ocurrió en aquellas últimas veinticuatro horas de mi vida. Como devolviendo una película comencé a recordar como había transcurrido todo:

Tenía que viajar de un estado a otro para una conferencia y por un retraso en uno  los vuelos perdí mi conexión, el próximo vuelo hacia mi destino saldría en veinticuatro horas, no se por qué desafortunada razón de repente recordé que en aquel lugar vivía ella. Enma había sido mi mejor amiga en los años de universidad, luego se había casado y mudado a ese pequeño poblado llamado Cos Cob, vivía allí hacía más de 20 años.

Mantuve contacto con ella por mucho tiempo y llegue a visitarla varias veces, pero de repente se convirtió en una mujer un tanto extraña y las cosas comunes que nos habían unido en la juventud desaparecieron y perdimos el contacto. La última vez que llegué a visitarla ya vivía sola, su esposo la había abandonado porque comenzó a visitar lugares en los que practicaban magia negra. Sus hijos también se habían marchado de la casa a estudiar lo más lejos posible de ella y nunca habían regresado.

En principio pensé mucho antes de llamarla, tenía la opción de quedarme en un hotel que me ofrecía la línea aérea, primero me entró cierta nostalgia, aunque más que nostalgia fue cierta curiosidad.  La llamé simplemente para saber como estaba y contarle que estaba allí de paso. Cuando le dije que me iría a un hotel se enojó conmigo, me dijo que me recogería y me hizo prometerle que la esperaría en el aeropuerto.

Una hora después  la vi caminar hacia mí en la sala de espera del aeropuerto. Hacia tanto tiempo que no la veía que  había olvidado en la extraña que se había convertido, llevaba un turbante en la cabeza, una bata larga de colores vivos, con círculos que se asemejaban a los que usaban los hippies en los años 60. Por el turbante, hasta la mitad de la espalda, asomaban muchas trenzas amarillas, que parecían postizas, y unas enormes argollas en las orejas que le llegaban casi a los hombros, de inmediato comencé a arrepentirme de haberla llamado. Me abrazó fuertemente y mostró una sonrisa en el rostro parecía alegrarse de verme como si hiciera mucho tiempo que no compartiera con ser humano alguno.

Cuando salimos, me di cuenta de que no tenía vehículo, había llegado en transporte público y pretendía que regresáramos a su casa por la misma vía, sugerí que podíamos tomar un taxi y me miró con cara de desaprobación. En un rato me encontré sentada en el autobús. Mientas hablaba con voz estridente como si no pudiera controlar el volumen, me dediqué a estudiarla, yo no era la única que lo hacia, las personas a nuestro alrededor no podían dejar de mirarla. Ella parecía no percatarse y seguía hablando, mientras yo hubiera querido desaparecer a su lado.

Una hora después hicimos alto en una parada. Caminamos unos 20 minutos más, maleta en mano, hasta un lugar alejado de la ciudad, se estaba haciendo de noche, sentía que cada vez las casas se distanciaban mas unas de otras hasta que finalmente llegamos a la casa que se encontraba al final de la calle justo antes de un enorme bosque.

Estaba muerta de hambre, con la espera en el aeropuerto intentando resolver el problema de la conexión había olvidado comer algo. Así que cuando ella sugirió a preparar algo de cenar acepté gustosa y me ofrecí a ayudarla. Después de cenar nos sentamos en el sillón de la sala a conversar. Entonces comenzó a contarme lo que había sido de su vida en todos esos años que no habíamos tenido contacto. Terminó contándome los últimos incidentes de su vida:

“Hacía mas de seis meses que había muerto su padre. Le habían avisado que estaba muy enfermo, pero ella no había hecho caso. Cuando la llamaron para decirle que estaba grave de muerte y que en sus delirios solo preguntaba por ella, entonces tomó un avión pero no llegó a tiempo. Estuvo en el entierro y desde el cementerio salió de nuevo al aeropuerto sin hablar con nadie. Unos días después de su regreso le comenzaron aquellos dolores extraños en  el cuerpo. Durante días no le dolía nada pero en las noches comenzaban a dolerle todas las articulaciones, solo podía dormir a ratos y cuando se levantaba apenas podía levantar los brazos o mover las piernas para caminar. Primero había ido a todos los curanderos del pueblo y nadie le encontraba explicación. Cuando estaba decidida a ir al medico había comenzado a suceder algo extraño, en las noches cuando el dolor estaba mas fuerte y ella cerraba los ojos tratando de dormir sentía que alguien se sentaba en su cama y le pasaba la mano por los lugares donde le dolía, pero al abrirlos no veía a nadie, lo extraño era que mientras mantenía los ojos cerrados el dolor se mejoraba. Me recordó que su padre era médico, así que pensaba que era su padre quien estaba en la habitación”.

Mientras contaba la historia la miraba incrédula intentando que ella no se percatara, pero cuando me contó lo de su padre sentí como se me engrifaban los pelos y el corazón comenzaba a latirme con miedo. Entonces la vi  bajar la cabeza y me pareció ver tristeza en sus ojos.

—¿Lo extrañas? – le pregunté

—Lo que lamento es no haber llegado a tiempo para despedirme de él.

—¿Por qué no fuiste cuando te llamaron que estaba enfermo?

—Estaba enojada con él, me había dicho que no quería que lo visitara porque me había convertido en bruja y yo había jurado no volver a verle, olvidé que en realidad lo quería  y lamento no haberlo despedido.

—Bueno, pero tienes que superar eso, ya no puedes hacer nada.

—Estas equivocada si puedo hacer algo, y tu tienes que ayudarme. Por la amistad que un día tuvimos te pido por favor que me ayudes – Entonces ahora con mucho temor me atreví a preguntarle:

—¿Y en que podría yo ayudarte?

—Lo que necesito es que esta noche mientras yo intento dormir, tu vengas a mi habitación y entres, voy a dejar la puerta entre abierta y tu confirmes que es mi padre quien está en la habitación pasándome la mano

—Mira Enma – le dije – lo siento mucho, pero yo no creo en esas cosas, no me pidas que me preste a hacer eso contigo.

—Por favor, te lo suplico, no tengo a nadie a quien le pueda pedir esto.

Después de discutir un buen rato con ella, no me quedó mas remedio que prometerle que esa noche entraría a la habitación y verificaría si era su padre quien se le aparecía en la noche. Todo me parecía, extraño y un tanto tenebroso, de buena gana hubiera agarrado mi maleta, llamado a un taxi y me hubiera ido a un hotel, pero no se porque circunstancia terminé acostada en la habitación del lado de Emna. No pude pegar un ojo en toda la noche, aunque no podía dormirme me parecía una estupidez levantarme e ir al acecho  y ahora maldecía la hora en que se me había ocurrido llamarla, en esos pensamientos me encontraba, cuando comencé a escuchar ruidos en su habitación.

Me levanté de la cama sigilosamente, el corazón me latía a un millar de palpitaciones por segundo, abrí la puerta me mi habitación y me acerque a la puerta contigua, pegué el oído y entonces comencé a escuchar que alguien conversaba con Emna:

—Enma, dime que es lo que te pasa, ¿Por qué es que no puedes dormir?

—¿Eres tú?

—Claro que soy yo, tus sabias desde hace días, lo que pasa es que te negabas a verme.

—Es que me daba miedo de que estuvieras todavía enojado conmigo.

—Ya no estoy enojado contigo, cuéntame que es lo que te pasa.

—Mira he ido a todos los curanderos, es un dolor en las articulaciones que no se me quitan, solo pensaba que si estuvieras aquí, seguro que me curabas.

—Me extraña que digas esos, no que la magia negra cura todo. Vamos, vamos no me pelees, ahora no vamos a comenzar a discutir.

—Anda date vuelta, que voy a ver que es lo que tienes.

En ese punto, la curiosidad pudo mas que el miedo que sentía y con mucho cuidado empuje la puerta de la habitación que Enma había dejado abierta para que yo entrara, lo que vi por aquella ranura me dejo petrificada, el padre de Enma, con su bata blanca como lo recordaba en el consultorio en el cual trabajaba, le pasaba  la mano por las articulaciones de los brazos y de las piernas, y ella se dejaba. Yo sentía un aire frio que salía y se me metía entre los huesos, quería salir corriendo de aquella casa pero al mismo tiempo mis pies parecían estar clavados en el piso y mis manos en el manubrio de la puerta. Y ellos allí hablaban cual padre e hija en otros tiempos. Yo mi raciocinio me decía que aquello no era posible pero mis ojos confirmaban lo que estaba escuchando detrás de la puerta.

—No te preocupes, lo que tienes es unas callosidades en las articulaciones que se inflaman  pero con esto que te estoy haciendo ya no te va a doler, no te preocupes.

—No sabes cuando te lo agradezco. Entonces ¿No estas enojado conmigo?

—Claro que no mi Emna querida, quédate tranquila que ya no vas a tener mas dolor y ya escuchaste de mis labios que no estoy enojado contigo.

—Te quiero mucho papá.

—Y yo a ti. Tienes que prometerme que vas a dejar esas locuras de magia negra.

A este punto pude finalmente soltar el manubrio de la puerta y regresar en bola de humo a mi habitación, puse seguro a la puerta, para que al muerto no se le ocurriera venir ahora a visitarme a mi porque estaba segura que si lo hacía yo moriría al instante. El resto de la noche no pude pegar un ojo, rezaba para que finalmente amaneciera y pudiera coger mi maleta y salir de aquella casa. Cuando vi los primeros rayos asomarse por la ventana me levanté arregle las pocas cosas que había sacado de la maleta y salí de la habitación. Encontré a Enma preparando café en la cocina.

—Buenos días – Le dije con temor a que comenzáramos a hablar del incidente de la noche anterior

—Buenos días ¿Cómo dormiste? – me preguntó y yo estaba esperando que me cuestionara sobre lo que había visto, no sabía bien como debía responder.

—Bien, estaba muerta de cansancio — de repente la alusión a esa palabra volvió a darme escalofríos.

—Ah que bien, me alegro que hayas dormido bien – y entonces la escuche conversar de cualquier tipo de cosas, preguntarme por lo que me apetecía desayunar y no hace alusión alguna a lo que había ocurrido esa noche en su habitación.

—Y tu ¿como dormiste? – me anime a preguntar.

—No me lo vas a creer pero por primera vez en muchos meses no me dolió nada, tal vez verte y recordar los viejos tiempos y contarte todo eso que sentía me ayudó a sanar las heridas

—¿Y dices que ahora no te duele nada?

—No, es increíble pero me he levantado como nunca en muchos meses.

No sabia que decir o que pensar, rápidamente le dije que debía marcharme al aeropuerto, prefería irme temprano para estar segura de no perder el vuelo. Me agradeció infinitamente que la recordara y me pidió que volviera a llamarla si pasaba de nuevo por ahí. Se ofreció acompañarme al aeropuerto, pero Le dije que no se molestara que yo tomaría un taxi, cuando finalmente estuve sentada en el taxi sentí que el pulso comenzó a volver a la normalidad.

Abrí los ojos y mis pensamientos regresaron nuevamente a la cabina del avión. No sabía lo que había ocurrido la noche anterior. ¿Habría soñado todo? El cansancio de mi cuerpo me decía que no había pegado un ojo en toda la noche. Pero por un momento, preferí creer que todo había sido un sueño o mas bien una pesadilla.

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