Descubrir que tal vez soy como el hijo mayor.


Comenzó noviembre y ando con el firme propósito de terminar el año organizada y eso pasa por darle calor a mi blog que lo tengo un poco olvidado.

Estoy leyendo un libro de Nouwen muy interesante, se llama “El regreso del hijo pródigo”  y trata sobre como cambio su vida a raíz de haber descubierto un cuadro de Rembrandt con la escenificación de la Parabola del hijo Pródigo y el regreso del hijo pródigo donde el padre.

Es una parábola que muchas veces hemos escuchado y normalmente terminamos identificándonos muchos con el Hijo Menor, al final el hijo mayor siempre es el malo de la película. Pues hoy mientras leía el libro pensé descubrí, igual que como lo hizo Nouwen, que me parezco mas al hijo mayor que a cualquier otro personaje del relato.

Descubrir esto puede entristecernos… y en principio así fue. Pero mientras iba hacia el trabajo pensaba que muchas veces en la vida uno hace tantos sacrificios y descubrir de repente que no ha valido la pena duele mucho, igual que como lo dolió al hijo mayor. Es como si de repente uno lograra comprender su comportamiento al verse reflejado en el.

Hoy estoy triste, hace días que estoy así. No me gusta escribir en el blog cuando me siento así porque pienso que todos tenemos tantos problemas para también andar leyendo las tristezas de los demás. Pero también de esos momentos no tan buenos uno tiene enseñanzas en la vida. Y dice Nouwen:

 “… caí en la cuenta de lo obediente que había sido a lo largo de mi vida. … durante toda mi vida fui responsable, tradicional y hogareño. Pero con todo había estado tan perdido como el hijo menor. De repente ví mis celos, mi cólera, mi susceptibilidad, mi cabezonería, mi resentimiento y, sobre todo mi sutil fariseísmo. Vi lo mucho que me quejaba y comprobé que gran parte de mis pensamientos y de mis sentimientos eran manejados con resentimiento… con toda seguridad era el hijo mayor, pero estaba tan perdido como su hermano, aunque hubiera estado en casa toda mi vida”

Espero pensar en este descubrimiento y que la reflexión me sirva para perdonar y de corazón olvidar. Y saber que aunque los sacrificios fueron y permanecen, eso no me dá más derechos que cualquiera que no los haya hecho, yo elegí mi vida y mi comportamiento, no elegí el rumbo que ha tomado en estos últimos tiempos, pero debo terminar de comprender que no lo puedo cambiar y que finalmente debo salir adelante, espero descubrir un día de estos como hacerlo y creo que cuando lo haga la tristeza desaparecerá de mi corazón.

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