Escrito No.5 Empatía con los mayores


Ayer estaba leyendo una noticia, una cantante famosa se resbaló en el escenario, luego olvidó la letra de una de sus canciones favoritas, me pregunté porque algunas personas nos empeñamos en continuar haciendo cosas cuando hemos llegado a nuestros límites. Es difícil envejecer, este año creo que he sido más consciente que nunca de esto porque he tenido que lidiar con mi papá, que se niega a reconocer que tiene 92 y que está llevando al límite su vida. Quiero interiorizar esto y asegurarme a mí misma de que cuando llegue mi momento seré capaz de soltar y ceder y dejar que otros se ocupen por mi de mis cosas.

Hasta hace tan solo un año papá y mamá iban al super solos, un día ocurrió un incidente extraño de alguien que los siguió del super a la casa, me asusté y vi lo vulnerables que eran y decidí que no volvían al super solos. Me propuse ir con ellos cada 15 días los sábados, pero en el transcurso de este año los he visto deteriorarse a una velocidad vertiginosa. Papá se enfermó hace dos meses y después de la “recuperación” no ha vuelta a ser el mismo, me cuesta mucho seguir llevándolos al súper, no puedo con los dos pero cada vez que intento decirles que mejor yo voy y hago la compra, papi sigue resistiéndose a aceptar su nueva realidad y yo estoy agotada de este año, de bregar contra la corriente, contra esa realidad.

Y me pregunto cada vez que ocurre una situación, y yo ¿Seré capaz de aceptar que ya no puedo con algunas cosas y que tengo que ceder? seré capaz de aceptar mi vejez.

Esta semana estaba caminando por el parque, camino bastante rápido y un dato importante para esta parte de la historia (para los que no me conocen), hace más de 10 años me deje las canas, cuando llevo el pelo suelto se ve gris, las canas se mezclan con la parte oscura, pero si me peino hacia atrás se ve bastante blanca la cabeza, una herencia de los papas. Pues caminaba por el parque cuando una señora me detiene y me pregunta:

  • Disculpeme, pero ¿Cuántos años usted tiene? – me sonrío y le respondo
  • 62
  • Ah, con razón!, porque usted camina muy rápido y yo me preguntaba cuántos años tendría, porque yo tengo 82, y no puedo caminar tan rápido.

Yo sigo sonriendo, me despido de la señora y pienso… imagino que al ver las canas pensó que era una persona mayor y no entendía cómo era que yo, con tantas canas en la cabeza, podía caminar tan rápido, claro, pensó, ella no es tan vieja como creía. ¡A mi nunca se me ocurriría detener a nadie en el parque para preguntarle cuántos años tiene!, pero mi hijo me aclara que a los 82 años uno va perdiendo el filtro. Seguí caminando y quería volver a encontrarme con la señora para decirle que cuando yo tuviera 82 quería estar como ella, aun caminando por el parque aunque fuera a otra velocidad. 

Tal vez escribo esto para ser consciente que pronto cumpliré 62 y que cada año que pase habrá cosas que ya no podré hacer y que aunque falte mucho para los 82 o los 92 del papá para allá voy caminando, tal vez pensar en eso me permite ser empática con los mayores.

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