La Partida


Él le había dicho que ese día se iría de la casa. Había decidido aceptar la decisión con dignidad y ayudarlo a marcharse.

Buscó la escalera de cuatro peldaños que tenía guardada en la despensa. Se dirigió a su habitación, cada paso que daba parecía pesarle como si tuviera una pesas en cada pierna. Entró en la habitación. Se dirigió al closet y abrió la escalera. Se subió a la escalera hasta el tercer peldaño y buscó la maleta que estaba en el último tramo del closet. Con dificultad logró bajarla y colocarla sobre la cama. La abrió y se dirigió nuevamente al closet. Abrió todos los cajones y comenzó a extraer de ellos la ropa de él, colocándola sobre la cama alrededor de la maleta. Comenzó primero por la ropa interior: los calzoncillos, las medias, la franelas blancas.  Luego sacó la ropa mas grande: los pantalones y las camisas. Fue doblándolos uno a uno cuidadosamente. Le doblaba las mangas hacia dentro y luego, las doblaba a la mitad, alisándolas para que quedaran como si estuvieran planchadas y  no se estrujaran cuando las colocara en la maleta. Una vez dobló toda la ropa pulcramente comenzó a colocarla dentro de la maleta. Colocó debajo la ropa interior y sobre esta  fue poniendo los pantalones y luego las camisas. Regresó al closet y fue sacando uno a uno los trajes. Los dobló al revés. En ese punto las lágrimas comenzaron a asomar a sus ojos. Se dirigió al baño, trajo una caja de pañuelos desechables y la colocó sobre la mesita de noches. Extrajo un par y se secó las lagrimas que ya rodaban por la mejillas.

Siguió con su tarea de organizar la maleta y terminó de colocar los trajes arriba de toda la ropa. Se dirigió nuevamente al closet, fue trayendo los zapatos uno a uno: ocho en total. Salió de la habitación y buscó en la despensa ocho bolsas plásticas, las fue sacando una a una y las fue contando. Regresó a la habitación y fue colocando cada zapato en una bolsa y las amarró cuidadosamente sin apretarle el nudo, para que luego pudiera soltarlo fácilmente. Volvió al closet y esta vez regresó con un bulto mas pequeño y colocó allí los zapatos. Los entró lentamente, uno a uno. Midió el espacio que quedaba.

Se dirigió al baño y comenzó a recolectar los objetos que le pertenecían a él: la pasta dental, el cepillo de dientes, todas sus cremas, la afeitadora, el cepillo y el peine. Buscó el neceser en el closet y colocó todo lo que había recolectado en el baño, lo puso en el espacio que había hecho dentro del bulto. Miró la maleta y el bulto abierto. Mas lágrimas asomaron a sus ojos. Tomó nuevamente los pañuelos desechables, se secó las lagrimas y se sacudió la nariz.

Se sentó en la mecedora que estaba al lado de la cama. Puso su cabeza entre las manos y esta vez soltó un grito amargo y estalló en un llanto lastimero. Dejó sus lágrimas correr sin secarlas esta vez. Entonces oyó el sonido de un auto afuera. El auto se detuvo. Escuchó que abrían y cerraban la puerta del auto. Y luego escuchó el cerrojo de la casa.

Se levantó rápidamente y fue al baño. Cerró la puerta tras de sí y puso seguro. Se lavó la cara. Levantó la cabeza y se miró la cara mojada en el espejo. Tenía la nariz roja y los ojos hinchados de llorar. Tomó la toalla y se secó la cara. Escuchó cuando él entró a la habitación y luego el silencio, los pasos de él caminando en la habitación. Cuando se hubo serenado y ya no lloraba entonces abrió la puerta y se encontró de frente con él.

Lo miró tristemente, sus ojos volvieron a aguarse, pero aguantó las lagrimas para que no salieran y volteó la cara hacia otro lado.

Lo vio recoger las cosas que tenía sobre el escritorio y colocarlas una por una con cuidado dentro de una caja que había traído. Ella se había sentado de nuevo en la mecedora, se mecía en silencio, solo se escuchaba el rechinar de la mecedora y el movimiento que él hacía con los objetos sobre el escritorio. Cuando terminó de colocar todo en la caja la cerró.

Se dirigió entonces a la cama, cerró la maleta y el bulto. Ella seguía en la mecedora mirándolo, ahora volvía a llorar. Dejaba que sus lagrimas rodaran por las mejillas, pero sin hacer ruido y sin secarlas. El tomó la maleta grande, la bajó de la cama y la sacó rodando de la habitación. Escuchó como abría de nuevo la puerta, el baúl del auto y colocaba la maleta. Lo sintió entrar de nuevo en la casa y cerrar la puerta. Volvió a la habitación, se detuvo frente a la puerta y la miró con tristeza. Respiró profundamente y se dirigió al escritorio. Tomó la caja y luego fue a la cama y agarró el bulto.

Él salió nuevamente de la habitación,y cuando entró por tercera vez a la casa se detuvo delante de la puerta de la habitación. No se decidía a irse o a despedirse. Ella lo miraba llorando. Él se acercó a la mecedora, se arrodilló a su lado, la abrazó. Ella se dejó sin responderle el abrazó. Él le dio un beso en la mejilla sin decir ninguna palabra. Se levantó. Dio la espalda. Salió de la habitación y se marchó.

Escuchó cuando él cerró la puerta por última vez. Aún lloraba y estuvo llorando sin poder contener las lágrimas hasta que ya todo estuvo oscuro. De repente se quedó dormida.

Al abrir los ojos vio como la luz del sol se filtraba entre las cortinas de la ventana. Miró la cama vacía, arreglada, ahora sin la ropa y las maletas que había contenido la noche anterior. Se levantó de la mecedora, estiró su cuerpo y sintió que le dolía por pasar la noche en la misma posición. Fue al baño y se miró al espejo. Unas bolsas negras resaltaban debajo de los ojos y los tenía rojos e hinchados.

Se quitó la ropa y se metió en la ducha. Estuvo largo rato con los ojos cerrados debajo del chorro de agua, dejando que el agua rodara por su cuerpo. Cerró la llave. Salió de la bañera. Se secó y se dirigió al closet en busca de ropa. Al entrar vio los cajones aun abiertos y vacíos. Los cerró uno a uno. Tomó unos pantalones jeans y una blusa blanca. Se puso la ropa y salió del closet.

Fue al escritorio y se sentó. Tomó un papel y escribió: “Hoy comienza una nueva etapa de mi vida…”

4 comentarios en “La Partida

  1. Solo las mujeres que se quieren a si misma y saben lo que quieren en la vida dan esa clase de libertad. Solo una gran mujer tiene el valor de levantarse todas las veces necesarias y seguir con su maravillosa vida .

  2. Perfecta la forma en que desgranas los dolores del día a día, los sufrimientos que todos en mayor o menor medida hemos atravesado. Enhorabuena

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