Entregarnos terca y apasionadamente a lo que hacemos.


Esta semana ha sido un poco complicada para mi, de hecho estos últimos días parece que todas las fuerzas externas se hubiera combinado para hacer que los días no salgan como uno lo planea. Pero a mis años he ido aprendiendo que la vida tiene ciclos. Antes cuando llegaban esas bajadas, me deprimía y me angustiaba, en estas ultimas semanas yo misma me he sorprendido de cómo he asumido los problemas que se han ido presentando, parece que nunca dejamos de crecer, madurar y aprender.

En medio de todo encontré estas palabras de Martín Descalzo: “Todo hombre es un tesoro único para algo y para alguien; que en cada uno de nosotros hay un don que tal vez sea, incluso,  exclusivo; y la felicidad consiste en entregarse terca, apasionada y corajudamente a desarrollar y profundizar ese don”

Y cuando llegan estos días donde todo parece estar saliendo mal, y cuando uno se pregunta, ¿Debo seguir adelante, debo poner empeño en esto que hago? Llegan estas palabras que te dicen… “No te des por vencido, continua adelante y entrégate terca, apasionadamente y con coraje a desarrollar ese talento que Dios te ha entregado”

Y yo en general suelo sacar fuerzas de cualquier lado y seguir adelante, lo que me preocupa y me entristece es ver a mi alrededor gente joven, que está comenzando su vida, tirar la toalla tan fácilmente y no estar dispuestos a echar la batalla, darse por vencido ante el primer golpe o revés que le encestan. Cuando escucho personas decir simplemente; “Eso no me concierne, yo no voy a dar mi mayor esfuerzo” “No me quiero comprometer” “Eso me queda grande y no estoy por complicarme mi vida”. Pienso: ¡Cuánto hubiera dado cuando tenía 20 y tantos años porque me hubieran dado esa oportunidad! ¿Es que estamos hecho de un material o de una pasta distinta? Y me pregunto como madre ¿Es que no estamos haciendo las cosas bien?

Era el año 1987 y acababa de salir de la universidad y tenia varios meses buscando trabajo, a todos los lugares que llevaba mi currículo me decían: “No te podemos dar trabajo porque no tienes experiencia” y ya estaba desesperada, sabia que toda esa gente tenía razón, me había pasado 5 años en la universidad y no sabia nada. Se me presentó la oportunidad de una entrevista en INFACA, Don Marino Espinal personalmente me entrevistó. Cuando me preguntó cuales eran mis aspiraciones salariales mi respuesta fue: “Lo que usted me quiera pagar, yo lo que quiero es aprender y trabajar”. Por supuesto me dieron el trabajo, y aprendí y fue mi primer trabajo formal, y lo valoré mucho, porque era consciente de que solo tenía conocimientos en mi cabeza pero con eso era muy poco lo que podía hacer.

Hoy muchos años después he podido multiplicar los talentos que Dios me entregó, creo que he ido por la vida dando el 100 x 100 y tal vez porque como dice Martín Descalzo me dediqué “terca y apasionadamente” a desarrollar y profundizar en mis dones y nunca he dicho que no a los retos que se han presentado en mi vida.

Solo espero y pido a Dios que me dé fuerzas para seguir adelante, porque todavía falta y no es momento de detenerse en medio del camino.

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