La historia del anillo


Esta es una historia verdadera, la primera parte la contaré tal y como lo recuerdo en la versión que repetidamente le escuché a mi madre: Papi era uno de los sobrinos preferidos de la tía Josefita, estaba estudiando en la universidad, pero no había terminado la carrera cuando se enamoró perdidamente de una chica alta, de pelo negro y ojos verdes, hermana de uno de sus mejores amigos de la universidad y decidió casarse, esa chica era mi madre. La tía, se enojo mucho y durante sus primeros años de matrimonio, no le volvió a dirigir la palabra, hasta que yo nací. Al parecer a la tía Josefita le gustaban las niñas, así que ella se apareció en la clínica con aquel anillo y se lo dio a mi mamá. Le dijo que era para su sobrina, para que se lo pusiera cuando cumpliera los 15 años, con eso terminó la enemistad entre tía y sobrino y ella se convirtió en una de mis tías preferidas… aunque hoy no voy a hablar de tía Josefita, sino de mi anillo.

Era un anillo pequeño de oro blanco con un diamante, mami lo tenía en un cofre y yo de vez en cuando y a escondidas de ella lo admiraba y me lo probaba. Por algunos años me quedó grande y yo soñaba con cumplir mis 15 solo para poder usarlo.  Un día, no recuerdo de quien lo escuché, me enteré, que aquel había sido el anillo de compromiso de mi bisabuela y cuando nací tenia alrededor de 50 años, era en verdad una reliquia.

Finalmente llegó el día en que cumplí 15 y pude usar mi anillo. La historia pudo haberse terminado aquí, pero realmente hay varias anécdotas que debo contar antes de decirles el destino de mi anillo.

Estaba ya en la universidad y una de mis tareas caseras era ayudar a mami en la limpieza de la casa. Era un sábado y estaba limpiando, cuando de repente me miré la mano y caí en la cuenta de que el pequeño diamante que tenía el anillo había desaparecido. Pueden imaginar la frustración y la desesperación que sentí. En ese momento vino a mi cabeza la historia de la biblia, de aquella mujer que perdió la moneda y con fe barrió la casa hasta encontrarla. Y yo así lo hice, tomé una escoba y creo que nunca la casa había sido barrida con tanto ahínco, lloraba de rabia y desesperación y todo lo que encontraba en el suelo parecía que brillaba. Ya había perdido las esperanzas y cuando estaba terminando de sacar la basura por el patio, encontré el pequeño diamante entre el polvo de la basura. ¡No lo podía creer pero lo encontré! Lo reparé y volví a usarlo, convencida de que estaba destinado a llevarlo para toda la vida, ¡aún no sabía que para toda la vida no existe!

Cuando  fui a Guatemala a estudiar  todo el mundo me preguntaba si aquel era mi anillo de compromiso y yo decía que si. Cuando se lo conté un día a Luis Henry me dijo que iba a tener que casarme con él por estar diciendo mentiras. Así el anillo se convirtió por segunda vez en un anillo de compromiso.

Hace tres años cuando me divorcié me costaba tanto aceptar mi nueva realidad que me negaba a quitarme mis dos anillos. Hasta que escuché a mi hijo menor diciéndole a alguien que yo no me había divorciado aún porque aún llevaba los anillos, entonces supe que había llegado el momento de quitármelos. Al ver mi mano vacía decidí que podía continuar usando mi anillo de compromiso, al fin y al cabo, era mío, y no era Luis Henry quien me lo había regalado. Guardé el anillo de bodas y seguí usando el anillo de compromiso.

Tengo 47 años, y había llevado el anillo durante treinta y dos años. Sumando los 50 que teóricamente tenía cuando nací, el anillo debía tener alrededor de 97 años…

Cada mañana cuando me iba a caminar me lo quitaba para evitar que “algún ladrón le llamara la atención” pero hace unos días me olvidé de quitármelo y para no subir de nuevo a la casa lo guarde en un bolsito que uso para caminar, parece que cuando saque la llave o la toalla del sudor debe haberse enganchado y lo perdí. ¡Por estar cuidándolo de los ladrones terminé yo extraviándolo!!

Cuando me di cuenta me sentí súper triste, he intentado todos estos días pensar que es algo material y que las cosas materiales no son importantes… finalmente muchas veces perdemos personas que queremos o mueren personas injustamente como ha ocurrido en los últimos días que me parece tonto estar triste por algo material. También he pensado que en ocasiones tenemos cosas que tienen un valor sentimental y que representan tantas cosas o tantas historias en nuestras vidas…

Mi anillo aún después de perdido tiene una última historia que es tal vez la más hermosa de todas.

Me di cuenta que mi anillo se había perdido hace dos mañanas, estaba desayunando con mi hijo pequeño y le conté llorando lo que había pasado. El se puso triste y me dijo: “mami yo te prometo que voy a juntar todo el dinero que pueda para regalarte el anillo otra vez”. Le explique que no era necesario porque finalmente las cosas materiales tiene un precio y un valor, y nada podría sustituir el valor que representaba eso para mi. Pasé toda la mañana triste y me dolía mucho la cabeza y a las once de la mañana recibí un mensaje en mi celular. Era de mi hijo pequeño y decía: “Mami, te quiero mucho y eres muy buena, gracias por todo” me sentí tan feliz de aquel mensaje, no entendía porqué él lo había enviado, en ese momento pensé que tal vez él presentía como yo me sentía.

Quería escribir esta historia para no olvidarla y recordar cada día: que debo aceptar que el anillo, o cualquier cosa que tenga,  es material y que como dice Ann Robertson “Las cosas importantes solo son aquellas que podemos llevarnos a la eternidad”… Las palabras de mi hijo: “Mami, te quiero mucho, eres muy buena, gracias por todo” es algo que siempre podré tener en mi corazón, que nunca voy a perder y que ningún ladrón me podrá robar.

3 comentarios en “La historia del anillo

  1. Ay Carolina, que casi me haces llorar con el sms de tu hijo… y estoy en el trabajo! 😉

    Hay cosas que da rabia perder. A mí me pasó con un colgante hace un par de años. Me lo había regalado mi padre hacía un año y lo perdí en un viaje de trabajo. Lo busqué por todos lados. En el restaurante, en el autocar que nos llevaba de un lado a otro, en el hotel, y nada, no hubo manera. El siguiente cumpleaños me regalaron uno igual pero para mí ya no tiene el mismo valor. El otro me lo regaló mi padre un día porque sí, porque le apeteció, y por eso me parecía más especial. Entiendo cómo te puedes estar sintiendo después de haberlo llevado durante 32 años pero como tú bien has dicho hay cosas que son más importantes.

    Besos y enhorabuena por esos hijos que tienes 🙂

  2. He llorado. Tienes toda la razòn, nada material podrà tener nunca màs valor que los sentimientos.
    Ese nene es un encanto. Un abrazo a todos en casa. Yosi

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