Aceptar el cambio: estar preparados para la novedad.


Estoy leyendo el libro de Esther de Waal sobre la regla Benedictina: “Buscando a Dios”. El capitulo anterior hablaba de la estabilidad. Al leer lo que ella escribía pensé que era muy sencillo hablar de estabilidad cuando uno se encontraba en un monasterio de clausura, ¿Qué podría ser distinto entre un día y otro en un monasterio? La vida allí es una rutina, una vez pasaban los primeros meses y los monjes lograban acostumbrarse,  vivir una “vida estable” era pan comido.

Mientras caminaba pensé qué difícil era hablar de estabilidad en medio de esta vida tan cambiante que nos ha tocado vivir, y mirando un poco la historia de mi vida, pensé que cada vez que he logrado cierta estabilidad en la vida llega un cambio fuerte y fundamental y he tenido que volver a comenzar. Para mi eso ha sido grave porque yo soy como mi mamá, como Rain Man, que los cambios me ponen nerviosa.

Cuando ya estamos acostumbrándonos al colegio llega a universidad, cuando nos hemos acostumbrado a la vida universitaria llega la vida profesional, de repente comenzamos a trabajar en un trabajo estable y llega la posibilidad de seguir estudiando, y cuando ya nos hemos acostumbrado a vivir en aquel país que no es nuestro, hay que volver a casa a comenzar de nuevo y así podría seguir hasta el final de la vida. Terminé convencida de que en el único lugar donde podríamos hablar de estabilidad era en un monasterio de clausura.

Pues esta mañana me sorprendí al encontrar que el siguiente capitulo del libro hablaba del cambio. Este es para mi, pensé.

“No podemos pensar en la vida como un viaje, sin aceptar que el cambio conlleva crecimiento… Significa vivir provisionalmente preparados para la novedad allí donde y como pueda aparecer. Aquí no hay seguridad alguna. No es posible aferrarse a pasadas certezas. Mas bien podemos esperar cómo los ídolos que hemos escogido se quiebra sucesivamente”.

“Vivir provisionalmente preparados para la novedad allí donde y como pueda aparecer”,  pero ¿Estamos preparados para el cambio? ¿Qué pasa cuando llega y trastorna nuestras vidas desarmándola, desintegrándola?… y dice Esther, que no debemos aferrarnos a ninguna certeza pasada, porque aquella que creemos mas segura es la que nos dará mas decepciones.

La clave para vivir en este cambio constante en nuestras vidas es el desapego, no aferrarnos a nada, para poder aceptar cuando llegue la novedad. Otra cosa que debemos aprender es a olvidar, pienso que es una forma de desapego. Al recordar volvemos a pasar por el corazón y nos aferramos a eso.

Finalmente entre las cosas que pensé esta mañana es que cuando uno trata de olvidar solo quiere olvidar lo que nos duele o nos da tristeza, pero creo que no es posible, creo que terminaré convenciéndome que: “para poder olvidar las tristezas de alguna parte de nuestra vida también debemos olvidar las alegrías, porque solo aquello que algún día nos hizo feliz, nos llena de tristeza en otro momento de nuestra vida”

Para aceptar el cambio debemos estar preparados para la novedad, no debemos aferrarnos a nada ni a nadie y debemos aprender a olvidar las alegrías y las tristezas de esa etapa de nuestra vida que pasó.

Un comentario en “Aceptar el cambio: estar preparados para la novedad.

  1. Esta muy buena tu reflexión… solo puedo agregar si me permites, que mejor que olvidar es perdonar a quienes nos causaron tristezas; reconciliarse con esa parte del pasado que quizás nos hirió, ayuda a aliviar poco a poco el dolor. Cuando se reconoce que todo sirve, que el haber sufrido nos ayudo a crecer, partes del camino necesarias para llegar a alguna parte más arriba…

    El cambio es constante, es cierto, el desapego, necesario… Sin embrago, Hermann Hesse escribió en su libro Siddartta (), que para el ser humano es casi imposible no sentir dolor, o no apegarse o no sentir simplemente, por lo cual es imposible no sufrir… más bien (dice Hesse) el dolor se alivia cuando podemos ver totalidades, la risa, la tristeza, el placer y el dolor, todo parte de una misma cosa, como un río que fluye y canta con múltiples voces…

    El sufrimiento viene, dice Hesse, cuando nos aferramos a escuchar solo el llanto, y olvidamos las risas que también fluyen en la vida, como múltiples voces…

    Un placer leerte,
    un saludo!

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