Quisiera ser como el Ginkgo.


En estos días me vino al recuerdo una conversación que tuve con mi padre hace muchos años, mi papa me explicaba algo sobre “La escala de valores”, y me decía que la escala de valores de las personas era distinta, y que lo que eras valores fundamentales para mi, no necesariamente lo eran para otra persona. Normalmente uno trata de buscar personas que tenga mas o menos nuestros mismos valores para relacionarnos.

Conversando con un chico joven, en esta semana, pensé cuanto se habían tergiversado los valores, hasta tal punto que ya parece que nada es malo, que nada esta mal, que todo lo que uno haga se acepta y no debe ser tachado por nadie, no importa a quien afecte o las consecuencias que tenga.

Revisando mi libro de los valores de Grün encontré lo siguiente: “Vivimos en un tiempo caracterizado por la arbitrariedad. <<todo vale>> todo está permitido. Es bueno todo aquello que me hace sentir bien” y Grün agrega: “Los grandes pensadores han reflexionado sobre la vida buena. Y siempre han estado convencidos de que quien sólo vive según el propio provecho, o trata de auto-realizarse sin respetar a los demás, no encuentra la verdadera felicidad. La condición para que nuestra vida sea plena es que sigamos los valores correctos”

Reflexionando sobre esto que dice Grün pensaba, que los valores se han perdido en la sociedad, y ahora no importa que en el camino nos llevemos por delante a cualquiera, contar de lograr lo que queremos. Si por yo ser feliz o lograr lo que yo quiero hago infeliz a todo el que me para al frente, no me importa. Si tengo que tirar a la basura todos los principios que me mantuvieron durante una buena parte de la vida, o los que me dieron mis padres, para lograr mi “felicidad” eso tampoco es importante.

Sin embargo, Grün nos dice que los grandes pensadores afirman que cuando hacemos esto no logramos la verdadera felicidad, y en algún momento de nuestra vida nos daremos cuenta de esto. Tal vez los que actúan de esa forma pensaran que en lo que llega ese momento de darse cuenta de que tal vez no fue la mejor forma de actuar, pueden disfrutar el momento presente. ¿O será que algún día en verdad serán infelices

Mi preocupación viene al pensar en mis hijos y como puedo enseñarle valores cuando la sociedad en la que vivimos no se preocupa de ellos. Cuando el que menos imaginamos echa a la basura los valores por conseguir lo que desea. Siempre pensé, que si yo vivía de acuerdo a los principios y valores en los que creo, mis hijos los aprenderían, pero ahora, en realidad a veces pienso si no seré yo la que estoy equivocada, sino será simplemente que la vida cambio y que los valores no son realmente importantes.

230px-Ginkgo_tree_in_Jingu_Gaien_Ginkgo_Street_Tokyo El ginkgo es en Asia un árbol sagrado símbolo de la fuerza vital y la esperanza. De él se dice que resiste tanto las tormentas como a la contaminación o la sal para el deshielo empleada en las ciudades. “Después de la bomba atómica de Hiroshima, fue uno de los pocos árboles que quedó en pie en las cercanías del epicentro, por lo que se lo conoce como portador de esperanza”. Hoy quisiera ser como el ginkgo arraigarme a mis valores para resistir las influencias negativas a las que me veo expuesta cada día y no sufrir ningún daño por la irradiación de un ambiente contaminado por emociones negativas.  Con mi ejemplo quisiera enseñarle a mis hijos sobre los verdaderos valores, y hacerles comprender que por lograr nuestros sueños no podemos ir por la vida atropellando y haciendo daño a los que están a nuestro alrededor.

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