Hace unas semanas era la feria del libro, desde hace algunos años que dejó de entusiasmarme ir a la feria, en años pasado he viajado a España a visitar a mi hijo y ha coincidido con la feria de Madrid. Me imagino que puede sonar prepotente o a alguien puede caerle mal, pero después de ir a la Feria del Libro de Madrid…
Este año coincidió que mi hijo, que vive en Madrid, estaba de visita por aquí y él quería ir a la feria dominicana, lo que para mi ya no es atractivo a él le llama la atención. En defensa a mi punto de vista, en la feria de Madrid se aprovecha para lanzar nuevos libros, los autores están firmando sus libros y uno encuentra una variedad inmensa de opciones. Los estantes de la feria dominicana están llenos de libros viejos que pueden ser del interés de quien anda buscando ejemplares que ya no aparecen o libros usados a precios económicos.
Este año me ha dado por leer libros repetidos, y volví a releer los libros de Carlos Ruiz Safon, de la serie de “El cementerio de los libros olvidados”. Recorriendo la feria me encontré con el Stand de una librería muy vieja que está en el conde, que yo solía visitar con mucha frecuencia, y cuando me puse a revisar me imaginé por un momento que me encontraba en “El cementerio de los libros olvidados” del Santo Domingo de hace muchos años, había en los tramos un montón de libros viejos de autores desconocidos que probablemente nunca nadie vaya a comprar y mucho menos a leer.
El cementerio de los libros olvidados de Safón, era aquel lugar donde iban a parar los libros que uno no quería que se perdieran, pero que por alguna razón deben estar resguardados. En mi imaginación de lectora, era un lugar mágico lleno de escaleras y tramos que suben al techo, una biblioteca espectacular donde puedes encontrar lo que quieras y lo que no. La librería del conde, donde hace años que no voy, se me antoja un lugar viejo obsoleto donde van a morir libros que a alguien se le ocurrió escribir y que no tuvieron ninguna oportunidad en los lectores, ya que nunca llegamos a descubrirlos, no dudo que en los tramos haya buenos libros, solo que tuvieron mala suerte.
Siempre soñé ser escritora, llegué algún momento a coquetear la idea de que podía recopilar mis cuentos y publicarlos, mis hijos me animan a que lo haga, uno me dice que lo va a diagramar y el otro se ofrece a hacerle la portada, pero luego pienso que tal vez mis cuentos vayan a parar llenos de polvo en la librería del conde y prefiero seguir pensando que nadie los leyó porque simplemente no los publiqué y no que fueron un rotundo fracaso. Probablemente mis amigos y familiares lo lean y me digan que son buenos, pero mi imagino que cuando uno se decide a publicar un libro es cuando el ego ha dado tal subidón que uno quiere que otras personas ajenas, también nos digan que les gustó y no solamente tus amigos y familia, no se si tengo tanto valor para arriesgarme.
Yo simplemente escribo, siempre pensé que no escribía porque no tenía tiempo, ahora tengo tiempo y no me llega la inspiración. Se que solo es cuestión de disciplina, pero también he descubierto que para escribir hay que vivir, hay que viajar, moverse y tener aventuras, la imaginación solo llega a partir de lo vivido y mi vida se ha vuelto últimamente demasiado monótona, demasiado encerrada entre cuatro paredes, así no hay posibilidad de imaginación.
Tal vez uno se convierte en escritor cuando simplemente escribe porque sí, porque está en tu ADN porque es tu naturaleza y no debería importarte si alguien va a leer lo que uno escribe. Si es así, pues ya soy escritora, escribo, público lo que se me ocurre en mi blog, mi amigo Abel siempre le da like a lo que escribo, a veces se lo envió a mis hijos y a mis amigos y no se si lo leen, pero eso no me importa.
Prefiero seguir pensando que no soy escritora y sentarme en la compu cuando me llega la inspiración un domingo en la tarde y escribir lo que me sale del forro de los pantalones sin importarme si alguien va a leerlo.
Yo sí leo tus escritos, y quiero que sepas que me acompañan. Me alegro cada vez que me llega la notificación de que has publicado algo nuevo. Me gusta encontrarme con tus pensamientos, tus recuerdos y esa manera tan tuya de mirar la vida.
Quizás no te consideres escritora, pero para quienes te leemos ya lo eres. Y si algún día decides publicar tus cuentos, recuerda que hay libros que no necesitan miles de lectores para dejar huella. A veces basta con uno.