“La hora que nunca brilla”


Estoy leyendo un libro de Orairola, si otro, la verdad es que debo confesar que me gusta mucho como escribe. Se llama “Bailar con la Soledad”. Lo comencé a leer con la expectativa de ver si logro hacer las paces con este momento de la vida que me ha tocado vivir, que muchas veces me resulta cuesta arriba.

Citaba unos versos de José Martí que me sonaron a los de alguna canción que había escuchado alguna vez, y resultó, ¡como no imaginarlo! que es una canción de Silvio Rodriguez: “Debes amar el tiempo de los intentos/debes amar la hora que nunca brilla/y si no, no pretendas tocar lo cierto” eso dicen los versos y la canción de Silvio. Dice Oraizola que la hora que nunca brilla es el momento de lo cotidiano. Y afirma: “Y aprender a amarlo, no es solo tolerarlo porque no queda mas remedio… es que hay tanto de nuestra vida y nuestras relaciones que se expresa, se vive, se construye en las horas grises, que es necesario aprender a valorarlo”

La reflexión iba por lo siguiente, con esto de las redes sociales, nos encontramos que las personas suben un montón de fotos maravillosas, en las cuales todos están felices, y esto va generando la sensación de que todos los demás tienen una vida fantástica, y que la de nosotros no parece tan feliz como la fachada de los otros, que vemos en las redes sociales. “Porque la parte menos brillantes, las heridas… eso, generalmente no lo ponemos en las redes sociales” yo soy de la opinión de que, si voy a compartir algo, que sea agradable, porque, para qué voy a andar amargando a los otros, cada cual tiene sus problemas, y tampoco soy de las que sube cosas para que la gente se compadezca de mi, porque eso en verdad no me va a ayudar a resolver los míos.

Pensaba esta mañana que debo aprenderá a valorar más mi vida cotidiana, porque finalmente lo que soy, lo he ido construyendo con las experiencias, los golpes, las alegrías de cada uno de los días sencillos y cotidianos de mi vida; he aprendido más con “esos días”, que con aquellos donde el sol brilla y todo es maravilloso.

Dice Oraizola: “Probablemente todos somos mas o menos conscientes de que cada persona tiene sus propias batallas y sus desvelos, sus días cálidos, pero también sus noches heladoras. Solo que una cosa es saberlo y otra comprenderlo, a un nivel profundo”

Pues ese es mi reto de estos días, aprender a valorar mi vida cotidiana, comprender a un nivel profundo, que esos días son los que me darán la fortaleza para seguir adelante.

LO QUE DEBES AMAR

Debes amar
la arcilla que va en tus manos;
debes amar
su arena hasta la locura
y si no,
no la emprendas que será en vano;
sólo el amor
alumbra lo que perdura…
sólo el amor
convierte en milagro el barro…
Debes amar
el tiempo de los intentos;
debes amar
la hora que nunca brilla;
y si no,
no pretendas tocar lo cierto…
sólo el amor
engendra la maravilla
sólo el amor
consigue encender lo muerto…

José Martí ( La Habana, 1853-1895 )

3 comentarios en ““La hora que nunca brilla”

  1. Mi querida Caro, yo me veo en esa encrucijada con mucha más frecuencia de la que me gustaría. Miro mi vida, mis luchas y mis dolores y al comparar con lo que muestran los demás, parece que la repartición de cargas no ha sido justa. Creo que habrá que sacar el tiempo de compartir más con los comunes, con los valientes, con los guerreros para celebrar las batallas libradas todos los días. Cada vez que te leo te quiero más.

  2. En El Señor de los Anillos, Tolkien escribió: “lo único podemos decidir es qué hacer con el tiempo que nos han dado”.

    En algún otro libro sabio, hace años, descubrí el concepto de que la vida la hacen todos los momentos: los grises, los insignificantes, los anodinos, los luminosos y, por supuesto, los grandiosos. El tema es que estos últimos son los menos, y nos pasamos la existencia esperando el próximo evento extraordinario para sentir que vale la pena vivir la vida. Mientras tanto, nos perdemos todas esas pequeñas horas que nunca brillan, las dejamos pasar sin reparo, y así se va la enorme mayoría del tiempo. Y lo peor es que, al final, tampoco los momentos luminosos suman suficiente gozo como para construir eso que llaman felicidad. Entonces, una actitud más clara sería “estar presentes” en cada instante de nuestras vidas, brillante o no. No perdernos ni un segundo. De repente, algo se alumbra en esas horas que dicen que no brillan.

    Gracias por compartir tu reflexión.

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