Un vestido para el funeral


Hace mucho que no escribía estoy un poco oxidada pero aquí voy…

Estaba obsesionada con aquello y no había modo de sacárselo de la cabeza. Aun no entendía porque los viejos se obsesionaban con ese tipo de cosas. Había tenido que hacer malabares para poder salir a las 5:00 en punto de la oficina y en medio de los frenéticos tapones de la hora pico, llegar a tiempo para recogerla. Gracias a Dios que Ana se había ofrecido ayudarla con los últimos papeles que tenía en el escritorio. Ahora me encontraba allí, la miraba probarse un vestido tras otro. Decía que tenía que comprar el vestido que usaría en su funeral. La vi salir con un vestido blanco con unas flores verdes.

— ¿Qué te parece este?

— Mamá, creo que un vestido blanco con verde no es muy apropiado para… esa ocasión.

— La verdad no entiendo porque la gente insiste en que uno tiene que estar vestido de blanco cuando se muere. A mi el blanco con el color de mi piel no me va, me voy a ver todavía mas pálida.

— Mamá por favor!

— Bueno, pero que quieres, ¿que no lo diga? Es una realidad en esos momentos las personas se ponen muy pálidas.

— Ya, ya esta bien, si no te gusta el blanco puedes probar con algo negro o gris incluso morado.

— ¿Morado? La verdad no se me había ocurrido, espera déjame preguntarle a la señorita si tiene alguno morado.

La vi alejarse hacia el otro departamento, pero decidí permanecer allí sentada. La situación ya me estaba poniendo nerviosa y al mismo tiempo me entristecía. Quería gritarle de una vez por todas que se olvidara de ese asunto, que nos fuéramos a la casa, que esas eran cosas que uno no tenia que planificar en la vida, que por alguna vez dejara que otros decidieran por ella.

A lo largo de su vida ella había tenido todo muy calculado, cada domingo se sentaba a planificar lo que iba a hacer durante la semana minuto a minuto. Cada principio de año escribía sus metas y las evaluaba cada trimestre y luego volvía a evaluarlas al final de cada año y anotaba el porcentaje de cumplimiento. La había visto hacer eso durante mucho tiempo. Había planificado hasta cuando quedaría embarazada para que ella naciera un 25 de diciembre y se había aguantado los dolores toda la nochebuena solo para demostrar que tenia todo controlado. Ella había nacido un 25 a las 12:05 de la madrugada.

Pero esta última obsesión había comenzado hacia un par de meses cuando le entregó un sobre y le dijo que no podría abrirlo hasta la fecha marcada afuera que seria un día después de su fallecimiento. Al principio se había aguantado las ganas de reír pero luego de escuchar las explicaciones detalladas de su madre comenzó a asustarse y al salir ya no estaba tan segura de que estuviera bromeando. Al llegar a su casa había guardado el sobre en una gaveta que nunca abría para olvidarse por completo del asunto; y lo había logrado, porque ya ni recordaba cual era la fecha que marcaba en el exterior. Pero ahora con esto del vestido había vuelto a pensar en el sobre y no veía la hora de regresar a su casa para buscarlo.

Vio a su mama regresar a los probadores.

— Mira este, flores moradas con negro, es hermoso me lo voy a probar.

— Bueno — solo atine a contestar con una voz entrecortada.

La vi entrar en el probador, tardarse unos segundos allí dentro y salir con el vestido y unos zapatos de tacones altos puesto. Vi su figura delgada hermosa, sus cabellos plateados perfectamente arreglados, parece que había ido al salón en la mañana porque el pelo tenia un brillo de recién lavado. Se veía joven no parecía la mujer de 85 años que estaba delante de mi.

— ¿Que te parece?

— Te ves hermosa — Solo pude responder con un nudo en la garganta.

Sonrió complacida. Regresó al vestidor y al rato la vi salir con el vestido y los zapatos colgados del brazo.

— ¿Listo, ya nos podemos marchar?

— Si, misión cumplida.

Pagamos. Subimos al auto y conduje en silencio hasta su casa.

— ¿No te bajas un rato?

— No puedo tengo algo que hacer en casa, mañana puedo pasar temprano.

— Bueno…

— ¿Me guardaras un café?

No me respondió. Se bajó del carro. Me dio un beso en la frente, tierno como hace tiempo no lo sentía y sonrió con tristeza. La vi alejarse con el paquete en la mano.

Conduje hasta casa sin pensarlo. Al llegar abrí la puerta rápidamente y corrí escaleras arriba hasta mi habitación. Recordaba que había lo había tirado en una gaveta y con desesperación busqué cada uno de los cajones. Al final lo encontré y con terror mire la fecha: 22 de octubre del 2014. Me senté en la cama y mire el calendario solo para confirmar lo que ya sabia, que en dos días seria ese día.

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