Visita a la Abuela


Finalmente llegué abuela, pensé que no lo lograría, pero es que solo a mi se me ocurre venir a visitarla en un día como hoy, sabiendo como se pone este lugar los primeros de noviembre. Aunque también, las cosas que usted me hace, y yo que me pongo de bocona a prometerle que sí, que por encima de la cabeza de cualquiera cumpliría mi promesa, que no importaba que me fuera a vivir a otro país, aquí estaría visitándola cada año.

Hoy abuela tengo que decirle muchas cosas. De verdad que no ha sido un año fácil para mí, ¡esté año ha sido de muerte!, Jesús, María y José, perdón se me olvidó que eso aquí no se puede mencionar. Pero como le iba diciendo ha sido un año difícil y no sabe la falta que usted me ha hecho, no sabe como extraño nuestras conversaciones todas las tardes, como extraño sus historias y chismes de todos los vecinos y familia. Sabrá que ahora ni me entero de lo que pasa con el resto de la familia, porque usted era que me lo contaba todo. Supongo que así le contaría mis cosas a todo el mundo. No, no se enoje, esta bien yo sé que conmigo era distinto, porque yo era la nieta preferida. Sé, que lo que  yo le contaba lo mantenía en secreto, que siempre me prometió que mis andanzas se las llevaría hasta la tumba. Aunque debo confesarle que hubiera preferido que se las contara a todo el mundo y no que me guardara el secreto de esa forma.

Verá abuela que ya no he vuelto a comer arroz con plátano y huevo. Ese plato gourmet que solo me permitía en su casa los sábados, cuando llegaba a las cuatro de la tarde a escuchar el tocadiscos que usted  tenía. ¡Como le gustaba a usted verme sentada cambiando los discos que de tanto escuchar terminé por aprendérmelos! ¿Se acuerda abuela que no me dejaba que me los llevara para mi casa? Yo sé porque no quería que me los llevara, porque a usted lo que le gustaba era que yo fuera a su casa a escucharlos, para tenerme allí sentada, brindarme café y guardarme ese menjurje de cena. Siempre me decía que cuando ya no estuviera, el tocadiscos sería mi herencia, ¡si usted supiera que eso ya ni se usa! ahora lo que existen son unos famosos aparatitos que se llaman ipods donde uno puede tener toda la música que a uno se le ocurra, tanta que ni tiempo tiene de escucharla toda ¡Cuánto extraño esas tardes!

Abuela, ¿sabe lo qué mas extraño de que ya no esté? las reuniones de la familia.  Usted abuela era la matrona alrededor de la cual nos reuníamos, recuerdo que todos los sábados desde que daban las cuatro comenzábamos a llegar a su casa, como nosotros era los que vivíamos mas cerca éramos los primeros en llegar. Y usted se ponía entonces a preparar cena para ¡toda esa gente!, la verdad abuela que a usted le gustaba el can, porque mire que preparar cena para ese batallón. Pero eso la hacía feliz ¡como se enojaba cuando hacía muchos días que no llegábamos! Sabíamos que nos esperaba nuestra merecida reprimenda porque “¡Hace dos sábados que no vienes!” Yo sé que todos los nietos por no escucharla peleando tratábamos de visitarla en algún momento del día y usted abuela, llevaba la contabilidad de los que pasaban.

Cuando se acerca el fin de año es cuando mas la extraño, y ¿Sabe porqué abuela? Porque siempre me acuerdo que a usted le encantaba que le pusiera el arbolito de navidad y el nacimiento. Desde que terminaba noviembre me andaba llamando para que fuéramos a comprar las cosas del arbolito, para que fuera a probar si las luces servían “porque sino, había que comprar nuevas”, para que fuéramos a comprar adornos diferentes “los del año pasado ya están muy feos” siempre me decía. Y yo salía a buscar el papel para hacerle una montaña debajo del arbolito, y ponerle el nacimiento y los reyes magos llegando y compraba pintura marrón, porque no le gustaba que las montañas fueran blancas, “aquí no cae nieve mijita” decía, “para que le va a poner eso blanco, aquí las montañas son marrones, eso es pa’ lo países que cae nieve” y yo me reía abuela, y en realidad le daba la razón y le ponía sus montañas marrones. No me salían tan lindas como lo del primo mayor, porque él era arquitecto y sabía de eso, yo trataba de imitarlo, pero nunca lo conseguí, pero eso a usted no le importaba mucho, con que le pusieran su arbolito sé que se conformaba. Todavía el último diciembre cuando estaba ahí tirada en esa cama, me mandó a buscar para que le pusiera las luces “al menos en el frente de la casa” no sabe como lamenté no haberlas puesto, fue su última navidad.

¿Y ese regalo de cumpleaños? ese nunca faltaba, todos los años sabía que tenía esos zapatos seguro. Usted lo mandaba a comprar con doña Manuela, que los traía de los países, y yo siempre me enteraba del regalo antes de tiempo, porque usted me mandaba a llamar para que me los probara. Usted sabía el número que yo calzaba, pero yo creo, abuela, que a usted lo que le gustaba era que yo supiera que me iba a regalar los zapatos, y entonces me decía: “¿tu te lo quieres llevar desde ahora?”, “pero ya tu sabes que ese es tu regalo de cumpleaños”… y entonces el día del cumpleaños le encantaba anunciar, para que todo el mundo lo supiera: “¡yo mi regalo ya se lo di hace días!”. ¡Abuela pícara! yo creo que eso era lo que pasaba, que quería siempre ser la primera

Lo otro me gustaba abuela, era ese afán suyo por comprarle regalos a los nietos. Se pasaba todo el año juntando esos chelitos para comprar esos reyes, porque le gustaba que el día seis de enero fuéramos llegando uno por uno a buscar el regalo.  Luego, cuando crecimos, entonces le comprabas regalos a los biznietos.  Entonces yo me convertí en su compañera de compras, le acompañaba a comprarlos y después tenía que envolverlos y ponerle los nombres,  y usted andaba siempre con tu lista “para que no se le olvidara ninguno”.

Como le decía al principio, entre las cosas difíciles que ocurrieron este año, una de ellas es que se nos fue la tía Meca. Yo sé que usted sabe, usted ahora está contenta porque la tiene allá con usted, pero a nosotros, le confieso, que nos dejó un poco tristes, no sólo a sus hijos, creo que a todos. Siempre pensé que la Tía Meca era la mujer mas buena de esta tierra. Bueno, bueno si, yo sé que usted también era buena, no se me enoje, pero lo que pasa es que ella salió a usted, creo que toda la bondad que hay regada en la familia la sacamos de usted, porque viera abuela que eso se hereda, aunque usted no lo crea.

Aunque  tengo que decirle que también su mal genio anda regado por todos lados, Jesús, María y José, ¡esos son unos malos genios! nada mas le digo que el chiquito mío, se le meten unos humores que hay que tenerlo controladito. Si, yo sé abuela que en sus tiempos eso se arreglaba con un chancletazo, pero ahora viera no se le puede dar a los muchachos, si a uno se le ocurre, hasta una demanda le ponen.

Bueno abuela, ya tengo que ir recogiendo, que se hace de noche y no tiene ninguna gracia que me encuentre la luna aquí en medio de este cementerio, va y a ustedes les da por querer salir. Pero antes de marcharme hay algo especial que le quería contar, le tengo una buena noticia, este año para honrar su memoria hemos decidido reunirnos en casa de Tio Micho. No podremos juntarnos todos porque faltan muchos que se han ido a vivir afuera, pero trataremos los que estamos aquí, espero podamos recordar esos tiempos cuando nos reuníamos cada sábado en su casa.

Esta bien, esta bien, le prometo que les contaré a todos que estuve por aquí visitándola, que le traje flores y que la actualicé con las novedades de la familia. si, si también les diré a todos que los quiere mucho y que recuerden que la familia es la único y lo mas importante que puede haber en la vida.

¿Sabe que abuela?, no sabe cuanto la quiero solo hay una cosa de la que me alegro en esta vida y es de haberle dado en vida todo el cariño que pude. Si, le prometo que el próximo año vuelvo, pero ¿Porqué mejor no otro día? Este día de los muertos este cementerio se pone insoportable.  Esta bien, esta bien, el primero de noviembre como cada año, mire abuela que usted es una mujer terca.

Este post quiero dedicarlo a mi abuelita María, mañana 22 de diciembre cumple aniversario de muerta. Era una GRAN ABUELA.

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