Limpiar para olvidar un poco


Creo que tenia como 12 años cuando a mi mamá le diagnosticaron una hernia en la espalda. Aprovechamos unas vacaciones para hacerle la operación y cuando salió de la clínica el médico le dijo que debía estar tres meses en cama. Su habitación quedaba en la segunda planta, así que no podía volver a bajar por tres meses; y así fue como me hicieron responsable de cocinar en la casa, además junto con mi hermana del resto de las tareas hogareñas, al menos limpiar. Creo que alguien venía a lavar y planchar la ropa, en esa época no había lavadoras, o no estaba al alcance de una familia de clase media.

Me pasé todo mi verano cocinando para mis hermanos, mi mamá me daba instrucciones desde la segunda planta: “Pon el aceite, ahora echale el ajo, la cebolla, ají, cilantro y sal, cuando sofría le pones las habichuelas…” y así fue como aprendí a cocinar y a hacer todo lo que una mujer debía saber sobre los quehaceres domésticos.

Cuando comenzaron las clases, no se porque circunstancias, no teníamos servicio en la casa, pienso que fue una de esas decisiones arbitrarias de mi mamá, o tal vez la situación económica no era la mejor y decidimos recortar gastos, lo cierto es que se decidió que mi hermana y yo nos levantábamos a las 4:30 de la mañana a limpiar la casa antes de irnos al colegio, y así comenzó nuestro viacrucis de la limpieza. 

Sonaba el reloj a las 4:30, yo levantaba a mi hermana y nos distribuimos la limpieza. A ella le tocaba el baño y a mi la sala, comedor, cocina, gracias a Dios las habitaciones tienen alfombra y no había que limpiarlas.  Tres veces a la semana teníamos que limpiar con jabón y luego agua limpia y los otros dias solo con agua. 

Tenemos un montón de anécdotas de aquella época.

Un dia nos levantamos y yo no podía ni con mi alma, no entendía porqué estaba tan cansada, ya teníamos la mitad de la casa limpia cuando vimos a mi papá en piyama que se acercaba:

— Mami, que pasa — me preguntó mi papá

— Nada, estamos limpiando — le respondí

— ¿A las 2 de la mañana? 

Y cuando me dijo eso fue que miré el reloj y caí en la cuenta de la hora que era, al parecer uno de mis hermanos se había hecho el gracioso y nos había cambiado el reloj y yo me había levantado más temprano de la cuenta. Mi hermana y yo dejamos los cubos de agua donde estaban y nos fuimos a acostar, pero no podíamos conciliar el sueño matadas de la risa.

Luego entramos a la universidad y seguimos con nuestra rutina. una vez al mes había que limpiar la casa completa, con cepillo y manguera todas las paredes, ventanas, puertas, pasarle grasa a los muebles y lavar todos los cuadros que había colgados en la pared. Mi amiga Yosy en alguna que otra ocasión se hizo solidaria con mi causa y venía y me ayudaba a hacer la limpieza.  Cuando terminamos la universidad y me hermana consiguió trabajo, hablamos con mi mamá y le ofrecimos pagar a una persona para que se encargará de la limpieza y fue cuando pudimos delegar estas tareas. 

Puedo decir que aprendimos a ser hacendosas y a tener disciplina. Cuando me casé, algunos años después sabía todo lo que había que hacer en una casa. Al principio un matrimonio reciente y con sus limitaciones, dedicaba los sábados a hacer la limpieza aunque y luego conseguí alguien que se encargara de esa tarea. 

Hace muchos años que no hacía oficios de la casa. Creo que todos los años de mi niñez, adolescencia y juventud, fueron suficientes para quitarme todos los deseos de dedicar mi tiempo a esas tareas. Pero hace unas semanas cuando comenzó la crisis, mande la señora que hace el servicio para su casa, lo hice por ella, es una persona enferma y no quería que estuviera yendo y viniendo y se fuera a enfermar.  Eso provocó que tuviera que preparar un calendario para comenzar a hacer las tareas domésticas. En esta semana, limpie la casa completa, con baños, lave la ropa de cama (en la lavadora por supuesto) la ropa mia y de los chicos, y entonces recordé mis viejos tiempos. Me dio dolor de espalda y tuve que tomar medicina y ponerme una toalla caliente y me salió un callo en las manos de exprimir el suape. Creo que me estoy poniendo vieja.

Hacer labores doméstica te da disciplina y te templa el carácter, reconozco que no es algo que me gusta hacer, pero recordar que la vida en otra época fue distinta y que no siempre tuvimos la comodidad que tenemos ahora, me ayuda a ser agradecida con mi vida actual.  Esta realidad que nos ha tocado en este años 2020, nos está enseñando muchas cosas: a darnos cuenta la vida que tenemos con todas sus bendiciones, que muchas veces no valoramos en su justa medida. Es surrealista, es como estuviéramos viviendo en una realidad paralela, pero cada mañana nos damos cuenta de que no, que este es el momento, el ahora, y que tenemos que seguir adelante a ver cómo salimos de esta. Al menos  tener la mente ocupada con trabajo doméstico, me ayuda a olvidarme un poco del mundo y de la realidad que vivimos.

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