26 de Octubre 2024
Hace unos días leí un artículo en un periódico, decía que en la actualidad la esperanza de vida de las mujeres era 88 años y la de los hombres 83. Mis padres cumplen 90 ambos, papá los cumplió en septiembre y mamá los cumple en abril del próximo año, la familia de ambos lados ha sido bastante longeva, mis dos bisabuelas vivieron ambas más de 100 años, así que en teoría, por genética, no debería de estar preocupándome mucho por esto. Sin embargo cuando leí el artículo y calculé por estadísticas que solo me quedaban 28 años de vida, algo de tristeza sentí.
Hace unos días encontré un libro se llama «Vivir la muerte» de Vicente Madoz y creo que como ando con esa espinita me decidí a leerlo. Encontré la siguiente reflexión: «Lo que es relevante a la hora de morir es, como hemos vivido, como hemos amado, como hemos confiado y la fé que hemos tenido a lo largo de la vida… Muere tranquilo, sereno, satisfecho el que comprueba que a lo largo de su vida ha hecho lo que tenía que hacer. Quien recolecta en sus recuerdos una vida deshilachada o vacía se carga de angustia y a veces de desesperación, ante el hecho de un final sin sentido. Es como si cada ser humano, en su momento de la verdad, tuviera necesidad de poder decir: He vivido, soy capaz de morir»
Por supuesto, al leer esto me pregunté a mi misma: ¿He vivido con suficiente sentido para poder morir en paz? porque si la respuesta es no, solo me quedan 28 años de mi vida para enmendarlo.
Cita el autor a Kalil Gibran: «Si queréis realmente contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en para las puertas de vuestro corazón al cuerpo de la vida, pues la vida y la muerte son una misma cosa, como el río y el mar son una misma cosa» . Enfatiza el autor que morir es algo natural, es lo único seguro que tenemos, dicen algunos, entonces ¿Porque tenemos miedo y sentimos tristeza al pensar en la muerte?
Creo que siempre le queda a uno el sentimiento de que pudo haber vivido la vida de una manera distinta: que pude haberlo tomado con más calma, disfrutado más de la naturaleza, haber cuidado más la tierra, haber querido más a los que uno quiere, o al menos demostrarlo de una mejor manera, decir más veces: «te quiero», no malgastar tanto el tiempo en preocuparnos por aquello que no podemos resolver, no trabajar tanto, vivir más el aquí y el ahora y preocuparme menos por el pasado y el futuro sobre el que no tengo ningún control, haber hecho algo trascendente al menos en el entorno en que me muevo.
Pues eso, me he preguntado: ¿He realizado eso que de repente caigo en la cuenta de que es lo único importante? Se que a muchas de esas cosas puedo responder que sí, pero también sé en mi interior que una gran mayoría me cuestan y tal vez por eso pensar en la muerte trae tristeza a mi corazón.
Nunca es tarde para comenzar y tal vez llegando a mis 60 puede ser el momento para reflexionar sobre vivir una vida con sentido suficiente para que valga la pena morir con sentido