Hace unos días estaba de viaje y mi hijo me llamó para preguntarme si le pasaba algo a la estufa no quería encender el horno. Le expliqué como funcionaba y llegamos a la conclusión de que tenía algún problema. Cuando regresé de viaje constaté que el horno estaba dañado, solo funcionaban las hornillas. Dije en voz alta que lo que teníamos que hacer era tirarla y comprar otra, mi hijo no respondió nada.
Días después cuando volví a mencionar lo del horno me dijo que no entendía porque quería comprar otra estufa, probablemente era una pieza dañada y solo teníamos que arreglarla. Llamamos a un técnico quien confirmó que tenía la tarjeta dañada y que él intentaría buscarla para ver si la cambiaba, me aclaró que la estufa era un modelo algo viejo. Mi hijo buscó la pieza en E-bay y está decidido a pedirla para arreglar la estufa
La semana pasada fui donde mi papá, como ya no maneja, me dijo que había ido con el chofer a llevar unos zapatos a reparar, pero que había que recogerlos, le dije que me diera el ticket. Me pregunté inicialmente si aún existían lugares donde reparar zapatos, y quien además de papi llevaba a reparar unos zapatos.
Me dirigí al lugar y para mi asombro el local estaba lleno de zapatos envueltos en bolsas blancas esperando ser reparados, debía haber cientos de zapatos en la tienda. Tuve que ir en dos ocasiones: la primera vez el señor me dijo que los zapatos de mi papá aún no estaban listos; la segunda vez lo vi dudando entre la montaña de zapatos en bolsas blancas, yo trataba de descubrir cómo él lograba identificar cuál era el zapato correspondiente al ticket que tenía en la mano. Después de un rato, y verlo tocar varios zapatos de mujer, imagino que con la esperanza de que yo interviniera indicando que esos eran los míos, decidí aclararle que los zapatos no eran míos, le dije que los había traído un señor mayor. Entonces cayó en la cuenta y me dijo que ya los recordaba, pero que en realidad los zapatos no tenían arreglo. Cuando logro encontrarlos y me los mostró, tuve que mostrar mi mejor cara de pocker para no echar pestes y preguntarme para qué diablos mi papá quería reparar “esos zapatos”, tenían la suela gastada casi rota y uno de ellas despegada completamente, pensé que si hubiera sabido le hubiera regalado unos zapatos de navidad, claro que eran unos florsheim. El señor me devolvió los RD $350.00 pesos que mi papá había pagado por el arreglo.
Me regresé a casa con la “mala noticia” de que los zapatos no tenían arreglo. Le expliqué a mi papá lo que había dicho el zapatero y me fui a hablar con mi mamá. Al rato llegó papi, con los zapatos amarrados con gomas y con la noticia de que les había puesto pegamento. Solo voltee los ojos hacia arriba.
Cuando volví a casa me quedé pensando en esta cultura del use y tire que tenemos en la sociedad actual, todo lo que se daña se tira y se compra otro. Mi papá tiene 91 años y viene de otra época donde las cosas se reparaban. Pensé en la estufa y en que probablemente sea yo la que esté mal, porque no quiero reparar la estufa o me parece una pérdida de tiempo que papá intente reparar unos zapatos que están “hechos tira y recomendados para leña”.
Tal vez un mejor propósito para el próximo año es intentar que las cosas materiales que se puedan reparar hagamos un esfuerzo por intentarlo y no alimentar la sociedad capitalista que nos lleva a creer que todo es pasajero o demasiado pasajero.
Claro que lo de los zapatos de papá es un poco el extremo, Sino juzguen ustedes mismos para yo no ser el abogado del diablo. Tal ves una buena idea sea regalarle unos zapatos nuevos.
