Atrapada


“De repente suena la puerta, Alicia se sobresaltó.  Alguien toca insistentemente la puerta. Ella no puede seguir ignorándolo y entonces escuchó una voz: Alicia, abre la puerta se que estás ahí”

Eran las 12:00 de la noche, otra vez se me había ido el tiempo leyendo, dejé el libro en la mesita de noche. Lo peor era que ahora me costaría un rato conciliar el sueño, porque últimamente me ocurría que me quedaba pegada con lo que estaba leyendo y me venían a la mente las frases leídas y los personajes del libro.  Me puse de lado y decidí hacer un poco de meditación, era la única forma de quedarme dormida.

Respiro profundamente, uno,  y boto el aire lentamente, dos, uno… dos, uno… dos, uno… dos. Voy sintiendo poco a poco como me tranquilizo y trato de poner la mente en blanco y no pensar en el libro que estoy leyendo. Por momentos logró vaciar dejar pasar los pensamientos, pero  por más que lo intento van regresando las imágenes. Uno… dos, uno… dos, uno… dos.

Ah los libros!! vivir las vidas ajenas y dejar de lado las mías. Concéntrate nuevamente, la mente vuelve a divagar, uno… dos, uno… dos, uno… dos.

Abro los ojos de repente todo está oscuro. Me volteo de lado y enciendo la luz de la lámpara que está al lado de mi cama pero al hacerlo, me sobresalto, estoy en una habitación que no es la mía. Debo estar soñando, pienso. Bajo de la cama y me observó con un camisón largo y unas pantuflas extrañas. Recorro la habitación. Observó en una esquina un secretel, lleno de pequeñas gavetas. Un pequeño taburete me invita a sentarme. Miro a ambos lados y hago silencio para constatar que no haya nadie. Me siento y voy abriendo las pequeñas gavetas una por una descubriendo en ellas pequeños secretos. ¿Por qué me parece tan familiar esta habitación y el escritorio?

Me animo a abrir la puerta y salir de la habitación. Es un sueño pero, parece tan real. Voy descubriendo que estoy en una casa no muy grande, muy antigua, atravieso un pasillo y bajo las escaleras, llego a una sala acogedora, donde está encendida una chimenea, siempre he querido vivir en una casa con chimenea, pero para eso tiene que hacer frío, y yo vivo en una isla tropical. Me quito las pantuflas, se siente agradable, el piso de madera está frío y me acerco al fuego a calentar las manos y los pies.  Sigo preguntándome dónde estoy, el sueño sigue siendo muy real, pero sobre todo el lugar me parece muy familiar. En la sala veo una mecedora y sobre ella un bordado, eso me recuerda mis intentos de tejer un gran sweater de lana. Levanto el bordado y me siento en la mecedora, tomo las agujetas y como por arte de magia comienzo a bordar, me asombra por un momento que realizo la labor con manos expertas, como si solo hubiera dejado el bordado un rato para ir a descansar. Que maravilloso, que en los sueños uno pueda ser capaz de lograr todos sus deseos. Después de un rato dejo de lado el bordado y decido seguir explorando la casa.

Me dirijo a la cocina y sobre la meseta encuentro algo cubierto con un paño, se que es un pastel, porque tengo la sensación de que yo lo he preparado antes de irme a la cama. Todo se vuelve un poco extraño, porque parece como si hubiera vivido todo esto antes. Comienzo a tener un poco de miedo.

Las ventanas tienen las cortinas cerradas y me asomo con sigilo y descorrer un poco, afuera se observa la calle y la nieve que cae. Por supuesto que es un sueño!! en la isla no neva. Las luces de la calle alumbra tenuemente pero puedo distinguir el letrero de la calle y al leerlo: Prive Street, de repente recuerdo, que es el nombre de la calle del personaje del libro que estoy leyendo. Entonces me doy cuenta que la casa en la que estoy es la que describe el libro. Eso termina de confirmar mis dudas, definitivamente es un sueño. Yo estoy vestida como la chica de la historia y he preparado un pastel y estoy haciendo un abrigo de lana igual que ella. 

De repente suena la puerta, y me sobresalto. Trato de recordar que es lo que ocurre en el libro después de que la chica va a la cocina y con el corazón desbocado recuerdo no sé lo que va a ocurrir porque justo en ese punto del libro decidí irme a dormir. No se quien estará detrás de la puerta así que decido hacer un esfuerzo por despertar del sueño, pero por mas que lo intento sigo allí. No puedo salir del sueño. No puedo salir del libro. 

Alguien continúa tocando insistentemente la puerta y parece que no puedo seguir ignorándolo. Escucho una voz:

— Alicia, abre la puerta se que estás ahí.

Yo soy Alicia, bueno, no soy Alicia pero de repente me he convertido en ella, imagino que quien está detrás de la puerta debe ser Miguel. Decido seguir la corriente de lo que está ocurriendo, si es un sueño, puedo dejarme llevar, así que abro la puerta, y allí está Miguel, no me lo imaginaba así, es más elegante y formal de lo que pensaba. El pelo es negro y los ojos verde aceituna, y son unos ojos hermosos. Estoy nerviosa como una colegiala. 

Miguel entra a la casa, yo no me atrevo a decir ni una palabra. No se si descubrirá que yo no soy Alicia, pero que cosas tontas estoy pensando si esto es solo un sueño. El se sienta sin que lo invite y yo lo imito, sentándome en el sillón frente a él.

— Alicia, tengo varios días intentando hablar contigo y no me tomas la llamada. Por eso decidí venir a hablar personalmente contigo. Sé que lo que hice estuvo mal, pero necesito que me perdones.

Lo observo, aun no me atrevo a decir nada, y trato de recordar qué fue lo que Miguel le hizo a Alicia, pero por más que lo intento no puedo.  Es como si me hubiera metido en la historia y de repente ya no fuera la historia de Alicia sino la mía. ¿Por qué no puedo despertar? Es solo un sueño. Pero por otro lado siento curiosidad por lo que está ocurriendo.

— ¿No me vas a decir nada? 

Lo miro y trato de inventar alguna frase para responder, mi imaginación vuela y me pregunto: ¿qué diría Alicia? Si fuera mi personaje ¿qué diría ella? Me doy cuenta lo difícil que es ser escritor, no sé cómo continuar la historia, no logro imaginarme que giro darle a la historia. Qué podría decirle Alicia a alguien que viene a medianoche, en medio de una nevada a despertarte y a pedirte perdón.  Cierro los ojos y dejo que me invada algún sentimiento:  de tristeza, o tal podría ser frustración o rabia. ¿Qué hace un escritor?  es tan fácil leer las historias de los libros y uno siempre cree que el que lo escribió lo tuvo fácil, pero en estos momentos aunque intento llenarme de sentimientos para poder responder me cuesta demasiado. Abro nuevamente los ojos y decido no responder.

Me levanto lentamente, lo miro y sin decir nada subo las escaleras y trato de regresar a la habitación, si, creo que si logro volver a la cama y dormirme puedo volver a casa. Mientras corro siento los pasos de Miguel que me siguen no quiero voltear porque no debo perder tiempo, debo llegar a la habitación y cerrar la puerta e intentar volver al sueño. Finalmente lo consigo.

Me tumbo en la cama y aprieto los ojos fuertemente, pero con Miguel aporreando la puerta no creo que logre conciliar el sueño. Ahora tengo miedo, de quedarme atrapada en el libro en el personaje de Alicia y no saber qué hacer. Pruebo haciendo ejercicios de respiración: uno… dos, respira, expira, pero estoy demasiado alterada para poder conciliar el sueño. No quiero abrir los ojos, y entonces la escucho

— Pero Miguel, ¿qué haces aquí?

— Alicia, pero por donde saliste, no estabas encerrada en la habitación

— No, no estaba ahí, me quedé dormida en la habitación de mamá, me sentía muy triste y fui allí, pero ¿Cómo entraste a la casa? ¿Y por qué viniste?

— Yo… no entiendo nada, tu me abriste la puerta

— No pude abrir la puerta porque estaba dormida…

Yo, no quiero respirar, debo desaparecer antes de que descubran que estoy aquí. No quiero abrir los ojos, esta es la peor pesadilla que he tenido, quedarme atrapada en el libro que estoy leyendo, como pudo haber pasado, ¿porque no me despierto?. Hago silencio nuevamente y sigo escuchando a Miguel y Alicia conversar, casi discutir en la puerta, y siento que ahora se alejan y ya no los escucho.

Ahora comienzo a tranquilizarme, tengo miedo de abrir los ojos y descubrirme aun dentro del libro. Vuelvo a pensar en la meditación, uno… respiro … dos… expiro y siento como poco a poco me voy durmiendo nuevamente hasta que…

Abro los ojos, veo la luz del sol que dá directamente en mi ventana, el resplandor me ha despertado. Al bajar de la cama, siento que no he descansado nada. Creo que anoche tuve una pesadilla, pero ahora no logro recordarla. Miro en la mesita de noche el libro que estaba leyendo anoche y lo tomo en mis manos, siento una extraña sensación como si el libro tuviera que ver con mi sueño, pero no logro recordarlo, ignoro la sensación que tengo y me voy a hacer mis quehaceres.

Es noche, he pasado todo el día inquieta, se que fue por el sueño de anoche. Pero por más que lo intenté no logré recordarlo. Finalmente después de un día agitado me siento en mi sillón preferido a leer. Retomo el libro por donde lo deje.

“De repente suena la puerta, Alicia se sobresaltó.  Alguien toca insistentemente la puerta. Ella no puede seguir ignorándolo y entonces escuchó una voz: Alicia, abre la puerta se que estás ahí”

Entonces de repente recuerdo mi sueño, ahora está vívido en mi mente y con avidez continuo leyendo. 

Miguel entra a la casa, y Alicia lo mira sin atreverse a decir ni una palabra. El se sienta sin que lo inviten y Alicia lo imita, sentándome en el sillón frente a él.

— Alicia, tengo varios días intentando hablar contigo y no me tomas la llamada. Por eso decidí venir a hablar personalmente contigo. Sé que lo que hice estuvo mal, pero necesito que me perdones.

Ella observa, no dice nada y lo escucha preguntar:

— ¿No me vas a decir nada? 

Alicia lo mira como si estuviera pensando en alguna frase para responder, como si ella no supiera porque Miguel le viene a pedir perdón.  Cierra los ojos intentando descubrir el sentimiento que lleva dentro de  su pecho ¿Será  de tristeza, o tal vez frustración o rabia? Abre nuevamente los ojos y decide no responder.

Se levanta lentamente, lo mira y sin decir nada sube las escaleras y regresa a la habitación, siente los pasos de Miguel que la siguen pero ella solo quiere llegar a la habitación. Finalmente lo consigue.

Estoy asustada mientras leo, siento el mismo terror que en el sueño.

Miguel toca fuerte la puerta de la habitación llamando a Alicia y de repente se sobresalta al descubrirla a su lado.

— Pero Miguel, ¿qué haces aquí?

— Alicia, pero por donde saliste, no estabas encerrada en la habitación.

— No, no estaba ahí, me quedé dormida en la habitación de mamá, me sentía muy triste y fui allí, pero ¿Cómo entraste a la casa? ¿Y por qué viniste?

— Yo… no entiendo nada, tu me abriste la puerta

— No pude abrir la puerta porque estaba dormida

— Te aseguro que me abriste la puerta de qué otra forma hubiera entrado a la casa

— Ven, bajamos a tomar algo y podemos hablar con calma…

Cierro el libro rápidamente… Miro la portada y dejo que mi mirada se pierda hacia el infinito.

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