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Aprender a Amar de Nuevo

Publicado: 28 mayo 2015 en Personales, Reflexiones
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Hace mucho que no escribía de las enseñanzas que voy aprendiendo de mi libro de Pagola. En estos días encontré una frase que la tenia guardada para un post:

“Hay personas que, en el fondo, quieren volver a vivir. Quieren curarse y resucitar. Volver a reír y disfrutar de la vida, enfrentarse a cada día con alegría… y solo hay un camino: aprender a amar”

La vida aveces nos golpea y nosotros nos dejamos… nos dejamos, porque no somos capaces de comprender que el asunto no se trata de quedamos noqueados, sino que debemos sacudir la cabeza y volver a levantarnos. En ocasiones el golpe es tan fuerte que nos cuesta mucho.

También ocurre que nos acomodamos a estar ahí en el suelo, dando pena y rumeando nuestra mala suerte, y pasado el tiempo llega el momento en que ya ni siquiera queremos levantarnos.

Por eso tal vez me gusto tanto la frase de Pagola. Hay quienes en el fondo quieren volver a vivir, curarse del golpe y resucitar, volver a reír y vivir con alegría, pero lo que ocurre es que tienen tanto tiempo allí en el suelo, golpeados que no saben ya como levantarse. Pagola nos da la respuesta; Solo hay un camino: aprender a amar.

SiN embargo pienso que es difícil aprender a amar de nuevo. Es difícil no tener miedo de volver a comenzar, es difícil no tener miedo de que alguien vuelva a hacerte daño, es difícil volver a enamorarse cuando uno ha sufrido por amor.

No hay mucho que decir… repito de nuevo las palabras de Pagola:

“Hay personas que, en el fondo, quieren volver a vivir. Quieren curarse y resucitar. Volver a reír y disfrutar de la vida, enfrentarse a cada día con alegría… y solo hay un camino: aprender a amar… y yo agrego: Aprender a amar de nuevo”

Hoy hace una semana que se fue mi hermana. Vino a pasar las navidades conmigo y a celebrar mi cumpleaños. La pasamos súper… a pesar de algunos contratiempos de gripes, aunque… tal vez fue lo mejor, porque nos permitió quedarnos en casa y compartir más.

A una semana de su partida aun extraño estar con ellos, pero debo confesar que lo que mas extraño son los abrazos de Adriana. Durante esos días me mudé a la casa de mis padres, quería aprovechar al máximo cada hora. A cada rato Adriana me sorprendía con uno de sus abrazos, pero no un simple abrazo, sino uno de esos que te aprietan y no te sueltan y lo sientes en el corazón. Yo le digo a mi hermana que es la niña mas dulce y cariñosa que puede existir, ella responde que es solo una ñoña, pero no estoy de acuerdo con ella.

¿Cuanto puede encerrar un abrazo? Siento que hemos perdido la capacidad de dar abrazos y cuando uno lo piensa bien: ¡Cuánto puede reconfortarte un abrazo!! No hay que decir nada, el solo hecho de acercarte, extender los brazos, apretar al otro y quedarte ahí sintiendo latir su corazón, escuchando el silencio, puede decir mas que cualquier palabra pronunciada a veces por compromiso.

Hace días que siento que me falta algo, y me he dado cuenta que son los abrazos de Adriana. Tal vez es un buen año para declararlo: “El año de los abrazos” y soy yo quien debo imitar la calidez y el cariño de una niña… y comenzar a repartir abrazos.

Con estas líneas quiero desearles un Feliz año 2015 a todos y de mi parte hacer el compromiso de demostrar con más frecuencia, a través de mis abrazos, el cariño que siento por los que quiero y por los que me quieren.

A los 24 años había terminado la universidad y estaba frustrada. No había tenido nunca un novio, ni siquiera me había besado con un chico, aunque había estado enamorada de algunos, y otros enamorados de mi, no había encontrado lo que yo llamaba en esa época “mi alma gemela” por un libro de Richard Bach que había leído y estaba de moda en es momento.

Había tirado la toalla. Estaba convencida de que yo era un problema y que ningún chico se fijaría nunca en mi. Algunos me habían descrito como “una gata alzá”, otros que no sabia lo que quería en mi vida, y otros que era demasiado buena para ellos. A mi todo eso me importaba, yo solo quería que alguien me quisiera, alguien a quien yo también quisiera.

Decidí el plan B: me voy de este país. Si no puedo encontrar un novio mejor me pongo a estudiar y hago algo productivo con mi vida. Y eso hice. Me puse a buscar una beca para irme… en esas estaba cuando un día estaba sentada en una mecedora de Manresa, “haciendo silencio” y bajó tu papa a preguntarme “si era hermana de una chica que trabajaba en codetel, porque era igualita a ella” Le dije que no con la cabeza y una semana después me llamó para invitarme a salir.

Un año después estaba perdidamente enamorada y tenia en mis manos dos becas,  un boleto de ida a Guatemala y ningunas ganas de irme de casa. Le reclamaba a Dios porque no entendía como diablos había pasado tanto tiempo soñando con el hombre de mi vida y ahora tenia que irme dos años y dejarlo. Estaba convencida de que él no me esperaría y que yo nunca volvería a encontrar otro hombre que se enamorara de mi.

En realidad me equivoque, si me esperó y nos casamos y estuve 21 años a su lado y tuve dos hijos maravillosos que son la alegría de mi vida. Espero también haberme equivocado en lo segundo y poder encontrar algún día otro hombre que se enamore de mi.

Cuando me fui a Guate, tu papá me regaló una frase que encontró en un libro de Neruda. Fue una frase que escribió alguien en la pared de Isla Verde, una de las casas de Neruda, decía: “El amor nunca muere, un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos”… aun hoy creo que el amor no muere, puede cambiar pero no creo que pueda morir… lo que si es cierto es que “Un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos”.

50 años de amor

Publicado: 5 julio 2013 en Personales
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Familia

El año pasado papa y mama cumplieron 50 años de casados. Me hubiera gustado celebrarlo por todo lo alto, pero unos meses antes de la fecha murió tío y los ánimos no estaban para festejos. Las circunstancias tampoco fueron las propicias y resultaba algo difícil reunir a la familia. Ahora repito mi frase que siempre tomo prestada del Eclesiastés: “Todo en la vida tiene su tiempo y hay un momento para hacerlo bajo el sol” y el momento fue ahora, este año. Eduardo cumplía también sus 50 y a cuña se le ocurrió celebrárselo. Todos nos enganchamos en los preparativos, pensando que tal vez era la única oportunidad que tendríamos de reunirnos.

Hace un par de semana Memo hacía la cuenta, 17 años que no nos reuníamos, y decía: “pero la razón era que aún faltaban muchos por llegar” después de ese encuentro llegaron a la familia: Sebas, Carlos, Fernando y Gaby, Renata, Adriana, Alfonso y la benjamina de la familia: Daniela.

Muchas cosas han transcurrido en estos 17 años, muchas alegrías, tristezas, cambios en nuestras vidas, mudanzas, logros, tantas cosas que hemos compartido a retazos, con llamadas y encuentros esporádicos.  Tal vez hoy más que nunca, con la novedad de las redes sociales, andamos muy comunicados, el último logro fue conseguir que finalmente Auri abriera su fb para poder estar conectados. Pero ninguna de esas cosas sustituirá nunca lo que ha ocurrido en estos días, porque una computadora, nunca podrá darnos: un abrazo, una caricia, una sonrisa, un compartir, almorzar juntos, llorar juntos, reír juntos y volver a sentir que somos una familia que un día vivimos bajo un mismo techo y compartimos tantas cosas en nuestra niñez.

Y todo esto simplemente gracias a un par de seres maravillosos que un día, hace 50 años, decidieron unir sus vidas y se prometieron estar juntos para toda la vida, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas y luego engendraron cuatro hijos que solo fueron una expresión de ese amor.

Si alguien nos mira, no podrá negar que somos un reflejo de ellos, heredamos su carácter, sus costumbres, sus manías y mañas, sus virtudes y sus valores  y cada uno de nosotros es, en cierta forma,  un pedacito de ellos. Y que maravilloso que Dios los eligiera como padres, no pudo haber hecho mejor elección.

Hoy sin que ninguno de mis hermanos lo pidiera decidí tomar por todos la palabra y decir ¡Gracias Papa!, ¡Gracias Mama!.

Gracias mama, por ser la mamá que siempre esta pendiente de cada uno de nosotros, que siempre está preocupada por lo que nos pasa, que nos has dado tanto cariño y has sabido ganarte el amor de todos tus nietos, que te adoran. Por todas tus comidas deliciosa que con tanto amor has preparado a lo largo de estos 50 años y que de cierta forma ha trascendido a través de las generaciones, ya hasta Carlos quiere ser Chef, eso lo lleva en las venas y es una herencia de la abuela.  Por enseñarnos a ser ordenados, disciplinados, por tu rectitud.

Gracias Papa, por ser paciente, por siempre estar cuando te hemos necesitado y nunca, nunca decirnos que no. Por enseñarnos a ser metódicos, organizados, enseñarnos que “las cosas se hacen bien o no se hacen”, “que nunca, nunca debemos darnos por vencidos” y que debemos perseverar hasta el final. Nuestra biblia, nuestro genio, el hombre que siempre nos respondió cualquier pregunta que tuvimos, el papa cariñoso que siempre nos ha apoyado en todas nuestras locuras.

Hoy es un momento de reunión, de alegría, pero también de ser conscientes de que tal vez, nunca más vuelvan a darse las condiciones para que estemos juntos todos. Los grandes: Gilberto y Guillermo, toman su rumbo en sus vidas, Auri y Eduar tienen sus vidas en otras tierras y lograr que coincidamos es, seamos realistas, muy difícil.

Así que de mi parte solo quiero darle gracias eternas a Dios por habernos permitido estar todos juntos. Por haber permitido que papa y mama cumplan 50 años de unión y que ellos hayan podido ver sus hijos y todos sus nietos juntos al menos por esta vez, y le pedimos que nos permita seguir disfrutando de ellos por muchos años más. Porque en estos días nos diste la oportunidad de abrazarnos y decirnos que nos queremos y que aunque la distancia y el mar nos separen seguimos siendo una familia. Y de nuevo por habernos hecho crecer en esta familia maravillosa a la que pertenecemos con el papa y la mamá mas maravillosos del mundo.

Después de estos días de Semana Santa, comenzó el afán, ha sido una semana de mucho trabajo puedo decir que muy productiva. Hoy me siento feliz y agradecida con Dios.

Antes de pasar a mi reflexión quiero compartir que mi hijo Guillermo, fue pre-seleccionado en una universidad en Francia. Tiene que tomar un examen y si lo eligen se irá por 4 años a estudiar Dirección en Animación. Estoy contenta, fue seleccionado entre 200 personas que aplicaron y solo eligieron 20. Tengo muchas esperanzas de que podrá aprobar el examen y lograr el sueño de sus estudios.

Todo esto también tiene que ver con lo que he pensado en estos días. Al terminar la Semana Santa uno de mis propósitos era vivir con pasión las cosas que hago en mi vida inspirada un poco en esa pasión que tiene Guillermo, pero…

Bueno comencé a leer otro libro: “La Humildad de Dios” también de Benjamín González Buelta. Y fue muy motivador que el lunes, cuando arrancó mi semana de trabajo, yo con mi bolsa llena de nuevos propósitos, me encontrase con lo siguiente

“Amar con pasión nos unifica por dentro y hace converger todas nuestras energías en la situación que vivimos como un cristal concentra la luz del sol en un papel hasta que arde

Entonces pensé que tal vez yo debía: “amar con pasión” todas las cosas que hacía en mi vida, porque finalmente cuando amamos cada cosa que hacemos podemos decir que realmente vivimos.

¿Cómo amar con pasión creadora en medio de esta cultura de adicciones y compulsiones? Preguntaba a continuación Benjamín.

Y eso lo llevaba a decirnos: “en el fondo de nuestra realidad descubrimos la Humildad de Dios, que ama con sabiduría y creatividad infinita a cada persona, cada segundo y cada grano de arena”

Fue muy revelador encontrar en mi lectura el segundo de mis propósitos: Humildad. Muchas veces descubrimos cuales son los propósitos que queremos para nuestra vida, lo difícil es llegar a nuestra realidad y llevarlos a la práctica. Asi que hoy solo quiero: Descubrir la humildad de Dios que le lleve a Amar con Pasión cada persona, cada segundo y cada grano de arena.

La historia que no llegó a ser de amor

Publicado: 10 noviembre 2012 en Mis escritos
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Me encontraba sentada como otros tantos días en la cafetería, tenia seis meses viviendo en Guatemala y había tomado la costumbre de sacar varios momentos en el día para escribir. Lo vi acercarse: era alto, delgado, tal vez demasiado para mi gusto, con una barba rubia, cabellos largos y llevaba un pequeño paquete en la mano:

—   ¿Eres Elisa? — me preguntó con un acento que no parecía chapín.

—   Si —le respondí algo tímida.

—   Soy Gustavo, me dijeron que seguro podría encontrarte aquí y te reconocería porque estarías escribiendo.

Sentí como los colores me subieron a la cara, hasta ese momento no había pensado que la gente reparaba en mi manía de andar escribiendo todo el día. Lo miré interrogante y lo escuché preguntarme si podía sentarse. Le hice señas para que tomara asiento a mi lado. Entonces comenzó a a explícame que conocía a Pedro, mi amigo que vivía en México y me  entregó el paquete que llevaba entre las manos. Apenas podía creerlo  ¡Qué alegría tener noticias de Pedro!  Miraba el paquete con deseos de abrirlo y saber que contenía. En esos tiempos no existía el correo electrónico y teníamos que estar sujetos a la llegada del correo ordinario, la espera resultaba eterna y cuando llegaba una carta o un paquete estábamos ansiosos por abrirlo ante la perspectiva de tener noticia de alguien.

Por cortesía dejé el paquete a un lado y seguí conversando con Gustavo. Le pregunté qué hacía en México. Me explicó que había ido a estudiar a Cuba, allí se enamoró de una chica, como no podían vivir ni en Cuba ni en Chile decidieron irse a vivir a México. Mientras hablaba no dejaba de mirarme y yo apenas podía sostener la mirada. Bajaba los ojos e intentaba seguir el hilo de la conversación.

—   Ah que bien y ¿vas a estar mucho tiempo en Guatemala? Lo digo por si quieres salir a conocer algo, no tengo mucho tiempo viviendo aquí pero ya me defiendo bastante.

—   Bueno — me respondió con una sonrisa picara — Pedro no me dijo que su amiga era tan linda; no tenía muchos planes de salir a conocer, pero viniendo la invitación de ti, no me siento en capacidad de rechazar la propuesta.

Lo miré un poco asustada con la lisonja y sin saber que responder, mi cara debió revelar lo que pensaba porque rápidamente lo escuché disculparse. Me dijo que en realidad le gustaría mucho conocer algo de Guate y que sería un placer si pudiera acompañarle. Le respondí entonces que con mucho gusto y  nos intercambiamos  los teléfonos. Entonces  lo vi levantarse del asiento, me dijo que tenía que irse y que me llamaría. Se alejó rápidamente de la mesa yo sentí dentro de mi como los calores subían por mi cuerpo.

Había ido a Guatemala a estudiar por dos años, tenia mi novio, todos me decían que era una tonta y siempre me recordaban el refrán que decía: “amores de lejos, amor de pendejos”. Yo no les hacía caso, les decía que estaba perdidamente enamorada, y cuando regresara  me casaría, ese era mi sueño. Me acompañaba siempre una frase que me había regalado mi novio el día que partí: “el amor nunca muere, un minuto de oscuridad no nos volverá ciegos”, creía en el amor para toda la vida, y estaba convencida de que había encontrado mi alma gemela. Por eso no me gustaron para nada las mariposas que sentí en el estómago cuando vi a Gustavo salir de la cafetería.

Vivía sola. Mi novio solía llamarme tarde de la noche cuando regresaba de la universidad. Por eso, unos días después del incidente de la cafetería, cuando escuché el teléfono tarde de la noche, salí rápido de la cama, levanté el teléfono y sin pensarlo mucho dije:

—   Hola mi amor.

—   Hola, querida como estás — la voz inconfundible de Gustavo del otro lado me dejó como un tempano de hielo.

Después de un largo silencio de mi parte y escucharlo decir “aló” varias veces, respondí torpemente intentando buscar una explicación. No pude terminar la frase y decirle que pensaba que era mi novio, me interrumpió para aclararme que “no tenia que darle explicaciones”. Me dijo que me llamaba para preguntarme si aún estaba en pie la propuesta de acompañarle a conocer algo de Guatemala, no pensaba  estar mucho en el país y tenía que aprovechar los días. Le habían contado que debía visitar Antigua Guatemala, así que quería saber si no tenia compromiso para el domingo y le podía acompañar. Hizo un silencio, esperando una respuesta de mi parte y de repente me escuche contestar emocionadamente: “¡Por supuesto que sí, con muchísimo gusto te acompaño!!! “, tuve que hacer luego un esfuerzo por bajar la intensidad de mis palabras y no transmitir la emoción que percibí de repente en mi voz.

Acordamos reunirnos el domingo donde se tomaba el autobús. Yo llegué primero y cuando lo vi desde lejos acercarse a la parada, mi corazón comenzó a latir apresuradamente como una colegiala que decide tener un aventura y se encuentra con el enamorado a escondida de sus padres. Me dio un beso en la mejilla y volví a ver esos ojos color miel intentando penetrar hasta lo más profundo de mi interior. Traté de controlarme y después de respirar tres veces profundamente para disimular mi agitación, le dije que compráramos los boletos.

Nos subimos al autobús, el pueblo donde íbamos quedaba como a una hora de la ciudad, en una carretera en mal estado y toda de subida, la temperatura estaba fría. Durante el camino estuvimos conversando de sus estudios, de la universidad, de su trabajo, era médico epidemiólogo y me contó también como había conocido a mi amigo.  No paramos de hablar ni un segundo, el viaje se hizo corto y sin darnos cuenta habíamos llegado.

El lugar era un pueblito donde estuvo la antigua capital de Guatemala, que fue arrasada por un terremoto. La ciudad estaba destruida pero en ella se respiraba la cultura, las costumbres y la artesanía del país. Pasamos todo el día caminando entre las ruinas, tomando fotografías, visitando los museos y regateando con los vendedores. Almorzamos en un pequeño restaurante. Él quería probar la comida típica: frijoles con tortillas y luego compramos en una venta de esquina un exquisito vaso de atol caliente. A las cinco de la tarde ya habíamos recorrido el pueblo completo, seguíamos intentando descubrir nuevos lugares, pero nos dimos cuenta que no había nada más que conocer, solo dábamos vueltas dilatando el momento de regresar.

Yo comenzaba a sentir  frio, tenía las manos heladas e intentaba calentarlas metiéndolas dentro de los bolsillos del abrigo, Gustavo pareció darse cuenta y me las tomó para calentarlas. Cuando lo hizo, sentí que todo mi cuerpo se desarmaba, un montón de sentimientos encontrados surgieron dentro de mi, estaba confundida porque nunca había sentido algo así. Tenía mucho tiempo con mi novio pero no recordaba sensaciones como esas, la cabeza me latía como si fuera a estallar, sentía que me faltaba el aire como si  me fuera a desmayar, comencé a temblar y me sentía como una tonta.

—   ¿Te pasa algo? Estas pálida tienes los labios blancos como si estuvieras mareada.

—   No es nada, creo que tengo frio, vayamos a la parada y tomemos el autobús, creo que si me caliento me sentiré mejor.

Entonces el me abrazó y pegó su cuerpo al mío mientras caminábamos y sentí que el mundo se detenía a mi alrededor. Cuando estuvimos sentados en el autobús, cerré los ojos y recosté mi cabeza en el hombro de Gustavo. Aún tenia mis manos apretadas entre las suyas y yo no quería que aquel momento terminara nunca. No me dormí decidí simplemente disfrutarlo. Solo cuando escuché que llegamos a la parada abrí los ojos, comenzaba a oscurecer y nos bajamos en silencio del autobús.

—   El hotel donde me hospedo está cerca ¿quieres que vayamos allá?

Preguntó Gustavo de una forma bien natural. Lo miré asustada, sabía que esa era la pregunta que iba a hacer. Lo miré con ojos tristes y le respondí:

—   No puedo.

—   ¿Como que no puedes? ¿tienes algún compromiso?

—   Gustavo, tu eres casado y yo tengo mi novio.

—   Y que importa ellos nunca se van a enterar.

—   Pero yo soy una tonta chapada a la antigua, que cree que se me va a notar en la cara cuando me acueste contigo.

—   Pues no seas tonta, eso no se nota en la cara.

—   Pero no tendría paz nunca en mi vida, no puedo evitarlo.

—   Pareces una adolescente, eres una adulta, ¡que diablos estas diciendo!

—   Nunca antes me he acostado con un hombre — contesté bajando la cabeza avergonzada.

—   Y eso que importa, siempre hay una primera vez. A menos  que no desees acostarte conmigo.

Lo miré de nuevo con tristeza y sentí como las lagrimas asomaban a mis ojos, hice silencio durante un rato.  Pensé que si lo que estaba sintiendo por dentro era deseo, si quería, pero mi cabeza me decía que no debía. Quería salir corriendo de allí, estaba segura de que si él me lo pedía nuevamente no sería capaz de decir que no, así que en silencio suplicaba que no insistiera. Lo vi bajar la cabeza ya no enojado, pero si con tristeza y entonces me dijo:

—   Esta bien, no te preocupes no voy a insistir. Pero quiero que sepas que en algún momento de tu vida te vas a arrepentir de no haberlo hecho.

Me tomó las manos esta vez con mucho cariño, las apretó entre las suyas y me dio un beso en la boca, pero un beso delicado, suave, apenas sentí el roce en mis labios. Cuando se apartó de mi no se despidió. Lo vi darme la espalda y alejarse por donde lo había visto llegar en la mañana.

Un tiempo después regresé a mi tierra, me casé con mi novio, no supe nunca más de él, pero nunca  lo olvidé. El tiempo se encargó de demostrar que él tenía la razón.

Hace unos años tuve una conversación con una chica joven que se había ido a estudiar a los Estados Unidos y quería quedarse a vivir allá. Estaba de visita por Dominicana y cuando hablamos me hizo la siguiente pregunta: ¿Por qué yo con el potencial que tenía, según ella, insistía en seguir viviendo en Dominicana?

No tuve que pensar mucho la respuesta y le dije: “tengo tres razones”. La primera es que en dos ocasiones he vivido fuera de mi país y no me gusta el sentimiento de ser extranjero,  en mi país soy alguien, y he logrado que me valoren por lo que hago, en otro país y sobre todo en Estados Unidos sería una más, una latina, una dominicana, una extranjera.

La segunda razón es que a pesar de todo creo que mi país me necesita, si todos salimos arrancados de aquí ¿Quién va a echar la batalla? Creo que aún tengo mucho que darle a mi país, así que yo aquí me quedo, aquí fue que Dios me puso, así que creo que aquí es que Él quiere que yo viva, el último que salga que me deje la llave.

La tercera razón y tal vez la mas importante, y es la razón de este escrito de hoy, es que el día que mis papas estén en sus últimas quiero estar allí a su lado, no quiero que nadie me llame y me diga que tengo que tomar un avión para ir a verlos, quiero sentir que le he dado todo lo que pude mientras estaban vivos y quiero poderle decir todo lo que los quiero y demostrárselo hasta el último día de sus vidas.

Pero el hombre propone y Dios dispone. Hoy solo quiero reiterarle a Dios que la tercera es la razón mas fuerte. Que sé que los papás están viejos, pero que quisiera tenerlos por unos cuantos años mas a mi lado, y quiero pedirle  a Dios que me permita estar a su lado, en los últimos días de sus vidas. El y yo sabemos de que estoy hablando.