“La vida es una lucha”, pero luchar no significa necesariamente vencer.

Publicado: 4 agosto 2010 en Reflexiones
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Estas palabras me llegan justo en el momento en que los deseos por continuar en la batalla andan un poco en baja. Hoy me recuerdan que la vida es una lucha constante, pero también que luchar no es sinónimo de vencer. Aveces luchar es asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre en el momento y aceptarlo y seguir en la batalla aunque sepamos que no habrá victoria. La victoria es realmente nunca darnos por vencidos.

Muchas veces pensamos que cuando nos echamos al ruedo de la vida siempre debemos ganar, Grum plantea reflexiones muy interesantes: “Luchar contra las fuerzas interiores que quieren desanimar nuestra vida… los demonios interiores: impulsos, pasiones, emociones que quieren adueñarse de nosotros”

¿Hasta donde luchar? ¿Hasta cuando luchar? A lo que Grum responde: “Hasta que tenga fuerzas para que mi obra interior sea agradable a Dios… entonces cuando mi interior sea maravilloso… lograre superar las dificultades que se presentan en mi exterior”

A veces creemos que es mas fácil tener el control de lo externo de lo que nos rodea. Tal vez porque podemos verlo y palparlo, es mas difícil hurgar en nuestro interior y descubrir esos demonios interiores: impulsos, pasiones y emociones que nos llevan por el lugar equivocado en nuestra vida y que en ocasiones se hace tan difícil controlarlos.

Hoy precisamente hablaba con mi hijo mayor sobre la cultura del consumismo que llevamos tan metida, el decía que quería controlar eso y aprender a discernir entre lo que quiere y lo que necesita, y me sentí un poco culpable porque aveces por complacerlos a ellos, no los ayudo diciendo simplemente NO, aunque se que muchas veces son cosas que ellos simplemente quieren, no realmente que necesitan. Impulsos que no controlamos…

Cuando alguien nos dice algo y respondemos si pensar, solo con las emociones o con pasión y entonces decimos o hacemos cosas que hacen daño a los demás… esos demonios interiores que no logramos controlar y que nos dañan y en el camino afectan a los que están a nuestro alrededor.

Luchar no es sinónimo de vencer… es sinónimo de continuar en la batalla y nunca darnos por vencido… Hoy repito estas palabras con la esperanza de infundir en mi interior ese sentimiento, en estos días en que mi animo anda un poco decaído.

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comentarios
  1. Eduardo dice:

    Hola Carolina:

    Leí tu articulo “La vida es una lucha”, pero luchar no significa necesariamente vencer. Respetuosamente te digo que no comparto tu pensamiento. Para mí la vida no es una Lucha, eso de plantear todo en términos de batallas y de vencedores y vencidos, creo que te hace muy mal. Quiero tomarme el atrevimiento sin conocerte de compartir con vos un pensamiento más constructivo de Sergio Sinay, que esta acorde con lo que yo pienso y siento, creo que te va a hacer bien, en esos momentos que describís, “cuando los deseos por continuar en la batalla andan un poco en baja.”
    Por supuesto que existen otras opiniones, muy distintas a esta, que yo no comparto pero las respeto, ya que mi verdad no es la verdad absoluta y para mucha gente que la pasa mal, sin lugar a dudas la vida es una lucha.-
    Sdos. Eduardo

    ¿La vida es una lucha?
    Por Sergio Sinay,
    Cada día, los diarios, los noticieros, los distintos medios de comunicación nos recuerdan, para el caso de que lo olvidemos, que estamos en guerra; que, como los entrañables personajes de Tolkien en El Señor de los Anillos, atravesamos una edad oscura. No es necesario nombrar Irak, Palestina o Afganistán para evocar la guerra. Todos, acaso sin conciencia de ello, somos soldados de innumerables batallas cotidianas. Algunas son personales, otras colectivas. Lo denotan nuestros diálogos, nuestras actitudes, las conversaciones que nos rodean.
    Luchamos contra el cigarrillo, contra la obesidad, contra la pereza, contra la pobreza, contra la violencia, contra los impulsos, contra el cáncer, contra la celulitis, contra ciertos deseos y compulsiones, contra el adversario deportivo (…). Decimos: “Lucho contra mi miedo”, “Voy a pelear hasta lograrlo”. Y hasta despedimos a alguna persona querida con la frase: “Fue un luchador” (…). Si la vida es, en efecto, una lucha, todo lo que la constituye estará atravesado por el espíritu de pelea, de confrontación, de disputa. También nuestros vínculos. Así, luchamos por un amor, peleamos para lograr que nuestros hijos crezcan en un camino recto, combatimos por enderezar una amistad, batallamos para defender a nuestra familia (aunque no siempre tengamos en claro de qué).

    Quién es el enemigo

    Lucha, dice el diccionario, es “la pelea entre dos, en la que, abrazándose uno al otro, procura cada cual dar con su contrario en tierra”. Se trata, entonces, de una práctica que sólo termina cuando uno se impone sobre otro. Convertida en un modo de encarar la vida, nos predispone a una suerte de enfrentamiento perpetuo. ¿Contra quién? Contra las circunstancias, contra el destino, contra emociones, contra ideas, contra obstáculos y, básicamente, contra otros.

    El enemigo pasa a ser cualquiera que encarne, en esencia, lo diferente. Lo que no se pliega, en imagen y semejanza, a mi deseo. Una actitud, una opinión, un sentimiento, una elección, bastan para establecer diferencias y para manifestarlas. ¿Qué hacer con ellas? Nuestra vida es una vasta, rica y compleja trama de vínculos. Existimos vinculados; ésa es una condición esencial del ser. Y, en tanto así ocurre, habitamos un inmenso mar de diferencias. No hay dos personas iguales, aunque compartan la misma sangre.

    Ante esta evidencia podemos descalificar lo diferente; podemos combatirlo, empeñarnos en cambiarlo para que sea semejante a nosotros. O podemos aprender de la diversidad, integrarnos con lo distinto, reconocernos como expresiones disímiles de una misma materia prima, ya sea lo familiar, lo comunitario, lo social, lo humano, lo universal o lo eterno. En nuestras declaraciones solemos presentarnos, en general, como tolerantes y aceptadores. (…) Pero en la práctica, en la vivencia real de nuestros vínculos, con frecuencia elegimos la opción “lucha”. Luchar contra, luchar para, luchar por.

    Con o contra

    Estoy convencido de que en la base de los sufrimientos, las insatisfacciones, los sinsabores, las desilusiones, las frustraciones (…) está la precaria concepción de la vida como lucha. Es una concepción dualista, que no consigue la integración ni la armonización de lo diverso (…). Desalienta e impide toda posibilidad de comprender lo diferente como parte distinta y necesaria de una totalidad más vasta y trascendente. Esta concepción nos mantiene en un estado precario de evolución de la conciencia (…).
    Vivimos en una cultura que dirime sus diferencias en dirección de uno u otro término (hombre versus mujer, Oriente versus Occidente, pobres versus ricos, hijos versus padres). Una cultura de competencia, de lucha, de exclusión, descalificadora de lo distinto. Para vivir en la lucha, es preciso crear, todo el tiempo y en todas partes, campos de batalla. Es necesario vivir como guerreros, matar para que no nos maten, excluir para que no nos excluyan, someter para que no nos sometan. Y, aun así, no alcanzamos la felicidad, vivimos infelices, sin encontrar un sentido esencial al hecho de existir. Esto es lo que vemos en el mundo que propone la lucha y niega las diferencias: familias en conflicto, parejas en crisis, deportistas ventajeros, ejércitos aniquiladores, negocios en los que la especulación desplaza a la misión social, políticos que anteponen la voracidad personal al bien común.
    Otra opción
    Algo gravísimo de una existencia planteada como una campaña bélica es que, entre tantas cosas, aniquila la conciencia de responsabilidad. Una vez elegido el enemigo, se traza la línea que nos separa (…). En lo que va del siglo XXI, un país (Estados Unidos) y un nombre (George W. Bush) sintetizan con claridad pasmosa esta anomalía de la razón, este apagón de la conciencia, este colapso de la evolución humana. Cuando se vive en guerra todo está justificado, no hay responsabilidades, sólo queda la culpa. La culpa es del enemigo (…).
    Pero no es el único mundo posible. Se puede vivir de otra manera; podemos construir vínculos de cooperación, de integración. Podemos hacer de nuestras diferencias elementos de aprendizaje y de suma. Vivir con otros, entre otros, es el arte de armonizar las diferencias. Es el ejercicio cotidiano, constante y consciente de la responsabilidad. Ya no se trata de una simple declaración de principios. Hoy esto es una condición de supervivencia, de superación, de trascendencia. Hoy somos deudores de una materia fundacional: se llama integración de las diferencias. No hay amor posible si no se fundamenta en esto. Empezar a trabajar en ello, aprenderlo a través de experiencias y de vivencias, aplicarlo a la vida de cada día, al encuentro de cada instante con el amado, con la amada, con el hijo y la hija, con el amigo, con el adversario, con el proveedor, con el cliente, con el vecino, con el copropietario, con el conciudadano, con el congénere, es una prioridad.
    Es necesario crear espacios de aprendizaje y habitarlos. Hay formas de aprender y aplicar esto. Urge que nos dediquemos a aprender esas formas (…). Edward Said, un lúcido intelectual palestino, decía: “Debemos dedicarnos, sobre todo, a crear campos de comprensión en lugar de campos de batalla”. Los campos de comprensión son aquellos en donde la responsabilidad, asumida, honrada y celebrada, se plasma como materia prima de la vida (…). Al tejer un vínculo responsable con el prójimo (iniciándolo con el más próximo) nos constituimos en genitores de una ética de la coexistencia.

    Sergio Sinay es especialista en vínculos humanos. Su libro Elogio de la responsabilidad. Un valor que transforma nuestros vínculos y da sentido a nuestras vidas (Del Nuevo Extremo) llegará en septiembre a las librerías

    • Carolina dice:

      Estimado Eduardo:

      Muchas gracias por tu correo, lei rapido lo que me enviaste, pero quiero leerlo con calma esta noche y entonces te contestare mas despacio.

      Mucha gente entra a mi blog y me dice que le gusta lo que escribo, me alegra cuando tambien me encuentro con gente como tu que no esta de acuerdo con la forma en la que planteo o lo que pienso, se que no tengo la verdad absoluta a escuchar y aprender porque con cada escucha aprendo mucho… de inicio me gusta lo que has dicho y lo que he leido, te prometo leerlo con calma, y si como dices me va ayudar en la forma de enfocar mi vida, replanteo mi posicion.

  2. cris dice:

    no me puedo creer que preciosidad has escrito.
    estoy completamente de acuerdo con ello , es mas son caosas que he vivido en mi vida he incluso han sido dificiles y todas ellas causadas por los sentimientos.
    tu articulo me ha tocado de verdad. antes solia pensar que esto solo me ocurria a mi pero ya veo que no .
    por eso te quiero dar las gracias porque he descubierto que hay personas como yo .

    la vida es una continuo acabas una batalla y enseguida empieza otra , pero con cada una de ellas vas aprendiendo situaciones y experiencias nuevas que van a cambiar tu vida gracias.+
    cristina

  3. gissela leticia corrales perdomo dice:

    yo e luxha en ezta vida y muxhoo kiero ke me ayuden ke me den algunos consejos

  4. Núria dice:

    gracias Eduardo, me has ayudado mucho, soy madre soltera y me asusta pensar que mi hijo no pueda enfocar su vida de otro modo que luchando, perdiendo tiempo y energía en batallas inútiles, prefiero enseñarle desde muy pequeño que la vida no es luchar perder rendirse, resignarse, combatir, odiar, vengarse, o huir, sino más bien abrirse, descubrir, aceptar, soñar, esperar, curar,ayudar, dar, recibir, aprender, enseñar, jugar, y disfrutar, gracias.

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