El domingo mi mamá cumplió 74 años, Papa cumplirá 75 en septiembre.

Estoy preocupada por la salud de ambos y porque cuando les ocurre algo no sé a que medico ir, porque en este país cuando vamos a la emergencia de cualquier clínica u hospital, lo que nos encontramos es con matasanos sin experiencias que comienzan a teorizar sin atinar a dar un diagnostico certero. Con eso en mi cabeza se me ocurrió la grandiosa idea de sugerir a mis padres y a mi hermano consultar a un geriatra, pensaba que si tenía un medico especializado al cual consultar el casos de emergencia, me sentiría mas tranquila acerca de que hacer cuando se presentara un problema.

La verdad es que al sugerir esto nunca pensé que tendría una reacción tan negativa por parte de mi papa. Se negó y me dijo “no quiero hablar mas de eso para no deprimirme mas de lo que estoy”.

Al llegar a casa mi esposo me dijo que había sido cruel de mi parte hacer esa sugerencia… con lo que termine de sentirme horrible y desde entonces he estado pensando mucho en la vejez.

Hace unos años murió mi tía Josefita, era una hermana de mi abuela, a la que adoraba y me gustaba visitar. Mi esposo le preguntó un día cual era la clave para que ella siempre se viera tan bien, a lo que ella respondió: “es que yo no me junto con viejos, (en esa época tenía 85 años), porque los viejos lo único que hacen es hablar de achaques y de enfermedades”, siempre que la recuerdo me viene con alegría ese comentario. Otro día unos años después cuando ya estaba mas deteriorada (murió de 97 años) me dijo: “los viejos como nosotros lo único que necesitamos es que nos visiten y nos digan que todavía nos quieren”.

Mi mama tiene una tía con 100 y tantos años, murió su esposo, su única hija, su única nieta, y la única persona que tiene es a mi mama que cada sábado la visita en el asilo que se encuentra y se encarga de comprarle las recetas de los medicamentos. Creo que ni sabe que su nieta murió. Hace unas días mi padre bromeaba con mami y le decía “¿Que será lo que irá a hacer doña Brao cuando tu y yo nos muramos?”… con los años que tiene arriba y allí está dando aún la batalla.

Mi suegra vive en Miami, quisiera regresar a su tierra, pero su mama con casi 100 años tiene Alzheimer y ella no quiere dejarla allá sola, quiere acompañarla hasta que llegue el fin de sus días.

La ciencia ha aumentado los años de vida de las personas, pero no la calidad de vida y por mas que tratemos de llevar una vida sana finalmente terminaremos como mi tía Josefita, la tía Brao, o la abuela Ñaña, esperando el día que el Señor nos quiera llevar con él, y los que estamos jóvenes o no tanto, como mi mama, tendremos que seguir cuidando de ellos.

Todos mas tarde o temprano llegaremos a este momento en nuestras vidas, pero con nuestra juventud y fortaleza a veces no somos capaces de valorar a nuestros viejos, darles cariño y cuidarlos, que a fin de cuentas es lo único que ahora necesitan.

Me siento triste y culpable por la sugerencia que hice a mi papá, porque ahora caigo en la cuenta de que tal vez para él, pensar que esta viejo lo hace sentir que comenzará a ser una carga para los demás y creo que después de que uno ha sido autosuficiente, debe ser duro sentir que depende de otros.

Escribo esto y le mandare el escrito a mi papa, porque quiero pedirle perdón, por ser cruel, y quiero que él sepa que no volveré a mencionar la vejez, que como decía Tía Josefita, esta en nuestras mentes; y que solo, cuando él sienta que ha llegado ese momento, entonces llegará. Pero quiero también que él sepa y tenga la certeza, de que yo seguiré estando al lado de ambos, acompañándolos y ayudándolos como lo he hecho hasta ahora, que nunca serán una carga, y que en nombre de mi vejez, que algún día llegará, me comprometo a acompañarlos, cuidarlos, y decirles que los quiero, hasta el último día de sus vidas.